miércoles, 20 de mayo de 2009

¿Para qué sirve el Banco Central? Por Roberto Cachanosky


(Nota publicada en La Nación - 20/05/2009)

Desde hace rato vengo sosteniendo que las reservas que declara el BCRA no son tales, y que a la cifra absoluta que se presenta hay que restarle una serie de ítems por constituir deuda del BCRA que aumentan artificialmente las reservas que se informan como propias. Sobre este tema escribí en LA NACION el 4 de enero pasado, nota que motivó una respuesta del BCRA publicada al domingo siguiente, a la que posteriormente respondí el 16 de enero último. Es más, en una nota editorial de LA NACION del 13 de mayo pasado el editorialista (que no soy yo) sostiene mi misma posición sobre el verdadero nivel de reservas, al igual que otros economistas de prestigio.
El domingo 10 de mayo fui invitado al programa Hora Clave de Mariano Grondona y ante una pregunta Grondona dije que las reservas no eran U$S 46.000 millones como sostiene el BCRA, cuestioné la confiabilidad de la información que brinda el BCRA y su total independencia del Poder Ejecutivo.
Grande fue mi sorpresa el sábado pasado por la mañana cuando recibí en mi casa una Carta Documento del Banco Central, por la cual me intima a retractarme "de las graves y difamatorias manifestaciones vertidas por Ud. en el transcurso del programa Hora Clave". Agregan que yo he "puesto en duda el carácter verídico de la información que emana del Banco Central de la República", por lo cual, como decía antes, me intiman "a retractarme y cesar en esa actitud. En caso contrario se accionará en protección de la Institución que Ud. ataca".
Francamente desconocía que en Argentina existía el delito de opinar diferente. Y que opinar diferente implica atacar a una institución, en este caso, como el BCRA. Pero lo curioso es que mi respuesta a la pregunta de Grondona fue que el Banco Central no tiene la independencia que dice que tiene, que no tiene las reservas que dice que tiene, que hay información que no ha publicado y que se está pareciendo al INDEC. Y aquí si que estamos en un serio problema. Como la intimación que me hace el BCRA es por lo que dije en Hora Clave , estaría surgiendo un tema muy curioso. Aparentemente, una de mis graves y difamatorias manifestaciones habría sido comparar al BCRA con el INDEC. Si para el BCRA compararlo con el INDEC es grave y difamatorio el problema no es mío, es un problema interno del gobierno, problema en el cual no me puedo meter ni resolver.
Un solo ejemplo sirve para poner en duda el grado de independencia que realmente tiene el BCRA del Ejecutivo y es el manejo de la política cambiaria. ¿Quién define la política cambiaria en Argentina? ¿El Banco Central o el Poder Ejecutivo? Si es el BCRA, entonces, la impresionante tasa de emisión monetaria que ha hecho hasta el año pasado, generando una escalada inflacionaria cercana al 30% anual, habla muy mal del manejo monetario llevado a cabo en estos años. ¿Algún economista serio puede llegar a sostener que tasas anuales de emisión monetaria del 25% durante 5 años seguidos son consistentes con la estabilidad de precios? ¿En algún momento se plantó el BCRA frente al poder Ejecutivo y le ha dicho que no estaba dispuesto a generar semejante inflación para convalidar el famoso tipo de cambio competitivo que impulsa el Ejecutivo? ¿Le ha dicho el BCRA al Ejecutivo que si quería mantener un tipo de cambio alto tenía que generar el superávit fiscal correspondiente porque seguir emitiendo implicaría generar serios problemas inflacionarios? Si no lo hizo, es lícito dudar de su verdadera independencia.
Respecto a las reservas, no soy el único economista que sostiene que a las reservas brutas que se publican hay que descontarles los encajes en dólares que corresponden a las entidades financieras y que hay cerca del equivalente a U$S 14.000 millones en bonos y pases netos, deuda emitida para amortiguar parte de la fenomenal tasa de emisión monetaria para sostener el llamado tipo de cambio competitivo.
Por otro lado, también hay que descontarle una deuda contraída con el Banco Internacional de Basilea que el BCRA se niega a informar cuando constitucionalmente corresponde que informe públicamente sobre el monto y las condiciones que se tomó esa deuda, o bien negar categóricamente que haya tomado esa deuda. Sin embargo, el BCRA ha contestado por escrito que reconoce tener esa deuda pero que no puede darla a conocer, por lo cual no se informa en los balances semanales o bien no se la específica debidamente.
¿Informa el BCRA cuántos dólares a futuro tiene vendidos y a quiénes se los vendió? Y este no es un dato menor, porque en el futuro, si hay pérdidas, habrá que compensarlas y será la gente la que pagará esas pérdidas con el impuesto inflacionario, dado que el BCRA tendrá que emitir pesos para cubrir la diferencia, si es que no tiene que vender dólares de las reservas para hacer frente a una estampida cambiaria porque quienes compraron a futuro no sólo desean ser compensados por la diferencia de cotización sino que también optan por cambiar de pesos a dólares.
Si el Banco Central no informa un dato tan relevante como la deuda con el BIS ni las ventas a futuro que tiene comprometidas, la información que proporciona no es confiable.
Si aumenta artificialmente las reservas incluyendo en ellas casi U$S 7000 millones de encajes en dólares que el BCRA le debe a los bancos, la información tampoco es confiable. Digamos que afirmar que el BCRA tiene U$S 46.000 millones de reservas es una verdad a medias. Y una verdad a medias no es toda la verdad e induce a la gente a confiar en algo que en los hechos no es así. Situación que es injusta, porque solo los economistas que estamos analizando estos datos podemos saber de las debilidades del Central, en tanto que la inmensa mayoría de la población desconoce la realidad. Unos pocos podríamos cubrirnos mientras el resto quedaría indefenso.
El artículo 3 de la Carta Orgánica del BCRA, que es una ley de la Nación, dice que "es misión primaria y fundamental del Banco Central de la República Argentina preservar el valor de la moneda". Me parece que dicha institución debería concentrarse en ese tema, dado que la gente vive diariamente los destrozos inflacionarios que se están produciendo y de los cuales no es ajeno el Banco Central, dado que la inflación generada es fruto de la política monetaria llevada a cabo para sostener artificialmente alto el tipo de cambio competitivo que quiere el Ejecutivo, motivo por el cual es lícito dudar de la verdadera independencia de dicha institución. En definitiva lo que ha hecho el Banco Central fue redistribuir ingresos de los sectores más pobres a los más ricos al aplicar el impuesto inflacionario que aplicó.
En la Argentina, desde que fue creado el BCRA, se han destruido el peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y este que tenemos no es justamente moneda dado que no sirve como reserva de valor ni como unidad de cuenta. Un peso actual es igual a 10.000.000.000.000 pesos moneda nacional. Con semejante trayectoria, el Banco Central tendrá que hacer grandes esfuerzos para ser confiable nuevamente y muy prolijo en la información que brinda.
Mientras tanto, seguiremos esperando a que el Central se digne a informar si realmente tiene o no tiene una deuda con el BIS y cuántos dólares a futuro tiene vendidos. En tanto no informe sobre estos ítems fundamentales, la confiabilidad de los datos que proporciona seguirá siendo cuestionable.
Por último, viendo la destrucción de varios signos monetarios, crisis financieras, corridas cambiarias, confiscaciones de ahorros, inflaciones descontroladas y teniendo en cuenta los problemas inflacionarios y cambiarios que tenemos por delante, surge una gran pregunta: ¿Para qué sirve el Banco Central?
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El Imperio del Carbono. Por Paul Krugman


(Nota publicada en el diario El País de España el 17/05/2009)


He visto el futuro, y no va a funcionar. Éstos deberían ser tiempos de esperanza para los defensores del medio ambiente. La ciencia basura ya no impera en Washington. El presidente Obama ha hablado de forma enérgica sobre la necesidad de tomar medidas contra el cambio climático; la gente con la que hablo tiene cada vez más confianza en que el Congreso apruebe pronto un sistema de incentivos económicos que limite las emisiones de gases de efecto invernadero, y que los límites vayan siendo más estrictos con el paso del tiempo. Y una vez que Estados Unidos actúe, podemos esperar que gran parte del mundo siga sus pasos.

Pero esto deja sin resolver el problema de China, donde he pasado casi toda la semana pasada. Como todas las personas que visitan China, me he quedado pasmado con la escala de desarrollo del país. Incluso los aspectos molestos (gran parte de mi tiempo lo he pasado contemplando la Gran Muralla del Tráfico) son subproductos del éxito económico del país. Pero China no puede seguir por el mismo camino, porque el planeta no es capaz de soportar esa presión.
El consenso científico sobre las perspectivas del calentamiento global se ha vuelto mucho más pesimista durante los últimos años. De hecho, las últimas previsiones de reputados expertos en clima rayan en lo apocalíptico. ¿Por qué? Porque la velocidad a la que están aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero iguala o supera las peores previsiones. Y el aumento de las emisiones procedentes de China (que ya es el mayor productor mundial de dióxido de carbono) es uno de los principales motivos de este pesimismo.
Las emisiones de China, que proceden en su mayoría de las centrales eléctricas en las que se quema carbón, se han duplicado entre 1996 y 2006. Este ritmo de crecimiento ha sido mucho más rápido que en la década anterior. Y la tendencia parece que va a mantenerse: en enero, China anunciaba que planeaba seguir dependiendo del carbón como su principal fuente de energía y que, para sostener su crecimiento económico, aumentaría la producción de carbón en un 30% de aquí al año 2015. Ésta es una decisión que por sí sola contrarrestará cualquier reducción en las emisiones que se lleve a cabo en cualquier otro sitio.
Así que, ¿qué se debe hacer respecto al problema de China? Los chinos dicen que nada. Cada vez que he sacado el tema a relucir durante mi visita, me he topado con indignadas declaraciones sobre lo injusto que era esperar que China limitase el uso de los carburantes fósiles. Afirmaban que, después de todo, Occidente no ha tenido que padecer restricciones similares durante su época de desarrollo; aunque China sea la mayor fuente mundial de emisiones de dióxido de carbono, sus emisiones per cápita siguen estando muy por debajo de los niveles estadounidenses; y, en cualquier caso, la mayor parte del calentamiento global que ya se ha producido no es culpa de China, sino de los gases que en el pasado emitieron los que ahora son países ricos.
Y tienen razón. Es injusto esperar que China viva sometida a restricciones que nosotros no tuvimos que afrontar cuando nuestra economía iba hacia arriba. Pero esa injusticia no cambia el hecho de que permitir que China iguale el anterior libertinaje occidental supondrá una condena para la Tierra tal como la conocemos.
Dejando a un lado la injusticia histórica, los chinos también han insistido en que no se les debería hacer responsables de los gases de efecto invernadero que emiten al producir bienes para los consumidores extranjeros. Pero se niegan a aceptar la implicación lógica de ese punto de vista: que la carga recaiga entonces sobre esos consumidores extranjeros; que los compradores que adquieran productos chinos paguen una tarifa de carbono que sea un reflejo de las emisiones asociadas a la producción de esos bienes. Según los chinos, eso sería una violación de los principios del libre comercio.
Lo sentimos, pero las consecuencias que la producción china tiene para el cambio climático tienen que reflejarse en algún sitio. Y en cualquier caso, el problema de China no es lo mucho que produce, sino la forma en que lo produce. Recuerden que ahora China emite más dióxido de carbono que Estados nidos, a pesar de que su PIB es sólo la mitad de grande (y Estados Unidos, a su vez, es un monstruo de las emisiones en comparación con Europa o Japón).
La buena noticia es que la propia ineficacia de China en su uso de la energía brinda enormes oportunidades de mejora. Con las políticas adecuadas, China podría seguir creciendo rápidamente sin incrementar sus emisiones de carbono. Pero primero tiene que darse cuenta de que es necesario cambiar de política.
En algunas declaraciones procedentes de China hay indicios de que los responsables políticos del país están empezando a darse cuenta de que su postura actual es insostenible. Pero sospecho que no se dan cuenta de lo deprisa que todo el juego está a punto de cambiar.
A medida que Estados Unidos y otros países desarrollados empiecen por fin a actuar frente al cambio climático, también sentirán que tienen más poder moral para enfrentarse a aquellos países que se nieguen a tomar medidas. Antes de lo que la mayoría de la gente piensa, los países que se niegan a limitar sus emisiones de gases de efecto invernadero se enfrentarán a sanciones, probablemente en forma de impuestos sobre sus exportaciones. Se quejarán amargamente de que eso es proteccionismo, pero ¿y qué? La globalización no tiene mucho de bueno si el propio globo se convierte en un lugar inhabitable.
Ha llegado la hora de salvar el planeta. Y, le guste o no, China tendrá que contribuir a ello.
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domingo, 10 de mayo de 2009

