lunes, 22 de diciembre de 2008

El FMI pide más gasto y menos impuestos

LONDRES.- En un nuevo llamado que busca mitigar los devastadores efectos que podría tener la crisis financiera en 2009, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, instó ayer a los países más industrializados a implementar planes de estímulo económico más ambiciosos y bajar los impuestos, porque, de lo contrario, el año próximo será aún peor de lo previsto.
"Anticipamos un muy mal 2009, con una recesión en la mayoría de las economías desarrolladas, y un menor crecimiento en las economías emergentes", declaró Strauss-Kahn, en una entrevista con la BBC.
"Estoy especialmente preocupado por el hecho de que nuestros pronósticos, ya muy oscuros, sean aún más si no se implementa un estímulo fiscal suficiente", añadió el funcionario francés.
El FMI recomienda políticas de estímulo -aumento del gasto público y recortes impositivos temporarios- por un valor de 120 billones de dólares, el 2% del producto bruto interno (PBI) mundial, para reducir el riesgo de una recesión global.
Reunidos en una cumbre el 15 de noviembre en Washington, los dirigentes del G-20, el grupo de los principales países industrializados y emergentes, se comprometieron a adoptar planes para estimular la economía mundial.
"Veo que se han anunciado medidas, pero temo que sean insuficientes", advirtió Strauss-Kahn. "La amenaza es tal que hoy sólo pienso en dos problemas: el aumento del déficit, que nunca es bueno, y la lucha contra la recesión, que es peor. Debemos elegir la menos mala de las soluciones", dijo.
Gran Bretaña ya anunció estímulos fiscales por alrededor de un 1 por ciento del PBI, y, pese a los niveles "inquietantes" de deuda pública, Strauss-Kahn dijo que endeudarse más es, hoy en día, el mal menor.
"La cuestión de tener descontento social ha sido enfatizada por los periodistas, y entiendo eso, pero es sólo una parte del problema", dijo el funcionario. "El problema es que la sociedad entera va a sufrir", agregó.
El director del Fondo también dijo entender las reticencias de algunos países, como Alemania, a la hora de dar rienda suelta al gasto público.
"Respeto el punto de vista tradicional de los alemanes, pero pienso que estamos en un momento en que deberíamos ser más imaginativos que lo que fuimos en el pasado", declaró Strauss-Kahn.
En ese sentido, el equipo del presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, ratificó ayer que el sucesor de George W. Bush tiene previsto implementar a partir del 20 de enero próximo un plan de reactivación de 850.000 millones de dólares (ver aparte).
Por otro lado, fuentes oficiales informaron ayer que el gobierno de Japón está preparando un presupuesto de más de un billón de dólares para 2009, con el fin de reactivar la segunda economía del planeta, afectada por recesión. La propuesta del Ministerio de Finanzas japonés de presupuesto para el año fiscal de 2009 supone un aumento del 6,6% con respecto al de 2008 y es el mayor en toda la historia del país.
La semana pasada, el FMI ya había alertado que su pronóstico sobre la economía para 2009 será peor de lo previsto en sus últimos informes.
El propio Strauss-Kahn dijo el lunes pasado en Madrid que el próximo informe del FMI podría pronosticar un crecimiento económico de cerca del 5% para China en 2009, un descenso notable desde el informe de noviembre, cuando se estimó un crecimiento del 8,5%. Más agresivamente
Las advertencias de Strauss-Kahn siguieron la línea de las formuladas el miércoles pasado por el primer subdirector del FMI, John Lipsky, que instó a las principales economías a actuar más agresivamente para alentar a los bancos a volver a prestar dinero. En ese contexto, dijo que el recorte de tasas de la Reserva Federal estadounidense a cerca de cero fue útil, pero instó a una acción más amplia y completa, incluido un estímulo fiscal que dure más de uno o dos trimestres.
En tanto, en otra advertencia sobre los efectos de la crisis, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, alertó ayer que se podrían endurecer las medidas proteccionistas y los países podrían cerrarse a la inmigración.
"Obviamente que, en situaciones de crisis, los riesgos de medidas proteccionistas y de cierre son siempre mayores. Y nosotros tenemos que hacer todo lo posible para evitar que eso suceda, ya sea en Europa o en el resto del mundo", advirtió.
"Es una tentación que debe ser evitada", añadió el representante europeo, que se encuentra en Río de Janeiro para participar hoy de la II Cumbre Brasil-UE.
En su opinión, nuevas restricciones a la migración, así como una nueva ola proteccionista, serían algo "negativo, dramático incluso para el mundo". Recordó que, durante la crisis económica de 1929, las medidas proteccionistas que se adoptaron empujaron la recesión hacia una Gran Depresión.
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domingo, 21 de diciembre de 2008