La Argentina va camino a otra crisis. Por Roberto Cachanosky


Luego de la catarata de anuncios que sólo quedaron en la tapa de los diarios, como el plan canje de autos, heladeras, calefones, bicicletas y un monumental programa de obras públicas imposible de financiar, el Gobierno quedó paralizado frente a la crisis económica. Si bien hoy la gente no golpea las cacerolas en la calle ni pide que se vayan todos, la realidad es que Kirchner ha llevado al país a un 2001, entendiendo por ese período incapacidad para reaccionar frente a la crisis, parálisis frente a los problemas, una feroz recesión que se ve claramente en la recaudación impositiva y en los datos de importaciones y otros indicadores económicos que, a falta de datos confiables del Indec, permiten verificar la profunda recesión, particularmente en el interior del país, que estamos atravesando.

La gente tiene dos grandes interrogantes: qué hará el Gobierno de aquí al 28 de junio, y qué hará el Gobierno a partir del 29 de junio.
Desde el punto de vista económico, hasta el 28 de junio no tiene muchas alternativas más que tratar de aguantar y evitar que el tipo de cambio se le dispare, aunque si la gente se dejara llevar por los dichos de Néstor y Cristina Kirchner, están haciendo una invitación a comprar dólares. Es que plantean un escenario tan catastrófico si pierden la mayoría en el Congreso que, ante esa muy probable eventualidad, la conclusión lógica que nos ofrece el matrimonio es que el 29 se viene el diluvio y hay que comprar dólares antes que sea más caro. Con su discurso, el matrimonio no sólo incentiva la fuga de capitales, sino que profundiza la parálisis de la economía. Suspender compra de bienes de consumo durable, inmuebles y gastar lo menos posible ante el escenario que pronostican si no retienen la mayoría es el comportamiento lógico de la gente frente a las expectativas que presentan desde Olivos.
Kirchner, que no entiende de economía, no sabe que en las decisiones microeconómicas influyen las expectativas de la gente. Si el mensaje es yo o el caos, y el yo es altamente probable que no ocurra, la gente posterga la compra del auto, guarda los dólares esperando que las propiedades bajen de valor luego de la devaluación, etcétera.
Ahora bien, ¿qué puede ocurrir luego del 28 de junio? Son muchos los escenarios políticos que podrían influir en la economía. Cada uno tiene un resultado económico diferente. Pero tomemos el caso en que Kirchner, con mayoría o sin ella en el Congreso, continúa manejando la economía. ¿Qué opciones tiene para recuperar la economía, además de ir caminando a Luján para que el mundo se reactive rápido o la soja llegue a los 600 dólares?
¿Puede Kirchner hacer política keynesiana como intentan hacer varios países? Mi impresión es que no, porque ya la hizo en el momento en que era innecesaria, y si entendemos por esa política de incentivar la actividad interna con más gasto público y menos tasa de interés para estimular el consumo y la inversión, en una versión muy reducida del keynesianismo.
El primer problema que tiene es que ya llevó el gasto público hasta niveles infinanciables y, encima, de pésima calidad. Si Kirchner intentara aumentar el gasto, necesitaría más recursos. ¿De dónde pueden salir? Apropiándose de los flujos de ingresos o bien confiscando más activos. No veo muchas posibilidades, en esta administración, de apropiarse de flujos crecientes. Cuando digo "flujos", hablo de ingresos. Estos caen porque la actividad económica está en caída libre; por lo tanto, a menor producción, menores ingresos y, en consecuencia, menor capacidad contributiva. Por ese lado, no hay mucho que esperar.
Le quedaría apropiarse de más stocks. Reservas del BCRA; confiscación de los depósitos bancarios en dólares contra un bono patriótico; estatización del comercio exterior, particularmente del sector agropecuario, con lo que el Estado pasaría a ser el único comprador. En ese caso, le pagaría miserias al productor y vendería al exterior a precio internacional, para quedarse con la diferencia. Claro que, en este caso, la falta de estímulo a la producción sería tan grande que, al poco tiempo, la producción de trigo, soja, maíz y demás granos caerían.
También podrían confiscar los silos bolsa, las cajas de seguridad o cualquier activo que consideren útil a los fines de financiar el gasto.
Deseo dejar en claro que no es éste un mensaje alarmista, sino sólo una descripción de lo que podría hacer Kirchner dados sus antecedentes confiscatorios, su escaso respeto por los derechos de propiedad y su ausencia de límites al actuar.
Intentar financiar un aumento del gasto con crédito externo es una misión imposible porque la Argentina quedó marginada del mercado voluntario de deuda. Así que ni los japoneses ni los alemanes ni el FMI van a prestar para que el matrimonio dilapide mientras mantiene su alianza con Venezuela.
Ya emitió moneda para sostener el dólar a $ 3. La posibilidad de aplicar el impuesto inflacionario también está cerrada. Es más: Keynes sugería que, dado que los sindicatos se opondrían a una baja nominal de salarios, el camino era bajar el salario real con inflación.
Receta conocida
El problema es que los dirigentes sindicales ya se conocen de memoria esa receta y ya reclaman subas de un 20 por ciento. Claramente impagables en una economía en recesión, con lo que luego del 28 de junio habrá una feroz lucha por la distribución del ingreso y con un gobierno que ya no tiene caja para comprar voluntades o calmar los ánimos de la gente. Agreguemos que las provincias están en una situación fiscal muy complicada.
Como dato por considerar, los recursos por coparticipación fueron en abril sólo un 3% más altos que en abril de 2008. Frente a demandas salariales del 20%, el esquema es infinanciable y explosivo. Finalmente, Kirchner ha hecho lo imposible por espantar las inversiones. Nadie, durante este gobierno, estará dispuesto a invertir para luego ser mandoneado por Moreno o someterse a los caprichos diarios de Kirchner.
En estos seis años, Kirchner destruyó el mercado de capitales, con lo cual no hay financiamiento para la inversión y el consumo. Generó una inflación feroz, consumido el stock de capital existente (casos energía o ganadería); llevó el gasto público a niveles récord y ha agobiado a la población con tasas impositivas expoliatorias. Y, como frutilla del postre, destrozó la seguridad jurídica al no respetar los contratos ni los derechos de propiedad.
La conclusión es obvia: Kirchner no sólo ha quedado paralizado frente a la crisis que desató, sino que, además, no tiene instrumentos, capacidad ni credibilidad para revertir la situación. Por lo tanto, el escenario post 28 de junio con Kirchner manejando la economía es de una crisis que tal vez los argentinos no hayan visto jamás.
El autor es economista.


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El síndrome de los salarios menguantes. Por Paul Krugman


(Nota aparecida en El País (España) el Domingo 10 de mayo de 2009)


Los salarios están bajando a lo largo y ancho de Estados Unidos. Algunos de los recortes salariales, como las devoluciones de los trabajadores de Chrysler, son el precio de la ayuda federal. Otros, como la tentativa de acuerdo sobre un recorte salarial en The New York Times, son el resultado de las conversaciones entre los empresarios y sus empleados sindicalistas. Pero hay otros que reflejan la realidad brutal de un mercado laboral débil: los trabajadores no se atreven a protestar cuando les recortan el sueldo porque no creen que puedan encontrar otro trabajo.

Sin embargo, sean cuales sean las circunstancias específicas, la bajada de los salarios es síntoma de una economía enferma. Y es un síntoma que puede hacer que la enfermedad de la economía empeore aún más.
Empecemos por lo primero: las anécdotas sobre las bajadas de los sueldos están proliferando, pero ¿se trata de un fenómeno muy extendido? La respuesta es sí, y mucho.
Es verdad que muchos trabajadores todavía reciben aumentos salariales. Pero hay por ahí suficientes recortes salariales como para que, según la Oficina de Estadística Laboral, el coste medio de dar empleo a trabajadores en el sector privado haya subido sólo un 0,2% en el primer trimestre de este año (el aumento más bajo que se ha registrado). Dado que la situación del mercado laboral sigue empeorando, no sería ninguna sorpresa que los sueldos en general empezasen a bajar a finales de este año.
Pero ¿por qué es eso malo? Después de todo, muchos trabajadores están aceptando recortes salariales a fin de salvar sus empleos. ¿Qué tiene eso de malo?
La respuesta se encuentra en una de esas paradojas que invaden nuestra economía ahora mismo. Padecemos la paradoja del ahorro: ahorrar es una virtud, pero cuando todo el mundo intenta que su capacidad de ahorro aumente radicalmente, la consecuencia es una economía deprimida. Padecemos la paradoja del desapalancamiento: reducir la deuda y sanear los balances generales es bueno, pero cuando todo el mundo intenta vender valores y saldar deudas al mismo tiempo, la consecuencia es una crisis financiera.
Y, dentro de poco, podríamos enfrentarnos a la paradoja de los salarios: los trabajadores de una empresa pueden contribuir a salvar sus empleos accediendo a cobrar sueldos más bajos, pero cuando los empresarios en todos los sectores económicos recortan salarios al mismo tiempo, la consecuencia es un aumento del paro.
Así es como funciona la paradoja. Supongamos que los trabajadores del grupo XYZ aceptan un recorte salarial. Eso permite a la dirección de XYZ bajar los precios, lo que hace que sus productos sean más competitivos. Las ventas aumentan y más trabajadores pueden conservar su empleo. Así que se podría pensar que ese recorte salarial hace aumentar el empleo, lo que es cierto en el caso de la empresa en concreto.
Pero si todo el mundo recorta los sueldos, nadie obtiene una ventaja competitiva. Así que los salarios más bajos no benefician en nada a la economía. Por el contrario, la caída de los sueldos puede empeorar los problemas de la economía en otros frentes.
En particular, la reducción de los salarios, y por tanto, la reducción de los ingresos, agrava el problema de la deuda excesiva: las letras mensuales de la hipoteca no bajan como la nómina. Estados Unidos se metió en esta crisis con una deuda hipotecaria que, expresada como porcentaje de los ingresos, era la más alta desde los años treinta. Las familias tratan de reducir esa deuda ahorrando más de lo que lo han hecho en una década (pero, puesto que los sueldos bajan, es como intentar dar en una diana que se mueve). Y a medida que aumenta la carga de la deuda, se hunde más el gasto de los consumidores, y eso hace que la economía siga deprimida.
Las cosas pueden empeorar aún más si las empresas y los consumidores prevén que los sueldos seguirán bajando en el futuro. John Maynard Keynes lo expresó con claridad hace más de 70 años: "Las consecuencias de esperar que los salarios vayan a reducirse, por ejemplo, un 2% durante el próximo año son aproximadamente las mismas que tendría un aumento del 2% en la cantidad de intereses a pagar durante el mismo periodo". Y un aumento del tipo de interés efectivo es lo último que esta economía necesita.
La preocupación por la bajada de los salarios no es solamente teórica. Japón (donde los sueldos del sector privado descendieron como promedio más del 1% al año entre 1997 y 2003) nos brinda una lección práctica sobre la forma en que la deflación salarial puede contribuir al estancamiento económico.
Así que, ¿qué conclusión podemos sacar de la cada vez más evidente reducción de los salarios en Estados Unidos? Principalmente, que estabilizar la economía no es suficiente: necesitamos una recuperación real.
Últimamente se ha hablado mucho sobre brotes verdes y demás, y, de hecho, hay indicios de que el desplome económico que se inició el otoño pasado podría estar ralentizándose. Incluso es posible que la Oficina Nacional de Investigación Económica anuncie el fin de la recesión a finales de este año.
Pero es casi seguro que la tasa de paro va a seguir aumentando. Y todos los indicios apuntan hacia un mercado laboral cuya situación será terrible durante muchos meses o incluso años, lo que es una receta ideal para que continúen los recortes salariales, los cuales, a su vez, seguirán debilitando a la economía.
Para romper ese círculo vicioso, lo que se necesita básicamente es más: más estímulo económico, más medidas decisivas respecto a los bancos, más creación de empleo.
Al césar lo que es del césar: el presidente Obama y sus asesores económicos parecen haber alejado a la economía del abismo. Pero el peligro de que Estados Unidos se convierta en Japón (y tengamos que enfrentarnos a años de deflación y estancamiento) parece, como mínimo, que está aumentando.
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.
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jueves, 7 de mayo de 2009

La economía argentina después de las elecciones. Por Domingo Cavallo


La economía argentina ya está viviendo una estanflación, un fenómeno que se hará aún más virulento luego de las elecciones, con absoluta independencia de cuál sea el resultado. Se trata de una crisis que no se parecerá a la del 2001, año en que la debacle financiera local sobrevino a un proceso depresivo-deflacionario que se había iniciado en el segundo semestre de 1998. La crisis estanflacionaria actual prácticamente no tiene agravantes financieros locales . Es un fenómeno de la economía real que devendrá en crisis fiscal. En todo caso tendrá algunos rasgos de la del 2002, porque como entonces habrá inflación y fuerte recesión. Pero será una crisis mucho más parecida a las de 1975-76 y a la de 1989-1990.
La estanflación argentina, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de las economías emergentes, tiene poco que ver con la crisis financiera global. Argentina es uno de los países menos afectados por lo que está pasando en la economía mundial porque sus principales productos de exportación mantienen precios bastante más elevados que los que predominaron en la década anterior. No han caído tanto como los precios de los minerales de uso industrial y del petróleo. Además Argentina no había estado recibiendo capitales financieros del exterior y sus bancos no habían tenido una gran expansión del crédito en los últimos años. Por esa razón tampoco adquirieron grandes riesgos crediticios como los de los bancos de los países avanzados y de las economías emergentes con gran desarrollo financiero reciente.

La crisis argentina es totalmente autogenerada y era totalmente predecible. Yo la anticipé a principios de 2007 cuando describí cómo serían los escenarios de un futuro gobierno según ganara las elecciones Cristina Kirchner o Roberto Lavagna. Luego la describí con más detalle en mi libro Estanflación, escrito durante el invierno del año pasado, cuando todavía no se había producido ningún impacto significativo de la crisis financiera global sobre las economías emergentes.

La crisis argentina tiene su origen en:
1) las medidas impositivas y de controles de precios y tarifas que desalentaron la inversión y la producción en los sectores más productivos de nuestra economía, particularmente los sectores agropecuario y energético;
2) el aumento desmesurado del gasto público improductivo financiado con el producido de los impuestos distorsivos y
3) el encerramiento comercial y el aislamiento financiero que impidieron la recuperación del crédito público y privado y transformaron a Argentina en una economía a la que los demás países y organismos financieros del exterior les importa poco.Por eso la consideran no elegible para recibir los apoyos financieros que se están brindando a la mayor parte de las economía emergentes.

El tercero de estos factores es el que me lleva a predecir que la crisis argentina se va a agravar en la segunda mitad de este año y probablemente durante 2010 y 2011, aún cuando comiencen a verse signos de recuperación en la economía global y en la mayoría de las economías emergentes.

El déficit fiscal adquirirá dimensiones hasta hoy impensadas por la mayor parte de los economistas, aún de los que critican al gobierno. La caída de la recaudación, la necesidad de asistir financieramente a las provincias y de cumplir con los compromisos de pagos de obras públicas y a proveedores, determinarán un déficit fiscal significativo que no podrá financiarse con crédito público. Por lo tanto, habrá una fuerte emisión monetaria con el consiguiente drenaje de divisas. Si el Banco Central intenta frenarlo acentuando los controles de cambio, aparecerá un mercado paralelo como el que existió entre 1975 y 1990. Si el banco Central defiende sus reservas y no impone controles de cambio, se producirá una fuerte devaluación que espiralizará la inflación.

Estoy convencido que Néstor Kirchner sabe que la que acabo de describir es la realidad presente y futura. Hablé con él muchas veces durante la década de los 90 y me siento seguro en afirmar, como profesor de la materia, que tiene suficientes conocimientos de economía como para saber cual es la interpretación correcta de nuestra realidad. Lo que lo lleva a argumentar que la crisis argentina es fruto de la crisis global y que la crisis se agravará sólo si el Gobierno pierde las elecciones del 28 de junio no es su desconocimiento de cómo funciona la economía argentina si no su falta de escrúpulos políticos .

Ya ha encontrado culpable para la crisis que estamos viviendo: son los EEUU que engendraron la crisis financiera global. Está preparando la lista de culpables del agravamiento de la crisis argentina. Como sabe que el gobierno va a perder esas elecciones (al menos en términos del número de diputados y senadores oficialistas que quedarán en el nuevo Congreso), ha decidido identificar como culpables del agravamiento de la crisis a los ciudadanos que voten a alguna de las variantes opositoras, es decir, a la mayoría del Pueblo Argentino. Sólo así se explica su discurso de campaña.

Esta falta de escrúpulos políticos me preocupa no por el efecto que pueda tener sobre el resultado electoral, sino porque es un indicio de que Néstor Kirchner esté planeando el alejamiento de su esposa de la Presidencia, luego de las elecciones del 28 de junio, en medio de algún episodio que pueda mostrar frente a la gente como un “Golpe Duhaldista”. Por otro lado, hay mucha gente alrededor de Duhalde a la que no le disgustaría esa alternativa, porque piensan que un futuro gobierno de Cobos, para completar período, necesitaría del apoyo del “Piloto de Tormentas” del 2002. Si Néstor Kirchner decide que no quiere pagar el precio político de hacerse cargo del agravamiento inexorable de la crisis, puede encontrar la bandeja servida para aparecer echado. Algo que el visualiza como un episodio histórico semejante al que vivió Perón en 1955.

Para quienes quieran imaginarse como podría ser un futuro gobierno de Cobos apoyado por Duhalde y con Lavagna de Jefe de Gabinete, sugiero a los visitantes de mi blog que relean el artículo que subí a mi blog el 31 de marzo de 2007 titulado “Los inev itables sobresaltos de un futuro gobierno de Kirchner o Lavagna”. Por supuesto que hay una esperanza: la que describí en el artículo inmediato siguiente al anterior titulado: “Una alternativa electoral, difícil pero no imposible”. Pero para que ella vuelva a tener vigencia, habrá que esperar hasta las elecciones presidenciales de 2011.
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La economía global aterriza. Por Juan José LLach

(Nota publicada en La Nación, Jueves 7 de mayo de 2009)
A pesar de los efectos desfavorables de la temible gripe porcina, siguen aumentando, semana tras semana, los indicios de que la economía mundial inició su descenso de aproximación para aterrizar hacia mediados de año o en el tercer trimestre de 2009. Aun los más pesimistas empiezan a reconocerlo.
Los precios de las materias primas han subido hasta un 50% desde sus niveles mínimos y las bolsas se han recuperado, por lo menos, en un 20%. Tanto en Estados Unidos como en Europa caen las tasas de interés de mercado y también los bonos de los tesoros, al no ser ya demandados como único refugio en la tempestad.
Por las mismas razones, el dólar empieza a desvalorizarse. En Estados Unidos mejora la confianza de los consumidores, bajan los inventarios, se recuperan las órdenes de compra de industrias y servicios, se estabilizan las ventas de casas y algunos precios aumentan gracias al impulso de tasas hipotecarias bajísimas.
La economía china se recuperó en el primer trimestre de 2009 respecto del cuarto de 2008. Japón sorprendió con aumentos de la producción industrial y las exportaciones. A pesar de caídas de precios al consumidor en países como España o el Reino Unido, se está todavía lejos de la deflación.
El panorama, por cierto, no es color de rosa. Los problemas de los bancos no están aún resueltos. El Fondo Monetario Internacional acaba de estimar que sus pérdidas totales llegarán a 4,1 billones de dólares y que hará falta todavía inyectarles capital por 875.000 millones de dólares, cifra enorme pero que no resulta inalcanzable.
El desempleo continúa aumentando en casi todo el mundo y cuesta todavía encontrar datos positivos de Europa. Si bien se recupera la crucial confianza empresarial en Alemania, es aún preocupante la situación de Irlanda, los países bálticos y los mediterráneos. Ellos necesitarían devaluar sus monedas, pero no pueden hacerlo, porque están en la franja del euro y, para colmo, se los presiona a hacer ajustes fiscales de carácter contractivo: se trata del mismo error del FMI con la Argentina en tiempos de la convertibilidad.
De no ser por esta situación de Europa, mi optimismo sobre la economía global sería todavía mayor. Ojalá que la gripe porcina no llegue a convertirse en pandemia ni complique este panorama esperanzador.
Los resultados de la reunión del Grupo de los 20, buenos, pero algo mezquinos, han contribuido a la distensión. Cuadruplicar los recursos del FMI implica, en la práctica, que ningún país que acepte la revisión normal del artículo 4° irá al default , bajando así el riesgo de casi todos los países emergentes, aunque no el de la Argentina.
También se reafirmaron compromisos con las metas del milenio y con la ayuda oficial a los países más pobres, aunque esto es dudoso, porque la mayoría las ha incumplido hasta ahora. Se comprometió a evitar el proteccionismo -y las devaluaciones competitivas, aunque esto es menos creíble- y a finalizar, todavía sin fecha, la ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio. Se estableció un consejo de estabilidad financiera global, con mayores funciones que el foro hasta ahora vigente.
Se mencionó, en fin, una expansión fiscal sin precedente -aunque no concertada, como se dijo- de cinco billones de dólares para fines de 2010. Es sabido que en esto no hubo acuerdo entre Estados Unidos, cuyo temor ancestral es la recesión, por la crisis del 30, y Europa, que teme sobre todo la inflación, por las hiperinflaciones de ambas posguerras.
La señal de que ningún país sincero y ningún banco relevante caerán o quebrarán, resalta las esenciales diferencias entre esta crisis y la del 30. El afán de originalidad lleva a algunos colegas a exagerar las similitudes (Eichengreen y O´Rourke, en Vox, www.voxeu.org/index.php?q=node/3421 ). Hay al menos tres diferencias cruciales. Una es la intensidad y rapidez de las respuestas de políticas fiscales y monetarias, ésta sí reconocida por los autores citados. La segunda es que, hasta el momento, el proteccionismo ha sido limitado. La tercera es que, por ahora, no hay deflación, mientras que entre 1929 y 1931 los precios cayeron en los Estados Unidos un 16,2 por ciento, dando lugar a una caída del ingreso nominal total de los norteamericanos del 53 por ciento (sic) hasta 1933, y a tasas de descuento reales de los bancos centrales del diez por ciento o más, contra el dos por ciento negativo de hoy.
Aunque, como mínimo, es indudable la desaceleración en la caída de la economía mundial, otra historia es cuándo y cómo se iniciará la recuperación. Las políticas económicas deberán todavía afrontar nuevas pruebas, sobre todo por el lado de los bancos en Europa y de los deudores hipotecarios en los Estados Unidos.
Cuanto antes se acierte en soluciones genuinas a estos problemas más temprano y rápidamente se saldrá. Si bien hoy casi nadie pronostica una salida veloz, hay que tener en cuenta que los excedentes de liquidez agazapados a la espera de oportunidades son enormes, del orden de los diez billones de dólares.
No bien aparezcan indicios fehacientes de recuperación de la economía real, la suba de precios de los activos financieros y, luego, de los inmuebles será rápida y realimentará a aquélla. Por eso creo que una salida razonablemente veloz de la crisis hacia fines de año es más probable de lo que hoy parece. Más aún: el principal problema que puede aparecer allí es la inflación, como se ve hoy mismo cada vez que buenas expectativas en los mercados financieros hacen subir las materias primas.
Una de las claves de lo que ocurre es que el consumo en los países desarrollados está cayendo mucho menos de lo esperado (1,4%), 0,9 por ciento en los Estados Unidos y, claro, mucho más en España (3,1%) y el Reino Unido (3,8%). Esto resulta de las políticas expansivas, pero también de la aceleración del envejecimiento de la población y de que la crisis ha golpeado menos a los sectores sociales medios y bajos, con mayor propensión a consumir.
También entre los países, los más golpeados son los desarrollados que, según el FMI, caerían 3,8 por ciento este año y no crecerían en 2010.
Entre los emergentes sobresale el crecimiento de China, con 6,5 por ciento en 2009 y 7,5 por ciento en 2010, pero también casi toda Asia en desarrollo (4,8% y 6,1%). También Africa sufrirá menos. Crecerá un dos por ciento y un 3,9 por ciento, mientras que América latina caería 1,5 por ciento este año y se recuperaría con alrededor del 1,6 por ciento positivo en 2010.
Este mayor crecimiento de Africa se viene dando en todo lo que va del siglo XXI, y es una señal de alerta para nuestro continente. Los signos de la coyuntura afianzan nuestras megatendencias de protagonismo económico creciente de los países emergentes, con Asia a la cabeza, que la reunión del G-20 ha empezado a reconocer e institucionalizar.
Para América del Sur y para la Argentina, ésta es una gran noticia, porque estos países son socios estratégicos y seguirán brindando muy buenas oportunidades de desarrollo. La inflación a la salida de la crisis, con relativa desvalorización del dólar y aumentos de las commodities , potenciará esta tendencia. La Argentina es el país que menos ha aprovechado estas oportunidades, dado que, en alimentos, hoy produce unos 20.000 millones de dólares y exporta unos 13.000 millones menos de lo que podría. Hasta ahora esto ha significado menor crecimiento, y la recesión en curso que podría haberse evitado. Pero de aquí en más, la opción entre aislarse del mundo o integrarse a él será una cuestión de supervivencia.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Dinero a cambio de nada. Por Paul Krugman