La insensible guerra europea. Por Paul Krugman



(Publicado en El País (Madrid) - 21-12-2008)

Esta es la situación: la economía se enfrenta a la peor depresión que ha sufrido en décadas. La respuesta habitual a una crisis económica, recortar los tipos de interés, no está funcionando. Las ayudas gubernamentales a gran escala parecen la única forma de parar la caída en picado de la economía. Pero hay un problema: los políticos conservadores, aferrándose a una ideología pasada de moda, y puede que apostando [equivocadamente] por que sus electores están relativamente mejor situados para capear el temporal, están impidiendo que se tomen medidas.

No, no estoy hablando de Bob Corker, el senador de Nissan (perdón, de Tennessee) y sus amigos republicanos, que torpedearon el intento de la semana pasada de ganar tiempo para el sector del automóvil estadounidense. [¿Por qué se ha bloqueado el plan? Un mensaje de correo electrónico a entre los republicanos del Senado afirmaba que negar al sector automovilístico un préstamo era una oportunidad para que los republicanos "lanzasen un primer ataque contra el sindicalismo organizado"]. A quien me estoy refiriendo es a Angela Merkel, la canciller alemana, y a su equipo económico, que se han convertido en el principal obstáculo para un muy necesario plan europeo de rescate económico.
En Estados Unidos no se le está prestando mucha atención al caos económico europeo porque, comprensiblemente, estamos centrados en nuestros propios problemas. Pero se puede decir que la otra superpotencia económica mundial (Estados Unidos y la Unión Europea tienen aproximadamente el mismo PIB) está en los mismos apuros que nosotros.
Los problemas más graves se dan en la periferia europea, donde numerosas economías más pequeñas están experimentando crisis que recuerdan mucho a las pasadas crisis de Latinoamérica y Asia: Letonia es la nueva Argentina; Ucrania es la nueva Indonesia. Pero el dolor ha llegado a las grandes economías de Europa occidental: Reino Unido, Francia, Italia y la mayor de todas, Alemania.
Como en EE UU, la política monetaria de rebajas de los tipos de interés en un intento de reanimar la economía está llegando rápidamente a su límite. Esto deja una única vía para prevenir el peor desplome desde la Gran Depresión: un uso agresivo de la política fiscal consistente en aumentar el gasto o recortar los impuestos para impulsar la demanda. Ahora mismo todo el mundo ve la necesidad de un gran estímulo fiscal paneuropeo.
Mejor dicho, todo el mundo excepto los alemanes. Merkel se ha convertido en Frau Nein: si tiene que haber un rescate de la economía europea, no quiere tomar parte en él y ha dicho en una reunión de su partido que "no vamos a participar en esta carrera sin sentido por los billones".
La semana pasada, Peer Steinbrueck, el ministro de Economía de Merkel, fue todavía más lejos. No contento con negarse a desarrollar un plan serio de estímulo económico para su propio país denunció los planes de otros países europeos. Concretamente, el ministro acusó al Reino Unido de embarcarse en un "keynesianismo craso".
Los dirigentes alemanes parecen creer que su propia economía está en buena forma y no necesita grandes ayudas. Están, casi con toda seguridad, equivocados respecto a eso. Sin embargo, lo verdaderamente malo no es la valoración errónea de su propia situación, sino la forma en que la oposición de Alemania está impidiendo una acción común europea ante la crisis económica.
Para entender mejor el problema, piensen en lo que pasaría si, por ejemplo, Nueva Jersey intentase impulsar su economía mediante rebajas de impuestos u obras públicas sin que este esfuerzo estatal formase parte de un programa nacional. Evidentemente, gran parte del estímulo se "fugaría" hacia los Estados vecinos, de forma que Nueva Jersey terminaría cargando con toda la deuda, mientras que otros Estados se quedarían con muchos de los puestos de trabajo, si no con todos.
Los países europeos están en una situación muy parecida. Cualquier gobierno que actúe de forma unilateral se enfrenta a una posibilidad considerable de contraer una enorme deuda sin crear demasiados puestos de trabajos en el país en cuestión.
Sin embargo, para la economía europea en su conjunto esa clase de fuga supone un problema mucho menor: dos terceras partes de las importaciones de un miembro medio de la Unión Europea proceden de otros países europeos, por lo que el continente en su conjunto no es más dependiente de la importación que Estados Unidos. Esto significa que una iniciativa coordinada para estimular la economía, en la que cada país cuente con que sus vecinos harán un esfuerzo similar al suyo, le proporcionaría al euro un impulso mucho mayor que unos esfuerzos individuales y descoordinados.
Pero no es posible tener un esfuerzo europeo coordinado si la economía más grande de Europa no sólo se niega a participar, sino que además menosprecia los intentos de sus vecinos por frenar la crisis.
El gran nein de Alemania no durará eternamente. La semana pasada, el Ifo, un instituto de investigación muy respetado, advertía de que Alemania se enfrentará pronto a su peor crisis económica desde los años cuarenta. En el caso de que esto suceda, seguramente Merkel y sus ministros reconsiderarán su postura.
Pero en Europa, como en Estados Unidos, el problema es el tiempo. En todo el mundo las economías se hunden con rapidez mientras esperamos que alguien, cualquiera, proponga una respuesta política eficaz. ¿Cuántos destrozos más habrá antes de que esa respuesta llegue al fin? -
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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Paul Krugman: "El Gobierno argentino está haciendo un poco mejor las cosas"