(Nota aparecida en El País de España el Domingo 3 de mayo de 2009)

El 15 de julio de 2007, The New York Times publicaba un artículo con el titular 'Los más ricos entre los ricos, orgullosos de una nueva Época Dorada'. Entre los "nuevos titanes", el que destacaba más prominentemente era Sanford Weill, ex presidente de Citigroup, que insistía en que él y sus homólogos del sector financiero habían obtenido su inmensa fortuna gracias a sus aportaciones a la sociedad.
Poco después de que se publicara dicho artículo, el edificio financiero que Weill se congratulaba de haber ayudado a construir se venía abajo, y provocaba con su caída inmensos daños colaterales. Aunque consigamos evitar que se repita la Gran Depresión, la economía mundial necesitará años para recuperarse de esta crisis.

Todo esto explica por qué debería preocuparnos que las remuneraciones en los bancos de inversión, tras bajar el año pasado, vuelven a dispararse, hasta los niveles de 2007. ¿Por qué es esto preocupante? Déjenme contarles los motivos. En primer lugar, ya no hay razón para creer que los magos de Wall Street realizan de hecho una aportación positiva a la sociedad, y mucho menos una aportación que justifique esas nóminas desmesuradas.
Recuérdese que el dorado Wall Street de 2007 era un fenómeno bastante nuevo. Desde la década de 1930 hasta aproximadamente 1980, la banca era un negocio sobrio y aburrido que, de media, no pagaba mejor que otros sectores, pero hacía que las ruedas de la economía siguieran girando.
Entonces, ¿por qué algunos banqueros empezaron a acumular enormes fortunas? Era, se nos decía, una recompensa por su creatividad, por la innovación financiera. A estas alturas, sin embargo, es difícil pensar en una gran innovación financiera reciente que de hecho ayudase a la sociedad, y que no fuera una forma nueva y mejorada de provocar burbujas, evadir normas y crear de facto pirámides financieras.
Recordemos un discurso reciente de Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal, en el que intentó defender la innovación financiera. Sus ejemplos de innovaciones financieras "buenas" eran: (1) las tarjetas de crédito, que no son precisamente una idea nueva; (2) la cobertura de descubiertos, y (3) las hipotecas subprime. (No me lo invento). ¿Éstas son las cosas por las que pagaban tanto a los banqueros?
Aun así, se podría alegar que tenemos una economía de libre mercado, y que es el sector privado el que debe decidir cuánto valen sus trabajadores. Pero esto me lleva a mi segundo razonamiento: Wall Street ya no forma parte, en un sentido real, del sector privado. Es un pupilo del Estado, tan dependiente de la ayuda pública como los receptores de la Asistencia Temporal a Familias Necesitadas. No hablo sólo de los 600.000 millones de dólares ya asignados del TARP. Están también las enormes líneas de crédito de la Reserva Federal; el préstamo a gran escala efectuado por los bancos federales hipotecarios; los finiquitos de los contratos de AIG financiados por los contribuyentes; la enorme expansión de los avales del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC en sus siglas en inglés), y, más en general, el apoyo implícito proporcionado a todas las empresas financieras consideradas demasiado grandes, o demasiado estratégicas, para quebrar.
Se puede argumentar que es necesario rescatar a Wall Street para proteger la economía en su conjunto, y estoy de acuerdo. Pero teniendo en cuenta el dinero de los contribuyentes que hay en peligro, las empresas financieras deberían comportarse como las de servicios públicos, y no volver a las prácticas y remuneraciones de 2007.
Es más, pagar cantidades ingentes a embaucadores no sólo es indignante; también es peligroso. A fin de cuentas, ¿por qué asumieron los banqueros riesgos tan excesivos? Porque el éxito -o incluso la apariencia temporal de éxito- ofrecía unas recompensas gigantescas: hasta los ejecutivos que hacían saltar por los aires sus empresas podían largarse con cientos de millones de dólares y lo hacían. Ahora estamos viendo que se ofrecen remuneraciones parecidas a gente que puede jugar sus arriesgados juegos con respaldo federal.
¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué van las nóminas camino de la estratosfera una vez más? Las afirmaciones de que las empresas tienen que pagar estos salarios para conservar a sus mejores profesionales no son verosímiles: si el empleo en el sector financiero se está desplomando, ¿adónde va a ir toda esa gente?
No, la verdadera razón por la que las empresas financieras vuelven a pagar tanto es sencillamente porque pueden. Están ganando dinero otra vez (aunque no tanto como afirman), ¿y por qué no? Al fin y al cabo, consiguen préstamos baratos, gracias a todos esos avales federales, y prestan con unos tipos de interés mucho más elevados. Así que comen, beben y son felices, porque a lo peor mañana les regulan.
O a lo mejor no. La sensación palpable en la prensa financiera es que la tempestad ha pasado: las Bolsas suben, la caída en picado de la economía podría estar nivelándose, y es probable que el Gobierno de Obama deje a los banqueros irse de rositas con nada más que unos cuantos discursos severos. Con razón o sin ella, los banqueros parecen creer que las cosas están a punto de volver a ser lo que eran.
Sólo podemos desear que nuestros líderes les demuestren que están equivocados, y lleven a cabo una verdadera reforma. En 2008, unos banqueros demasiado bien pagados que asumieron grandes riesgos con dinero de otros pusieron de rodillas a la economía mundial. Lo último que necesitamos es darles la oportunidad de volver a hacerlo.


Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.

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Propuesta de una política de Estado para el sector energético argentino

(Este documento ha sido elaborado por siete ex secretarios de energía de la Nación, cuyas firmas se encuentran al final)
1- INTRODUCCIÓN
El sector energético afronta serios problemas estructurales sin soluciones a la vista; para resolverlos se debe formular una política de estado a largo plazo; Argentina tiene un presente decadente en materia productiva y un futuro incierto.
1) Los hidrocarburos que representan casi el 90 % del total de la energía primaria consumida por Argentina presentan una situación altamente comprometida: la producción de crudo en nuestro país disminuye desde 1998; la caída productiva respecto
a aquel año supera al 25%, la disminución productiva no se ha revertido y nos encaminamos a una segura importación;
2) las reservas comprobadas disminuyen tanto en petróleo como en gas natural; y no se
han descubierto nuevos yacimientos de tamaño significativo en los últimos 15 años.
Lamentablemente la exploración de riesgo, el verdadero corazón de la actividad
petrolera muestra un notable retroceso en las últimas dos décadas mostrándonos una
performance decreciente que es muy urgente REVERTIR: en 1988 Argentina hizo 103
pozos exploratorios; en 1998 se hicieron 75 pozos exploratorios; en el último año se
hicieron sólo 54 pozos exploratorios (Fuente: Secretaría de Energía e Informe
Estadístico IAPG).
Los precios del petróleo en 1998 eran en promedio para los crudos de la canasta OPEP
12 u$s/barril; muy inferiores a los precios promedio 94 u$s/b registrados en el ultimo
año lo que revela que Argentina no aprovechó el período de precios altos del crudo para
realizar inversiones exploratorias en su territorio.
3) la producción gasífera doméstica está en decadencia desde 2004 y, con demanda
interna en ascenso se necesita recurrir a importaciones crecientes de gas natural para
abastecer sus consumos futuros, sin que existan proyectos desarrollados para tal fin por
falta de planificación energética. Debe tenerse presente que Argentina es un consumidor
intensivo de gas natural y que este energético representa el 50% de nuestro balance de
energía primaria lo que la ubica entre los primeros puestos a nivel mundial.
4) Argentina se encamina hacia la pérdida del AUTOABASTECIMIENTO
ENERGÉTICO que exhibe desde hace casi dos décadas, hecho que de concretarse
debilitará significativamente los saldos de la balanza comercial.
5) Las refinerías argentinas no se han ampliado en los últimos años y operan al máximo
de su capacidad instalada; siendo necesario recurrir en forma creciente a la importación
de gas oil para abastecer nuestro mercado interno.
2
Estas deficiencias en el funcionamiento productivo son padecidas por la población, la
industria y el transporte en las épocas del año en que escasean el gasoil y el gas natural;
6) El sector eléctrico –el otro gran componente del sector energético- ha demostrado
tener serias dificultades para ampliar la oferta en nueva generación: el sector privado
no cuenta en la situación actual con las condiciones mínimas para invertir, y el Estado
cuando lo hace –a través de Enarsa por ejemplo- actúa en forma no planificada y
recurriendo las má s de las veces a costosas soluciones de urgencia: como unidades de
pequeño tamaño, consumidoras de hidrocarburos líquidos importados de alto costo
compradas en forma simultánea y ubicadas en diversos puntos de la red.
El funcionamiento del sistema eléctrico se torna crítico cuando se dan situaciones de
bajas o altas temperaturas o cuando la hidraulicidad es baja. Y el problema obedece
tanto a la insuficiente generación como a las limitaciones de los sistemas de distribución
en los grandes centros urbanos.
En síntesis, el sistema está manejado con visión cortoplacista; no planificado a largo
plazo, con inversiones que se encuentran retrasadas; y, como consecuencia, exhibe un
funcionamiento técnicamente deficiente con perspectivas a agravarse.
Todo ello obedece sin duda a un proceso anormal de la ampliación de la oferta
productiva: no existen inversiones en cantidad y calidad suficientes para garantizar el
abastecimiento de una demanda doméstica creciente (ver cuadro Nº 1); por otra parte es
bien perceptible el claro declive del sistema productivo del sector energía (Cuadro Nº
2).
Cuadro Nº 1
Variación de PBI y Demanda de Energéticos
31 de diciembre de 2008 al 31 de diciembre de 2001
Indicador Var%
PBI a precios de mercado1 43%
Generación Eléctrica 2 43%
Demanda Gas Natural 3 34%
Ventas GNC 3* 43%
Ventas Gas Oil 4* 26%
Ventas Naftas 4* 30%