El Nobel de Economía dice que el país va a sufrir por la caída del comercio internacional. Piensa en un escenario global de deflación de precios y estancamiento. Por: Damián Migueles

"Hay un componente argentino en la crisis global: algunos países sufren igual que el nuestro en 2001", dijo Damián Migueles, economista.

Después de recibir la semana pasada el Premio Nobel de manos del rey de Suecia Karl Gustav. Paul Krugman discutió con alumnos y profesores de la Stockholm School of Economics. La actual crisis económica fue el tema dominante y durante un típico smörgåsbord (buffet) sueco, se explayó sobre la crisis mundial y su impacto sobre la Argentina. Pese a la alegría de haber ganado 10 millones de coronas (1,25 millones de dólares) por el premio, la sensación que dejó fue de un marcado pesimismo frente al futuro.

Para Krugman, la crisis actual tiene mucho de las crisis anteriores. En particular dice que Argentina dejó enseñanzas. "Letonia es La Nueva Argentina, con convertibilidad, posterior corrida bancaria y fuga de capitales. Luego cuando se devalúa la moneda la deuda denominada en moneda extranjera se hace impagable".


-En La Argentina como en otros países emergentes, la crisis ha tenido menor impacto que en muchos países desarrollados, ¿va a seguir así?
-Bueno, Argentina tiene una alta exposición al comercio internacional. Una caída fuerte del comercio va a afectar mucho a la región. Y el comercio va a caer porque cae la actividad económica.

-¿Cree que se avecina una crisis como la del 2001 en La Argentina?
En verdad no lo sé. Pero me da la impresión que el gobierno está manejando un poco mejor las cosas.

Cuando se le piden consejos concretos, Krugman bromea: "mejor me ahorro problemas y me amparo en que mi acuerdo con el New York Times me prohíbe asesorar" . Y si se le pregunta si hubiese aceptado un ofrecimiento de Obama, dice: "No, por el bien de mi país. Soy un mal administrador, un mal burócrata".

El Premio Nobel coincide con las políticas de salvataje del sistema financiero del actual gobierno estadounidense y piensa que haber dejado caer a Lehman Brothers, "fue un error". Krugman tampoco cree que sus modelos sirvan para entender todo lo que pasa ahora. "La economía como ciencia no necesariamente crea cimientos permanentes de conocimiento y predicción".

-¿Qué tan grande es esta crisis con respecto a otras?
-Es enorme! Y estoy preocupado. Los economistas que piensan que es un fenómeno interesante, son como un médico que dice "qué hermoso tumor". Sin una adecuada política económica puede ser peor a la del 30.



-¿En qué se diferencia esta crisis de la del 30?
-Tenemos más conocimiento sobre la economía, pero principalmente estamos políticamente mejor preparados. No hay dictaduras nacionalistas o fascistas y la coordinación y el entendimiento democrático están consolidados.

-¿Cuál es el origen de esta crisis?
-Un sistema financiero paralelo, que hace los negocios del banco, pero sin las regulaciones del tradicional "banco de mármol". Me culpo por no haberlo detectado a tiempo y hoy vemos una corrida bancaria, pero en vez de tener gente haciendo cola en las calles, están haciendo click con el mouse.

Paul Krugman entretiene, es articulado, hace chistes y mira a los ojos del público. Contrasta con la imagen privada de hombre tímido, según quienes lo conocen. Un compañero de estudios, lo describió como "un conjunto de un sólo elemento". Y su mundo privado parece ser acotado: no tiene hijos y fue a recibir el Premio con muy pocos allegados, además de su esposa. Todos saben que es adicto al trabajo, a tal punto que dice que ahora tiene que recuperar la semana "perdida" por el Nobel.

-¿Cuál es hoy el peor escenario para los países desarrollados?
-En el corto plazo podríamos ver que se repita el escenario japonés de los 90: bajas tasas de interés, inversión nula, deflación y estancamiento. Ya vimos que en esos casos bajar la tasa de interés no alcanza, la política monetaria no tiene efecto.

-¿Qué medidas de política son las adecuadas?
-Muchos países actúan adecuadamente con programas fiscales expansivos. Pero no está claro como invertir de la manera más eficiente el dinero de los contribuyentes. Lo que si es importante, dado el nivel de comercio, es que las medidas sean coordinadas, si no se corre el riesgo de que nadie lo quiera hacer: Si sube el gasto en Francia, una gran parte de ese gasto se destina en productos alemanes. Los franceses van a dudar en hacerlo a menos que los alemanes hagan lo mismo. Y los alemanes no están cooperando.

-¿Espera ver mucha intervención estatal?
-Si, veremos nacionalizaciones.

-¿Revive el Keynesianismo?
-Las ideas monetaristas pierden terreno frente al keynesianismo. Parte del problema es que la economía monetaria perdió anclaje con la economía real. Milton Friedman, por ejemplo, estaba en contra de la intervención del estado; yo no, porque lo asocio el estado de bienestar y al sistema de salud.

-Pero con los altos déficits que ya tienen los EEUU, ¿no le preocupan los déficits que estos programas acarrean? ¿Y por cuánto tiempo hay que llevarlos adelante?
-En EE.UU. se habla de destinar un 4% del PBI este año y de 7-8% el próximo. Goldman Sachs pronostica que el PBI podría caer un 9%. El 4% es entonces un precio barato. Si el desempleo llega a dos dígitos, 12 millones de norteamericanos estarán por debajo de la línea de pobreza y 10 millones sin cobertura médica.

(Publicado en Clarín. Martes 16-12-2008)
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domingo, 14 de diciembre de 2008