1Indec. 2Cammesa. 3Enargas. 4Secretaría de Energía.
*Ventas en volúmenes físicos.
3
Cuadro Nº 2
Variación en la Disponibilidad de Energéticos
Años 2008 y 2001
Indicador Var%
Reservas Comprobadas de Petróleo 1** -9%
Reservas Comprobadas de Gas Natural 1** -39%
Exportaciones de Petróleo 1 -86%
Exportaciones de Gas Natural 1 -89%
Producción de Petróleo 1 -18%
Producción de Gas Natural 1 4,5%
1Secretaría de Energía.
** Reservas comprobadas remanentes hasta el final de la vida
útil. 31/12 del año 2007 vs. misma fecha del año 2001.
7) En relación a los precios y tarifas de la canasta energética, Argentina hace un uso
intensivo e indiscriminado de los subsidios al consumo de energía y al transporte. Los
subsidios han sido crecientes y existen dudas sobre la sustentabilidad del sistema. Los
subsidios a la energía representaron en 2007 el 57 % de total, y los correspondientes al
sector transporte – que también tienen una raíz energética- alcanzaron al 28% del total.
Ambos sectores son responsables de 85 % del total de las transferencias a empresas del
sector público y privado. Las estimaciones del total de subsidios para el año 2008
realizadas por la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera
Pública (ASAP) indican $ 16.208 millones para el sector energía y $ 8746 millones
para el sector transporte.
Los Subsidios tienen como principal causa que las tarifas actuales no retribuyen los
costos de capital de los equipamientos ni, en varios casos, los de operación y
mantenimiento, lo que dificulta disponer de un fluido sistema de inversión para ampliar
la capacidad instalada como lo requiere un sistema de demanda creciente como la que
tiene el sistema energético. El resultado es que la ampliación de la capacidad instalada
no sigue a la demanda, y proviene –casi exclusivamente de inversión pública
subsidiada, y no planificada. Para peor, los subsidios indiscriminados en muchos casos
han tenido efectos redistributivos contraproducentes beneficiando más a los que menos
lo necesitan, distorsionando las señales de asignación de los recursos del sector.
Si bien la crisis de fines de 2001obligó a declarar la situación de emergencia, este estado
se prolongó en forma arbitraria e innecesariamente dando lugar a las siguientes
distorsiones:
1) No se cumple la legislación de fondo del sector y la misma es
reemplazada por una cantidad excepcional de normativa
complementaria de dudosa eficacia ;
2) Las instituciones –particularmente la Secretaría de Energía y los
Entes Reguladores sectoriales- están debilitadas y supeditadas a
otras instancias gubernamentales;
3) Los usuarios no pagan por los productos y servicios energéticos las
4
Tarifas previstas en la legislación ni en los contratos de concesión
firmados por el Estado; un bajo nivel tarifario provoca dos efectos
negativos: inhibe la inversión genuina en la oferta y promueve hábitos
de derroche un la demanda
4) La diferencia entre los costos reales de producir energía y las “tarifas
pagadas por el conjunto de la población” da lugar a la solución de
emergencia de cubrir los déficit con subsidios indiscriminados por
parte del Estado nacional cuyo monto puede estimarse para el período
2006-2008 en mas de 8000 millones de u$s,
5) Existe falta de transparencia en el funcionamiento sectorial propio de
la situaciones de emergencia;
6) La inversión privada genuina en sectores de riesgo se retrajo
esperando la intervención de la inversión estatal, insuficiente, y no
siempre oportuna ;
7) No hay Planificación Energética de Largo Plazo,
8) El problema energético se transforma en una restricción para el
conjunto de la economía,
9) En un contexto de manejo sectorial en estado de excepción, es
frecuente que las Instituciones del sector sean utilizadas como
instrumento para justificar arbitrariedades, en vez de cumplir el rol
establecido por las leyes y reglamentaciones, como el de regular los
servicios públicos y controlar el cumplimiento de los contratos
A MODO DE SÍNTESIS.
Tenemos un sector energético en declinación productiva persistente, esa declinación
productiva no es ni accidental ni obedece a una situación de coyuntura que pueda
superarse con el mero transcurso del tiempo, por el contrario se trata de la manifestación
de un problema estructural que abarca cinco aspectos: políticos; institucionales; legales;
técnicos y tarifarios.
SE TRATA DE UN “PENTAPROBLEMA” CUYA SOLUCIÓN ES COMPLEJA Y
DEBE SER ABORDADA ATACANDO A TODOS LOS FRENTES EN FORMA
SIMULTÁNEA, DENTRO DEL MARCO DE UNA POLÍTICA DE ESTADO
ACORDADA ENTRE LOS ACTORES POLÍTICOS Y CON CONTINUIDAD A
TRAVÉS DE LAS DIFERENTES ADMINISTRACIONES GUBERNAMENTALES.
5
2- EL PRESENTE: UNA OPORTUNIDAD QUE NO DEBE SER
DESAPROVECHADA
Puede apreciarse en el cuadro 1, que desde la salida de la convertibilidad, la demanda
energética ha crecido a un ritmo similar a al crecimiento del PBI
Por otro lado el crecimiento económico de nuestro país no fue ajeno a un fenómeno
global de la expansión económica que abarcó tanto a la economía de los países
desarrollados como también la de los grandes países emergentes; esta situación se dio
también en el contexto del crecimiento del precio de los commodities y particularmente
del precio del petróleo que pasó en ese lapso de un precio promedio de 25 u$s/barril en
2002 hasta el record de 140 u$s/barril en julio de 2008.
La suma de crecimiento económico interno de nuestro país con crecimiento de la
demanda energética, combinado con la declinación productiva de los hidrocarburos
(petróleo y gas natural) el esquema de precios y subsidios y la restricción en las
inversiones, pueden explicar el desajuste entre oferta y demanda y con ello el déficit.
Por otra parte, la disparada del precio del petróleo en el mundo y el divorcio de los
precios internos de nuestra canasta energética podría explicar –al menos en parte- el
desordenado crecimiento de los subsidios.
Si ello fuera así, debería tomarse en cuenta que una circunstancia como la que hoy
atraviesa la economía mundial podría jugar a favor de hacer una apuesta nacional hacia
un reordenamiento definitivo de nuestro sector energético. El mundo ha entrado en
recesión y paralelamente los precios del petróleo han bajado hasta ubicarse en torno a
los 40 u$s/barril
Para un país, como la Argentina, con problemas energéticos graves, tener un sector con
menor demanda y con menor precio de los productos energéticos de importación (fuel
oil y gas oil y gas natural) puede constituir la oportunidad de corregir errores cometidos.
Algunos datos que corroboran lo sustentado: a) en 2008 la demanda de energía eléctrica
creció a menos de la mitad de lo pronosticado (un 2,7 % anual; valor mucho menor que
el pronosticado por Cammesa a principios de año); b) la venta de gas natural por redes
disminuyó en 2008 respecto a 2007 en un 1,7%; c) el gasoil –combustible del transporte
y del agro- disminuyó su venta respecto al año 2007. Estos datos son índices claros de
que un proceso económico recesivo ha comenzado en Argentina, probablemente no
reconocido aún por las estadísticas oficiales.
3- LA FALTA DE DIALOGO Y LA NEGACIÓN SISTEMÁTICA DE LA
REALIDAD
No existe un buen tratamiento de la problemática estratégica de la ENERGIA en nuestro
país: la cuestión energética está ausente del DEBATE PARLAMENTARIO; esta
ausente del DIALOGO GOBIERNO - OPOSICIÓN; está ausente también de la
POLÍTICA INTERNACIONAL de la Argentina.
Pero si aquello forma parte de lo que genéricamente se podría llamar el “ámbito
político” no es menos cierto que la cuestión energética también está ausente de un
maduro diálogo entre el GOBIERNO y LOS SECTORES CORPORATIVOS: es de
6
pura lógica que quién más interesado debe estar en tener un sector energético ordenado
y previsible es el sector productivo: la industria, el agro y el transporte.
Es un clásico de estos años la negación de la existencia de problemas estructurales en el
sector energético, y también su ocultamiento a cualquier costo. LA INFORMACION
PUBLICA SOBRE LA REAL MARCHA DEL SECTOR ENERGETICO ES MUY
POCO TRANSPARENTE lo que es a todas luces injusto con la ciudadanía. Mientras
tanto la academia; las empresas, los políticos, las organizaciones profesionales de la
ingeniería; las ONG especializadas que han planteado a lo largo de estos años el
problema no son convocadas por el gobierno ni siquiera para unificar un diagnóstico
común.
4- EL FUTURO: UNA POLITÍCA DE ESTADO PARA EL SECTOR
ENERGÉTICO ARGENTINO
El futuro nos depara grandes y renovados desafíos: superar una situación de crisis sector
generando y proponiendo cursos de acción factibles, de eso precisamente se trata la
política. Es necesario realizar un esfuerzo entre todos para salir del cortoplacismo y
generar UNA POLITÍCA DE ESTADO permanente para el sector energético
ampliamente consensuado; luego cada fuerza política deberá generar los PROGRAMAS
DE GOBIERNO INTEGRAL PARA EL SECTOR ENERGÉTICO.
Este documento somete a consideración de todos los actores UNA POLÍTICA DE
ESTADO; el programa es para todos; los que lo quieran aplicar y los que lo quieran
debatir. Los consensos que explicita tienen por objeto realizar un aporte para iniciar en
nuestro país un proceso racional y consensuado para la elaboración de un programa de
largo plazo que apunte a la solución integral del problema.
La receta es simple de enunciar pero exige un serio compromiso político para su
implementación a largo plazo. Este compromiso debe abarcar en principio a todos los
actores políticos y debe se acompañado –y comprendido – por los sectores económicos
y por los académicos. Los consensos fundantes de una política de estado en materia
energética son:
A- MAYOR INSTITUCIONALIDAD
- RECONSTRUIR LA CAPACIDAD DEL ESTADO NACIONAL PARA
FIJAR CON CRITERIO ESTRATÉGICO LA POLITICA ENERGÉTICA,
(La Energía en Argentina no tiene ningún futuro sin un Estado inteligente,
previsible, previsor y racional);