¿Dañará el gasto de hoy a la economía de mañana? Por Paul Krugman

Hay ahora mismo un intenso debate sobre lo dinámicos que deberían ser los intentos del Gobierno de EE UU por invertir la marcha de la economía. Muchos economistas, entre los que me incluyo, están pidiendo una gran expansión fiscal que impida que la economía entre en caída libre. A otros, sin embargo, les preocupa el lastre que unos grandes déficit presupuestarios puedan suponer para las generaciones futuras.
Pero quienes se preocupan por el déficit están completamente equivocados. En las condiciones actuales, no hay que sacrificar lo que es bueno a largo plazo por lo que lo es a corto plazo; una expansión fiscal fuerte mejoraría realmente las perspectivas económicas a largo plazo.
La afirmación de que los déficit presupuestarios empobrecen a la larga la economía se basa en la creencia de que los préstamos adquiridos por el Gobierno excluyen a la fuerza la inversión privada: que el Gobierno, al emitir grandes cantidades de deuda, impulsa al alza los tipos de interés, lo que hace que las empresas sean reacias a invertir en nuevas plantas y equipos, lo cual, a su vez, reduce la tasa de crecimiento económico a largo plazo. En circunstancias normales, este argumento tendría mucho a su favor.
Pero ahora mismo las circunstancias son de todo menos normales. Plantéense lo que sucedería el año que viene si la Administración de Obama cediese ante los halcones del déficit y redujese la escala de sus planes fiscales. ¿Haría esto que bajasen los tipos? Está claro que no conduciría a una disminución a corto plazo de los tipos de interés, que están más o menos controlados por la Reserva Federal. La Reserva ya está manteniendo esos tipos tan bajos como le es posible -prácticamente a cero- y no variará su política a menos que vea alguna señal de que la economía amenaza con recalentarse. Y esa perspectiva no parece realista por el momento.
¿Y qué hay de los tipos a más largo plazo? Estos tipos, que ya están en su nivel mínimo desde hace medio siglo, son principalmente el reflejo de los tipos a corto plazo que se esperan para el futuro. La austeridad fiscal podría hacerlos bajar aún más, pero a costa de generar expectativas de que la economía siga profundamente deprimida durante mucho tiempo, lo cual reduciría la inversión privada en lugar de incrementarla.
La idea de que, cuando la economía está deprimida, una política fiscal rígida reduce de hecho la inversión privada no es simplemente un razonamiento hipotético: es exactamente lo que sucedió en dos episodios históricos importantes.
El primero tuvo lugar en 1937, cuando Franklin Roosevelt cometió el error de seguir los consejos de quienes se preocupaban por el déficit en aquella época. Redujo radicalmente el gasto del Gobierno recortando a la mitad la inversión en la Administración para la Mejora del Trabajo y subiendo los impuestos, entre otras cosas. El resultado fue una grave recesión y una caída pronunciada de la inversión privada.
El segundo episodio tuvo lugar en Japón 60 años después. En 1996 y 1997, el Gobierno japonés intentó equilibrar su presupuesto recortando el gasto y subiendo los impuestos. Y, de nuevo, la recesión que provocó indujo una caída pronunciada de la inversión privada.
Para que quede claro, no estoy argumentando que tratar de reducir el déficit presupuestario sea siempre negativo para la inversión privada. Se puede afirmar razonablemente que la moderación fiscal de Bill Clinton en los años noventa contribuyó a alimentar la gran explosión de la inversión que se produjo en EE UU durante esa década, la cual, a su vez, llevó a una recuperación en el crecimiento de la productividad.
Lo que hizo que la austeridad fiscal fuese tan mala idea tanto en los EE UU de Roosevelt como en el Japón de los años noventa fue el hecho de que se daban unas circunstancias especiales: en ambos casos, el Gobierno dio marcha atrás frente a una trampa de la liquidez, una situación en la que, a pesar de que la autoridad monetaria había recortado los tipos de interés todo lo posible, la economía seguía funcionando muy por debajo de su capacidad.
Y ahora nos encontramos ante la misma clase de trampa, y por eso quienes se preocupan por el déficit están fuera de contexto.
Una cosa más: la expansión fiscal será todavía mejor para el futuro de EE UU si una gran parte de ella se lleva a cabo en forma de inversión pública: construcción de carreteras, reparación de puentes y desarrollo de nuevas tecnologías, todo lo cual hará más rico al país a largo plazo.
¿Debería el Gobierno mantener indefinidamente una política de grandes déficit presupuestarios? Desde luego que no. Aunque la deuda pública no es tan mala como mucha gente cree -básicamente, es dinero que nos debemos a nosotros mismos-, a la larga, el Gobierno, al igual que los particulares, tiene que compensar sus gastos con sus ingresos.
Pero ahora mismo tenemos un déficit básico en el gasto privado: los consumidores están redescubriendo las ventajas del ahorro en el mismo momento en que las empresas, quemadas por los excesos del pasado e incapacitadas por las dificultades del sistema financiero, están recortando sus inversiones. Ese desfase terminará por corregirse, pero, hasta que lo haga, el gasto del Gobierno debe cargar con el muerto. De otro modo, la inversión privada, y la economía en su conjunto, se hundirán aún más.
Resumiendo: la gente que piensa que una expansión fiscal hoy será mala para las generaciones futuras se equivoca radicalmente. La mejor línea de actuación, tanto para los trabajadores de hoy como para sus hijos, es hacer todo lo que haga falta para poner esta economía en el camino hacia su recuperación. -
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lunes, 8 de diciembre de 2008

Soluciones erradas para un problema de dólares. Por Enrique Szewach

Interesante reflexión de la presidenta Kirchner. Interesante, porque explicita el diagnóstico que hoy tiene el Gobierno sobre lo que nos pasa. Interesante, porque cuando la soja estaba a US$ 500 la tonelada, Brasil nos compraba autos y el dólar se devaluaba frente a las monedas regionales, no la escuché decir, ni a ella ni a su marido, “el mundo nos salvó”. Pero bueno, más allá de estas curiosidades de la vida conyugal de los K, las efectividades conducentes señalan que, efectivamente, los precios internacionales de nuestros productos de exportación han caído, que Brasil, la gran oportunidad perdida de la Argentina de los últimos años, se ha transformado casi en una amenaza y que el dólar es hoy una moneda fuerte.