- MEJORAR LA INSTITUCIONALIDAD DEL SECTOR: MEJORES
LEYES ENERGÉTICAS; MEJORES INSTITUCIONES ENERGÉTICAS;
CUBRIR CON MODERNAS ORGANIZACIONES -empresas y agencias
gubernamentales- LOS VACÍOS INSTITUCIONALES EXISTENTES.
7
B- PLANIFICACIÓN ENERGÉTICA ESTRATÉGICA
- PLANIFICAR LA ENERGÍA A LARGO PLAZO;
- REORIENTAR LA ECUACIÓN ENERGÉTICA DIVERSIFICANDO LAS
FUENTES; priorizando las renovables y no contaminantes.
- MÁS ENERGÍA NUCLEAR; MÁS ENERGÍA HIDROELÉCTRICA;
MAS ENERGIA EÓLICA. MENOS GAS NATURAL;
- DEFINIR LAS MODALIDADES DE ABASTECIMIENTO EXTERNO
DE LAS ENERGÍAS QUE HOY ARGENTINA NO POSEE CON
CRITERIO ESTRATÉGICO.
C- EXPLORACIÓN PETROLERA
- ARGENTINA DEBE LANZAR UNA POLÍTICA EXPLORATORIA
AGRESIVA LIDERADA POR EL ESTADO NACIONAL Y
COORDINADA CON LAS PROVINCIAS QUE REVIERTA DE RAÍZ
LA SITUACION EXISTENTE;
- SE DEBE RECURRIR A LA EXPERIENCIA INTERNACIONAL MUY
EXITOSA QUE SE HA DADO EN LA REGIÓN; LA PLATAFORMA
CONTINENTAL SUMERGIDA DEBE SER EL PRINCIPAL OBJETIVO,
PERO TAMBIEN LO SON LAS ÁREAS CONTINENTALES QUE EN
GRAN MEDIDA CONTINUAN INEXPLORADAS A LA ESPERA DE
UNA POLÍTICA BIEN DISEÑADA Y EJECUTADA EN FORMA
COORDINADA ENTRE LA NACIÓN Y LAS PROVINCIAS.
- EL ESTADO DEBE EJERCER ROLES INDELEGABLES: FIJAR Y
HACER CUMPLIR LA POLÍTICA; ACTUAR COMO PROMOTOR Y
FACILITADOR ; SER GARANTE DEL CUMPLIMIENTO DE LOS
CONTRATOS Y PARTICIPAR DE LA RENTA PETROLERA
- LA EMPRESA PRIVADA DEBE INVERTIR CON TECNOLOGÍA DE
AVANZADA EN EL MARCO DE LA SEGURIDAD JURÍDICA Y EL
CUMPLIMIENTO DE LAS LEYES Y LOS CONTRATOS
D- FINANCIAMIENTO POR FONDOS ESPECIFICOS
DE GRANDES OBRAS DE INFRAESTRUCTURA
- CREACIÓN DE FONDOS ENERGÉTICOS ESPECÍFICOS PARA
COOPERAR EN EL FINANCIAMIENTO DE GRANDES PROYECTOS
–PÚBLICOS Y/O PRIVADOS- CON EXTERNALIDADES QUE NO
PUEDAN SER FINANCIADAS ÚNICAMENTE POR TARIFAS.
ADMINISTRACIÓN TRANSPARENTE Y AUDITABLE DE LOS
MISMOS DE DICHOS FONDOS.
8
E- LA LICITACIÓN PÚBLICA COMO NORMA
PERMANENTE PARA LAS CONTRATACIONES
DE OBRAS DE INFRAESTRUCTURA
- SE IMPONE UNA POLÍTICA DE TRANSPARENCIA EN LAS
LICITACIONES Y CONTRATACIONES CON AUDITORÍAS
INDEPENDIENTES DE TODAS AQUELLAS OBRAS CUYO
DESTINO FINAL SEA LA PROVISIÓN DE SERVICIOS PÚBLICOS
REGULADOS POR EL ESTADO
- LOS PROYECTOS DE INFRAESTRUCTURA ENERGÉTICA DEBEN
SER PROYECTOS MADUROS, CON ESTUDIOS DE FACTIBILDAD
COMPLETOS, CON COSTOS RAZONABLES COMPARADOS CON
ESTÁNDARES INTERNACIONALES, Y DEBEN SER CONCEBIDOS
PARA ACCEDER A LA FINANCIACIÓN NACIONAL E
INTERNACIONAL
F- SANEAMIENTO Y RACIONALIDAD TARIFARIA
- ELIMINACIÓN DE SUBSIDIOS INNECESARIOS; TARIFAS
RACIONALES Y JUSTAS FIJADAS POR EL ESTADO EN UN TODO
DE ACUERDO A LO ESTABLECIDO EN LAS NORMAS LEGALES Y
REGLAMENTARIAS APLICABLES, QUE ASEGUREN EL REPAGO
DE LAS INVERSIONES PUBLICAS Y/O PRIVADAS DEL SECTOR.
G- SUBSIDIOS AL CONSUMO – TARIFA SOCIAL
- TARIFA SOCIAL QUE PERMITA EL ACCESO AL CONSUMO
ENERGÉTICO DE LOS SECTORES MAS DESPOSEIDOS.
H- COMPROMISO GLOBAL DE LA ARGENTINA
CON EL MUNDO
- UN SECTOR ENERGÉTICO ARGENTINO COMPROMETIDO
CON LA LUCHA GLOBAL CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO
QUE PROMUEVA LA UTILIZACIÓN DE TECNOLOGÍAS
AMIGABLES CON EL MEDIO AMBIENTE Y EL USO RACIONAL
DE LA ENERGÍA.
I- ARTICULACIÓN DE LA POLÍTICA ENERGÉTICA
CON LOS PAÍSES DE LA REGIÓN
- LA ENERGÍA ES UNO DE LOS EJES PARA EL FORTALECIMIENTO
DEL MERCADO ECONÓMICO REGIONAL. EL
APROVECHAMIENTO DE RECURSOS ENERGÉTICOS
COMPLEMENTARIOS, Y LA EXISTENCIA DE VÍNCULOS FÍSICOS
ELÉCTRICOS Y GASÍFEROS QUE PUEDEN SER POTENCIADOS
POR LOS NUEVOS EMPRENDIMIENTOS BINACIONALES
9
PROPUESTOS PERMITIRÁN AVANZAR EN LA CONFORMACIÓN
DE MERCADOS REGIONALES DE ENERGÍA
5- DIEZ MEDIDAS PARA UNA POLÍTICA DE ESTADO DEL SECTOR
ENERGÉTICO ARGENTINO
A- LAS INSTITUCIONES ENERGÉTICAS SON FUNDAMENTALES
1. REFUNDAR UNA VERDADERA SECRETARÍA DE ENERGÍA. Fortalecer la
capacidad institucional de la Secretaría de Energía como órgano superior para la
planificación energética del país. En su ámbito operaran todas las actividades
energéticas del gobierno nacional que hoy se encuentran desvinculadas entre si por estar
ubicadas en otras áreas de gobierno. La relanzada Secretaria de Energía actuará en
estrecha cooperación con las áreas estatales que cuentan con capacidades humanas y
técnicas especializadas: CNEA, CONICET, INTI, INTA y Universidades nacionales
2. FORTALECER LOS ENTES REGULADORES. Esto exige normalizar sin ninguna
demora su funcionamiento integrando los directorios con personal altamente calificado
en las materias específicas de la regulación energética como exige la Ley. Todas las
designaciones se harán por concurso público y con la debida participación del
Congreso. En una etapa posterior de reestructuración se conformará un Ente Regulador
Único de Energía, con dos salas especializadas, una en energía eléctrica y otra en
hidrocarburos.
B- LAS TARIFAS ENERGÉTICAS Y LOS SUBSIDIOS PARA LA POBLACIÓN DE
BAJOS INGRESOS
3. POLÍTICA DE PRECIOS Y TARIFAS, previsible y estable fundada en la necesidad
de cubrir los costos eficientes de producción y asegurar la prestación de servicios
generalizados y sin interrupciones o limitaciones artificiales.
Esta política deberá ser complementada con una amplia cobertura social que asegure la
prestación de los servicios a los sectores postergados de la sociedad; esta cobertura será
responsabilidad del Ministerio de Acción Social que procurara que el transporte, la
energía y los servicios de agua potable y cloacas sean suministrados a los sectores de
bajos ingresos.
4. NORMALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS DE GAS Y
ELECTRICIDAD, estableciendo normas que aseguren un flujo permanente de
inversiones orientados a la expansión de los servicios y a preservar la calidad de los
mismos.
C- LA PLANIFICACIÓN ENERGÉTICA DE LARGO PLAZO
5. DIVERSIFICACIÓN DE LA MATRIZ ENERGÉTICA, incrementando la
participación de energías limpias y renovables, como la hidroelectricidad, eólica y
nuclear y los biocombustibles.
10
6- Debe actualizarse en forma urgente el INVENTARIO DE PROYECTOS
HIDRÁULICOS PRIORITARIOS tomando en cuenta estudios actualizados en la fase a
técnica; económica; presupuestaria y ambiental
IMPULSAR LA CONSTRUCCIÓN DE CENTRALES HIDROELÉCTRICAS
NACIONALES Y BINACIONALES: aprovechar la experiencia del pasado en materia
de construcción de grandes obras; licitar la construcción y adjudicar la ejecución de los
emprendimientos en función de los menores precios reclamados para la nueva energía
por los inversores privados que asuman la responsabilidad de construir y operar a su
costo los emprendimientos.
Estas licitaciones se deben realizar sobre el modelo BOT (construya, opere en concesión
un tiempo y luego transfiera), donde los estados pueden aportar garantías de
cumplimiento de las concesiones otorgadas por instituciones financieras como el BID o
el Banco Mundial o la CFI. Esto contribuirá a eliminar los riesgos de corrupción y/o
sobrecostos de construcción que han sido tan comunes en el pasado.
D- ASEGURAR A LARGO PLAZO EL AUTOABASTECIMIENTO DE
HIDROCARBUROS CON NUESTROS PROPIOS YACIMIENTOS
7- Implementación de una nueva política petrolera que infunda seguridad a los
inversores y al mismo tiempo consagre como principio general el mecanismo de
adjudicaciones de concesiones a través de licitaciones abiertas, transparentes y
competitivas. No se renovaran contratos de concesión en forma directa y sin puja
licitatoria.
Reforma de la ley de Hidrocarburos para fortalecer el papel del Estado nacional en la
definición de los criterios generales para la adjudicación de concesiones de áreas de gas
y petróleo. Consagrar como principio general la ESTABILIDAD TRIBUTARIA por el
tiempo de la concesión. Los mismos criterios se aplicaran para la construcción de las
nuevas refinerías que el país ya necesita.
8- AGENCIA NACIONAL DE HIDROCARBUROS: Creación de AGENCIA
NACIONAL DE HIDROCARBUROS con la misión de llevar adelante la política
nacional en materia de exploración y producción de hidrocarburos y de realizar la
planificación del subsector hidrocarburos; de coordinar con las administraciones
provinciales la aplicación homogénea en todo el territorio nacional de la política
petrolera y gasífera que debe ser única; representar los intereses del Estado nacional en
la plataforma económica exclusiva; llevar la estadística sectorial en forma transparente;
ser responsable de las licitaciones de AREAS EXPLORATORIAS en el mar; realizar
AUDITORIAS DE RESERVAS en las áreas concesionadas y permisionadas; etc.
9. ADECUACIÓN DE ENARSA que debe constituirse en una empresa estatal eficiente
sometida a la Auditoria de la AGN para la realización sólo de aquellas funciones que le
sean encomendadas expresamente por el Estado nacional para el adecuado
funcionamiento del sector energético argentino.
Las operaciones que esta empresa lleve a cabo en cumplimiento de su misión – compras
de gas natural; GNL; gasoil o fue l oil; ejecución de obras; etc.- se realizarán por el
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mecanismo de licitaciones públicas. Se dará prioridad a la transparencia de la gestión de
esta empresa. Se evitarán las importaciones innecesarias de combustibles como el fuel
oil del cual nuestro país es exportador neto
E- POLÍTICA DE CONSERVACIÓN ENERGÉTICA QUE CONTRIBUYA A LA
MITIGACIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO.
10- Activa participación de la Secretaria de Energía como el órgano estatal responsable
en diseñar un sector energético "limpio" apto para contribuir a los esfuerzos globales
que enfrenta la Humanidad para mitigar el inevitable proceso de calentamiento global.
Promover las tecnologías conservacionistas para la producción energética; con objetivos
concretos en materia de utilización de cada fuente. Se hará una promoción adecuada y
eficiente para la utilización de esas tecnologías por las familias y las empresas
productivas, así como también en los medios de transporte.

Jorge Lapeña (1986/88)

Roberto Echarte (1988/89)

Raúl Olocco (1989)
Julio César Aráoz (1989/90)

Daniel Montamat (1999/2000)
Emilo Apud (2001)

Alieto Guadagni (2002)

Enrique Devoto (2002/2003)
Nota: los firmantes del documento han ejercido como secretarios de energía en los períodos que se indican entre paréntesis.


Buenos Aires, 11 de marzo de 2009
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domingo, 3 de mayo de 2009

Economía de caja, mentiras y aprietes. Por José Luis Espert

Nota publicada en el suplemento económico de La Nación – 03/05/09

Una manera de definir al kirchnerismo económico es decir que su programa tiene tres patas: proteccionismo industrial (cosa que incluye expoliar al campo y al petróleo), un Estado redistribuidor que exprime a impuestos a los que están en blanco, y negocios (o negociados), como la jubilación anticipada para los miembros de la Corte.
Pero a la luz de lo que está pasando desde hace poco más de un año, hay otra manera de conceptualizarlo que también tiene tres lados: caja, mentiras y aprietes. Eso también es el kirchnerismo.
Desde que comenzó la recuperación de la actividad económica en 2003 y hasta 2007, la recaudación de impuestos a nivel nacional y provincial creció en la impresionante cifra de US$ 58.000 millones. Sin embargo, en 2007 el fisco ya no tenía superávit. La irresponsable política de Néstor Kirchner había realizado un lamentable trabajo. Desde ese momento hasta nuestros días, la carrera por hacerse de más caja ha sido desesperante.
En marzo de 2008, el gobierno de su esposa fue en contra del campo en busca de la rentabilidad agropecuaria con las retenciones móviles, para hacerse, infructuosamente, de US$ 4000 millones anuales. En abril del mismo año, el ex ministro de Economía Martín Lousteau viajaba a Estados Unidos en búsqueda de nuevos préstamos del BID y del Banco Mundial por un total de US$ 15.500 millones, el doble del capital que vencía con ellos en el período 2008-2011. También fracasó.
En octubre, se anunciaba la eliminación de las AFJP, lo que significaba una recaudación adicional para el Anses de US$ 4000 millones por año y un ahorro en los pagos de deuda de US$ 3570 millones entre 2009 y 2011. En noviembre, el Congreso sancionaba, a instancias del Poder Ejecutivo, la reforma de las cartas orgánicas del Banco Central y del Banco Nación para hacerse de US$ 4800 millones de reservas y de US$ 2700 millones de préstamos al sector privado, respectivamente.
Ya en 2009, en febrero se hizo el de canje Préstamos Garantizados, con un ahorro en los pagos de deuda de US$ 3400 millones entre 2009 y 2011. El BCRA anunció hace poco un acuerdo de swap de monedas con el Banco Popular de China por US$ 10.200 millones. El 6 de abril trascendió que Hacienda podría colocarles un bono a los bancos contra los encajes que éstos tienen en el BCRA por US$ 1000 millones en 2009, y en la reciente Cumbre de las Américas la Presidenta estuvo negociando nuevos préstamos del BID por US$ 1500 millones y con el Banco Mundial por US$ 700 millones.
Luego, cuando Lula vino a Buenos Aires hace un par de semanas, Cristina lo sondeó para lograr un préstamo de US$ 1500 millones. Y ya se habla de un impuesto especial (impulsado por el inefable Hugo Moyano) a las ganancias empresarias y de una suba de Internos e IVA a algunos consumos, supuestamente suntuarios.
O el gasto público va a volar de acá a las elecciones legislativas o el Gobierno no tiene un peso partido al medio. O las dos cosas juntas.
En el campo de las mentiras, un sitio de honor lo guardan los famosos US$ 20.000 millones que Néstor Kirchner dijo (a fines de 2004) que los chinos iban a traer al país. En un plano más burdo están los dibujos de la inflación, del desempleo, de la pobreza, de la indigencia y de la actividad económica que salen del "Indek" de Guillermo Moreno. Una falsedad ya gastada es la permanente amenaza de los funcionarios de la Cancillería y de la Secretaría de Industria (con letra de los supuestos damnificados) de invasiones de productos importados desde China y Brasil. Y si algún día no nos invade nadie, desde la Tierra podríamos ir pensando en protegernos de productos fabricados por extraterrestres.
Sigamos con el absurdo de la presidenta, Cristina Kirchner, en la reunión del G-20, afirmando que el FMI no existía, a pesar de que el grupo decidió aumentar la capacidad de préstamo del Fondo en la impresionante cifra de US$ 250.000 millones (casi un PBI argentino). La frase de la Presidenta luce más ridícula aún cuando desde aquel momento su ministro de Economía, Carlos Fernández, no para de presionar para que la capitalización se efectivice ya, así puede dibujar las reservas argentinas en US$ 2500 millones más, y los depositantes creen que están más resguardados. También el Ministro afirmó de manera falaz que la crisis del Primer Mundo era por culpa del mercado y que éste había fracasado ¿Qué tienen que ver con "el mercado" los niveles de apalancamiento desaforados como los que están en el centro de la presente crisis mundial? ¿Acaso el modelo productivo es algún ejemplo a seguir cuando ya estamos en recesión, con empresas que cierran, otras que se van del país, con despidos, con suspensiones, y con dificultades para pagar la deuda?
Tampoco hay que olvidarse de esa frase casi magnánima pronunciada a fines del año pasado, luego del robo a los afiliados a las AFJP, por el titular de la Anses, Amado Boudou, diciendo que con la eliminación del régimen de capitalización "se los estaba salvando" de supuestos miserables haberes que iban a cobrar de los fondos de pensión. Claro, Boudou no dice nada sobre cómo él está esquilmando las futuras jubilaciones de los ex afiliados a las AFJP cuando la Anses financia a tasa subsidiada la compra del auto de Don Pepe, la heladera de Doña Rosa, o a la Tesorería. Ni hablar de cuando prometía que el Estado no iba a ejercer el derecho, a partir del robo, de nombrar directores en empresas privadas. Ahora, éstas no saben de qué disfrazarse para evitar tener un pingüino en sus administraciones.
De complots y otras yerbas
El rubro aprietes es tan frondoso en el firmamento kirchnerista como la caja y las mentiras. Uno de los primeros ya ocurrió al año de que Kirchner asumió la presidencia, cuando denunció un complot (de intelectuales de derecha) para impedir el cambio que él encarnaba. Más recientemente denunció un complot destituyente de las patronales "de Martínez de Hoz y Cavallo", desconociendo que el campo, por el atraso cambiario de sus planes, se fundió con ellos por lo que es difícil que los productores agropecuarios los recuerden con cariño. También tenemos el boicot que pidió en contra de Shell. Siguió con los aprietes a los bonistas para que entraran al canje de Lavagna, bajo la amenaza de quedar en el limbo de los impagos (como pasó efectivamente con los holdouts ), para que los propietarios extranjeros de empresas privatizadas inviertan aún con contratos defaulteados y tarifas congeladas (hasta hace poco), para que los bancos privados presten, para que las empresas inviertan, para que los medios digan que es un prócer y para que lo votemos en las próximas elecciones de junio y de esa manera "evitemos un 2001".
Hay otra cosa peor que todo lo anterior. Los Kirchner lo hacen sabiendo que no constituye nada bueno para el país, sino que es toda una cuestión de luchas de poder para llevar adelante la revolución que les quedó trunca en 1976.


El autor es economista y socio de Espert y Asociados.


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Nuestra torpeza. Domingo F. Cavallo

(Nota publicada en Diario Perfil el Domingo 3 de mayo de 2009)