Frente a ese escenario externo tan adverso, la respuesta de política económica local ha sido, por lo menos, equivocada. Los shocks externos negativos, que eso es lo que hemos sufrido en estos meses, implican que la Argentina, macroeconómicamente hablando, es más pobre en dólares de lo que era antes. A la inversa de los sucedido en los últimos años. Y resulta que necesitamos dólares para pagar importaciones imprescindibles y para hacer frente a compromisos de deuda en moneda extranjera –pública y privada–. Esos dólares antes los proveían los compradores de soja y otros productos pagando más caras nuestras exportaciones. Ese aumento de los precios nos financiaba mayor gasto privado, por la parte que los productores transformaban en pesos y gastaban internamente, y nos financiaba mayor gasto público, a través de los impuestos a la exportación. Aunque una parte de ese gasto –importaciones– es en dólares. Dicho de otra manera, la extraordinaria recuperación argentina de estos años –les guste o no a los K– fue producto de un fenomenal cambio de precios relativos a favor de nuestros exportables principales, que alentó un gran aumento de la producción agraria, vía incorporación masiva de tecnología. Esos mayores ingresos del campo y del resto de los exportadores se transformaron en más gasto, al convertir dólares del resto del mundo en pesos en la Argentina. Esos pesos los gastó el sector privado y también los gastó el sector público, que recaudó más impuestos, por los impuestos a la exportación y por la mayor actividad económica interna que produjo el aumento de gasto privado. Pero el origen de toda la recuperación fue la mayor cantidad de dólares que producía esta economía con el mismo esfuerzo, dada la suba de los precios. Cambio de planes. Ahora los precios han bajado. De manera que los dólares ya no los “producen” los precios. Y si queremos mantener el mismo nivel de actividad o parecido, los dólares, ahora, los tienen que producir las “cantidades”. Es decir, tenemos que exportar más cantidad de productos y servicios e importar menos cantidad de productos y servicios.Porque, insisto, necesitamos esos dólares para financiar la actividad económica interna y pagar deuda externa. Por lo tanto, nuestro problema no es un problema de “pesos”, es un problema de “dólares”. Pero las medidas anunciadas la semana pasada por la Presidenta, porque el mundo nos vino a complicar, son medidas para un problema de pesos, no de dólares. Al final de la historia, macroeconómicamente hablando, el aumento de crédito disponible equivale a reducir los requisitos de liquidez en pesos de los bancos a los que hoy les sobra plata, no les falta. En todo caso, es un subsidio a la tasa de interés y a los plazos, para los consumidores de electrodomésticos y automóviles. Pero esta medida, eventualmente, puede servir, si está orientada a sustituir importaciones, es decir a demandar bienes nacionales y que no necesitan “dólares” para su producción. Es decir si el crédito subsidiado –suponiendo que la gente quiera tomarlo– reduce la demanda de dólares para producir bienes. Pero, obviamente, esta medida es muy “chiquita” para pedirle mucho más que eso. Entonces, las últimas líneas para el resto. Si lo que hay que aumentar son las cantidades exportables y reducir las cantidades importables, hace falta alinear todas las variables de la economía en esa dirección. Y cuando digo todas las variables, me refiero a que el gasto público y el gasto privado tiene que caer en dólares, para liberar recursos para exportar y reducir la demanda de importables. Pero el gasto cae en dólares, si crece menos que el tipo de cambio. De manera que alentar un aumento del gasto por encima de la variación del tipo de cambio es agravar el problema, no solucionarlo. El Presupuesto de 2009 y todos los anuncios de aumento de gasto que se están haciendo van en la dirección equivocada, porque al aumentar el gasto en pesos hace falta devaluar más para bajarlo en dólares. Van en la dirección equivocada porque tenemos un problema muy distinto al del mundo desarrollado. El mundo desarrollado está en recesión por retracción del gasto privado. Por lo tanto, el gasto público intenta, ineficientemente, reemplazarlo, y tiene con qué porque los inversores se refugian en la deuda pública para ahorrar y no gastar. La Argentina, en cambio, ha entrado en recesión porque la política K de confrontación permanente y destrucción de mercados generó fuga de capitales –achicó el tamaño de la economía local– y porque se cayeron los precios de nuestras exportaciones. Es un problema muy distinto que requiere una solución distinta. Porque, además, la gente que huye, al contrario que en el mundo desarrollado, no se refugia en el Estado K de la confiscación: de ese Estado trata de escaparse. Mientras sigamos con la inconsistencia de decir que “el mundo nos complicó” pero que vamos a solucionar el problema con “pesos”, seguiremos sin solucionar el problema y eso es lo que, verdaderamente, nos complica.