La interpretación que prevalece en nuestro país sobre el origen de la crisis global, los mecanismos para su solución y la causa de nuestra crisis estanflacionaria es totalmente equivocada. Si nuestra dirigencia no lo comprende, aun cuando la mayoría de la naciones encuentre una salida y vuelvan a crecer sostenidamente, nosotros seguiremos enredados en una crisis local mucho más grave que la que ya nos aqueja y estaremos cada vez más aislados del mundo.
La interpretación que prevalece en Argentina.
Los economistas que dan apoyatura intelectual a las políticas de los Kirchner, así como los empresarios que bregaron por la pesificación con devaluación para licuar sus pasivos en 2002, entienden que la crisis global, iniciada en EE.UU. en agosto de 2007 demuestra el fracaso de la economía de mercado abierta al comercio y al movimiento de capitales, sin suficiente intervención de los Estados nacionales para proteger la producción interna de bienes y servicios. Sostienen que este fracaso quedó demostrado cuando entraron en crisis las políticas de los 90 en Argentina, entre 1999 y 2002.
Entienden que la solución es la que se aplicó en Argentina desde 2002, es decir la implementación de lo que denominan el “modelo productivo”, para contraponerlo al “modelo neoliberal”, al que caracterizan como la prevalencia de los intereses del sector financiero y de los exportadores e importadores sobre los intereses de los que producen bienes y servicios para el mercado interno. Y atribuyen la crisis de la economía argentina al impacto negativo de la crisis global sobre nuestro país que, de otra manera, habría continuado creciendo, según ellos, al ritmo que lo hizo entre 2003 y los tres primeros trimestres de 2008.
Si ésta fuera la interpretación sólo de los Kirchner y sus seguidores, se podría sostener que se trata de una lectura oportunista de la realidad frente a la necesidad de llevar adelante una campaña electoral que se presenta difícil para el oficialismo. Pero muchos de los dirigentes y economistas que habiendo apoyado a Néstor Kirchner durante una buena parte de su mandato se han distanciado de él desde su ruptura con Duhalde algunos, desde la salida de Lavagna del Gobierno otros, o desde la aparición del conflicto con el campo los más, parecen tener la misma interpretación que los Kirchner, al menos respecto de lo que significa la crisis global y cuál es su solución.
Sólo se diferencian de los Kirchner por las causas de la crisis que sufre ahora la Argentina. Sostienen que antes que el impacto negativo de la crisis global, son más responsables los errores de los Kirchner al dejar atrasar el tipo de cambio desde fines de 2006 en adelante.
La interpretación que prevalece en el mundo.
Aunque hay interpretaciones diversas, en el mundo prevalece la opinión de que la crisis global tiene su origen en la subestimación del riesgo asociado a inversiones inmobiliarias y de otro tipo en economías en las que abundó la liquidez y el optimismo, principalmente, pero no exclusivamente, en los Estados Unidos. Algo parecido ocurrió en España, Inglaterra, Irlanda y los países de Europa oriental.
El exceso de liquidez y el optimismo exagerado no se debió a la falta de intervención de los Estados nacionales sobre la economía, sino a la ausencia de mecanismos de coordinación y supervisión global de las intervenciones estatales nacionales que, tanto en países superavitarios como deficitarios, contribuyó por igual al desbalance global de la última década.
Los excesos de liquidez en las economías que pudieron sostener por muchos años fuertes déficits en las cuentas corrientes de sus balanzas de pagos, tuvieron que ver con políticas monetarias expansivas de sus bancos centrales y con las intervenciones de los Estados de muchas economías emergentes que, para evitar la repetición de crisis financieras que las habían afectado en el pasado, siguieron políticas mercantilistas para generar fuerte superávits en las cuentas corrientes de sus balances de pagos. Precisamente, como lo hiciera Argentina desde 2002 en adelante.
Por consiguiente, si ésta es la interpretación más aceptada sobre el origen de la crisis global, es inimaginable que la solución se consiga con una generalización de las políticas mercantilistas como las que pregonan en Argentina los promotores del “modelo productivo”. Por el contrario, en la reunión del G-20 en Londres, se puso énfasis en el compromiso de evitar el proteccionismo y en la necesidad de dar crédito a las economías emergentes para que puedan aplicar políticas expansivas de su demanda interna y no se vean obligadas a generar superávits en la cuenta corriente de su balanza de pagos.
Esta estrategia para sacar al mundo de la crisis global va a determinar que el consumo y la inversión aumenten en las economías emergentes que tienen muchas reservas y conservan buen crédito público, como China, India, Brasil, México y la misma Rusia. Los EE.UU. serán los primeros interesados en que esto ocurra, porque necesitan que alguien compense la caída del consumo y la inversión que sufren y que, si bien podrá atenuarse con las medidas monetarias y fiscales que está aplicando el gobierno de Obama, no se puede revertir totalmente, porque la tasa de ahorro de las familias norteamericanas debe necesariamente aumentar.
En este contexto no debería esperarse un impacto demasiado negativo de la crisis global sobre la economía argentina, porque nuestros principales productos de exportación tienen precisamente como mercados estas economías emergentes y sus precios no deberían bajar mucho más de lo ya han bajado. Además, tienen todavía precios que son casi el doble de los que se conseguían en la década de los 90. ¿Por qué entonces hay más pesimismo que en la mayor parte de las economías emergentes?
La razón es simple. Mientras las economías emergentes, especialmente las que acabo de mencionar, cuentan con un elevado nivel de reservas y muy buen crédito público, nuestra economía apenas tiene reservas para respaldar los pasivos monetarios del Banco Central y el crédito público está más deteriorado que nunca. Además, nuestra economía sufre una inflación persistente y está comenzando a aparecer un déficit fiscal que sólo podrá ser financiado con emisión monetaria. Y los sectores más productivos están agobiados por impuestos distorsivos que desalientan la producción y la inversión.
En otras palabras, nuestros problemas no se originan en la crisis global sino que son fruto de nuestra propia torpeza.
Debemos advertir el error y reinsertarnos en el mundo.
Para salir de esta trampa en la que hemos caído por errores de diagnóstico y la tendencia a culpar a otros de nuestros males, debemos cambiar de actitud frente al mundo. Cumplir con los compromisos asumidos en las reuniones del G-20 y dejar de encerrar a nuestra economía con medidas proteccionistas de viejo cuño que nos malquistan con nuestros vecinos y nos alejarán de China, nuevo actor del escenario mundial.
Debemos aprovechar los mecanismos que están poniendo en marcha las instituciones financieras internacionales para reconstruir el crédito público. No será imposible, siempre y cuando estemos dispuestos a dejar de mentir con nuestras estadísticas y demostremos voluntad de encontrar soluciones mediante el diálogo y la negociación con los acreedores que aún sufren nuestro default de la deuda: los países nucleados en el Club de París y los tenedores de bonos que no se presentaron al canje.
La recuperación del crédito público, en particular el de los organismos, permitirá que el déficit fiscal, sobre todo el que surja de la eliminación de los impuesto distorsivos, no agrave las presiones inflacionarias que surgen de los inevitables ajustes de precios y tarifas antes congelados.
Apenas termine el proceso electoral, cualquiera sea su resultado, el Gobierno debe revisar con sensatez la estrategia seguida desde 2002. Esperar hasta diciembre de 2011, cuando seguramente asumirá un nuevo gobierno, significará una tragedia, porque si no encontramos una salida a la trampa estanflacionaria, las consecuencias sociales en los próximos dos años y medio serán muy dolorosas. Argentina no puede seguir desafiando al mundo con arrogancia, restringiendo las importaciones con medidas proteccionistas y desalentando la inversión y la producción de alimentos y energía.
Estos son los dos rubros en los que nuestros valiosos recursos naturales nos ofrecen oportunidades extraordinarias de generación de ingresos y riqueza y nos permiten contribuir a resolver la crisis alimentaria y energética global que, lejos de haber desaparecido, se acentuará cuando se hayan superado los problemas financieros que hoy agobian al mundo.
Nuestros dirigentes deberían prestar atención a lo que opinan los presidentes de Brasil, Uruguay, Chile, Perú y Colombia. Acabo de participar en Washington en muchas reuniones en las que pensadores de todas las latitudes aportan ideas para resolver la crisis global. En ninguna he escuchado opiniones positivas sobre el discurso oficial de la Argentina, en contraste con la simpatía que despierta entre gente de distintas posiciones ideológicas, pero obsesionada por encontrar soluciones, la posición de los países hermanos que he mencionado. En nada nos ayuda identificarnos con la Venezuela de Chávez y la Cuba de Fidel. La mayoría de los dirigentes políticos y económicos del mundo identifica los regímenes de estos países como resabios de un pasado al que nadie quiere volver.
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viernes, 1 de mayo de 2009

Brotes verdes y rayos de esperanza. Por Paul Krugman


Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, ve "brotes verdes". El presidente Barack Obama ve "rayos de esperanza". Y el mercado de valores ha subido. Entonces, ¿ha llegado la hora de anunciar que el peligro ha pasado? He aquí cuatro motivos para ser prudentes respecto a la perspectiva económica.

1. Las cosas siguen empeorando. La producción industrial acaba de alcanzar su mínimo de los últimos 10 años. La construcción de viviendas sigue estando en una situación lamentable. Las ejecuciones hipotecarias, que disminuyeron cuando las empresas de hipotecas estaban a la espera de conocer los planes para la vivienda de la Administración de Obama, están aumentando otra vez.
Lo más en lo de "puntuales": la última edición del Beige Book, la encuesta periódica de la Reserva Federal sobre la situación de las empresas, afirma que "5 de los 12 distritos han notado una moderación en el ritmo del declive". ¡Yupi!
2. Algunas de las buenas noticias no resultan convincentes. La noticia positiva más importante de los últimos días llega de los bancos, que han estado anunciando unos beneficios sorprendentemente buenos. Pero algunos de esos informes de beneficios parecen un poco... raros.
Wells Fargo, por ejemplo, ha anunciado los mejores beneficios trimestrales de su historia. Pero los beneficios anunciados por un banco no son un número fiable, como las ventas; dependen mucho, por ejemplo, de la cantidad que el banco reserve para cubrir las pérdidas futuras que prevé tener a causa de sus préstamos. Y algunos analistas han expresado dudas considerables sobre las suposiciones de Wells Fargo, así como sobre otros asuntos relacionados con la contabilidad.
Mientras tanto, Goldman Sachs ha anunciado un gran salto en los beneficios desde el cuarto trimestre de 2008 hasta el primero de 2009. Pero, como los analistas se han apresurado a señalar, Goldman ha modificado su definición de trimestre (como consecuencia de un cambio en su estado legal), de forma que (se lo juro) el mes de diciembre, que resultó ser un mal mes para el banco, ha desaparecido de esta comparación.
No quiero exagerar con esto. Tal vez los bancos realmente hayan pasado de unas graves pérdidas a unos cuantiosos beneficios en un tiempo récord. Pero es natural que nos sintamos escépticos en estos tiempos de Madoff.
¡Ah!, y para quienes están esperando que las pruebas de esfuerzo del Departamento del Tesoro lo aclaren todo: el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, asegura que "verán de forma sistemática y coordinada la transparencia de determinar algunos de los resultados de estas pruebas de esfuerzo y mostrárselas a todos los implicados". No, yo tampoco sé lo que significa eso.
3. Todavía podrían caer más torres. Incluso durante la Gran Depresión, no todo fue siempre cuesta abajo. En concreto, hubo una pausa en la caída al cabo de aproximadamente un año y medio (más o menos, el punto en que estamos ahora). Pero luego se produjeron una serie de bancarrotas a ambos lados del Atlántico, combinadas con algunas jugadas políticas desastrosas que se originaron cuando los países intentaron defender el moribundo patrón oro, y la economía mundial volvió a despeñarse.
¿Podría suceder esto otra vez? Bueno, el sector inmobiliario comercial en una situación crítica, las pérdidas de las tarjetas de crédito están aumentando drásticamente y nadie sabe todavía lo mal que se pueden poner las cosas en Japón o Europa del Este. Probablemente no se repetirá el desastre de 1931, pero decir que lo peor ya ha pasado está muy lejos de ser cierto.
4. Incluso cuando haya pasado, no habrá pasado. Oficialmente, la recesión de 2001 sólo duró ocho meses y terminó en noviembre de ese año. Pero el paro siguió subiendo durante otro año y medio más. Lo mismo pasó tras la recesión de 1990-1991. Y hay muchas razones para creer que esta vez también sucederá lo mismo. No se sorprendan si el paro sigue subiendo a lo largo de 2010.
¿Por qué? Las recuperaciones en forma de V, en las que el empleo experimenta mejorías espectaculares, sólo se producen cuando hay gran cantidad de demanda reprimida. En 1982, por ejemplo, la vivienda estaba aplastada por los altos tipos de interés, así que cuando la Reserva Federal alivió la presión, las ventas de casas subieron. Eso no es lo que sucede esta vez: hoy, la economía está deprimida, por así decirlo, porque hemos acumulado demasiada deuda y construido demasiados centros comerciales, y nadie está de humor para un nuevo aumento del gasto.
El empleo terminará por recuperarse, como siempre lo hace. Pero, probablemente, no será con rapidez. Así que, ahora que he conseguido deprimir a todo el mundo, ¿cuál es la solución? La persistencia.
La historia demuestra que el optimismo prematuro es uno de los grandes peligros políticos cuando uno se enfrenta a una grave crisis económica. Roosevelt respondió a los signos de recuperación recortando a la mitad el presupuesto de la Administración para la Mejora del Trabajo y subiendo los impuestos; a renglón seguido, la depresión volvió con toda su fuerza. Japón descuidó sus esfuerzos a medio camino durante su década perdida y se aseguró otros cinco años de estancamiento.
Los economistas de la Administración de Obama entienden todo esto. Están diciendo las cosas apropiadas respecto a mantener el rumbo. Pero existe un riesgo real de que todos esos comentarios sobre brotes verdes y rayos de esperanza alimenten una complacencia peligrosa.
Así que éste es mi consejo, tanto para los ciudadanos como para los políticos: no cuenten los huevos de la recuperación hasta que los polluelos hayan salido del cascarón.
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.
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