Publicado en Perfil. Domingo 7 de diciembre de 2008.

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Cómo Cristina puede parecerse a Bush. Por Jorge Oviedo

En el relato presidencial, el origen de la crisis financiera en los Estados Unidos que ahora contagia al mundo es la especulación financiera, el privilegio de la renta financiera sobre el aumento de la producción de bienes. El diagnóstico parece atractivo, pero es equivocado.
La crisis norteamericana se origina en políticas de estímulo fuera de control, en algún sentido parecidas a las que Cristina Fernández de Kirchner está anunciando en la Argentina. De modo tal que la Presidenta corre el riesgo de parecerse a un mandatario del que tanto parece querer diferenciarse.

Cuando Bill Clinton entregó el poder a George W. Bush, la economía norteamericana tenía un enorme superávit fiscal. La reducción del gasto en términos reales y la mejora del resultado del sector público generaron una muy fuerte entrada de capitales, que bajó aún más el costo del dinero y elevó el valor del dólar respecto de casi todas las monedas del mundo (con la excepción del yuan chino y el peso convertible argentino). Por ello, el déficit de la balanza comercial estadounidense llegó también a niveles récord.
Con la llegada de una recesión en 2001, acelerada luego por los atentados de Nueva York y Washington, la política cambió dramáticamente de sentido. El gasto público creció a un ritmo colosal -en gran medida, por las guerras en Afganistán, primero, e Irak, después-; aparecieron medidas proteccionistas; el dólar tuvo una depreciación sin precedente, impulsada, además, por una fortísima emisión. George W. Bush, que había visto a su padre perder la reelección a manos de Clinton, en gran medida, por una profunda recesión, quería evitar la caída de la economía de su país a cualquier precio. Y por un período prolongado lo logró.
Claro que la colosal burbuja de liquidez creada y la depreciación del dólar que encareció las materias primas generaron beneficios para muchos, entre ellos los productores de commodities , como la Argentina.
Pero la economía norteamericana lentamente acumuló desequilibrios que volvían insostenible el proceso. Gran parte de la revaluación de los activos estuvo basada en malos créditos otorgados en una compleja red de instrumentos novedosos que crearon la ilusión de que los riesgos eran mínimos.
¿Qué tiene de común esto con la Argentina? El gobierno del matrimonio Kirchner desde que asumió quiere mantener la economía al máximo nivel de actividad posible y ha sostenido e incrementado, para ello, enormes desequilibrios que parecen difíciles de sostener indefinidamente. Además, ha mantenido en crecimiento el gasto público por encima del nivel de alza de la recaudación.
Ahora se propone dar créditos utilizando los aportes previsionales para financiar el sostenimiento del nivel de actividad. La lentísima clarificación de algunos de los mecanismos que se utilizarían comienzan a mostrar que la discrecionalidad política tendrá mucha m
ás importancia que las calificaciones técnicas, generando riesgos ocultos que un día pueden terminar detonando un escándalo, una crisis o ambas cosas.
¿Se repetiría en la Argentina una crisis como la de las hipotecas de baja calidad norteamericanas? Parece improbable. El mercado de crédito argentino es tan pequeño que incluso un desastre importante allí parece incapaz de tener efectos mayúsculos en la economía. La inflación, las tarifas atrasadas, la falta de financiación para la deuda parecen mucho más urgentes, aunque nadie parece ocuparse de ellos.
También debe anotarse que, a pesar de que anuncian medidas de estímulo que funcionarán algún día, las autoridades ya pusieron en marcha un ajuste ortodoxo, con fuertes aumentos de tarifas e impuestos y reducciones de subsidios. El costado negativo de ese accionar es que profundiza la recesión que, por otro lado, se busca evitar.


Publicado en La Nación. Domingo 7 de diciembre de 2008.
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