domingo, 7 de junio de 2009

Política fiscal en América latina. Por Nadín Argañaraz

(Nota publicada en La Nación - Domingo 7/06/2009)
En estas líneas se presenta un análisis comparativo simple de los principales lineamientos de política fiscal que están llevando adelante la Argentina, Chile, Brasil y Estados Unidos en estos momentos, poniendo énfasis en la evolución que están teniendo los ingresos fiscales.
La política anticíclica frente a la crisis.
Las autoridades económicas de un país tienen la posibilidad de contribuir al aumento de la demanda de bienes y servicios de una economía por dos vías. Por un lado, reducir la presión tributaria legal y aumentar el ingreso disponible de los agentes económicos. Por otro, aumentar el gasto público, que acrecienta la absorción interna, por ejemplo a través de más dinero en manos de los empleados públicos y jubilados y/o más inversiones públicas.
El caso chileno. A principios de 2009 el Senado de Chile aprobó un paquete de medidas por más de US$ 4000 millones, que representaba el 2,8% del PBI. El plan incluye rebajas tributarias transitorias y otros estímulos a la inversión. La financiación de estas políticas anticíclicas está en gran parte contemplada y asegurada por la regla fiscal instaurada en 2001, por medio de la cual en los recientes años de boom económico y de precios de las commodities , el país fijó un superávit estructural del 1% del PBI (posteriormente rebajada), y con los excedentes conformó el Fondo de Estabilización Económica y Social, que acumuló US$ 20.210 millones a diciembre de 2008.
La realidad de los ingresos fiscales del gobierno chileno en el primer trimestre de 2009 fue que bajaron un 28,8% en moneda real, con fuertes caídas en los rubros relacionados a la minería (-83,7%). La caída en términos de PBI se tiene que se aproximó a 2,4 puntos porcentuales.
Teniendo en cuenta la reducción de ingresos junto con la expansión de los gastos, Chile revertiría el superávit fiscal de 2008 (5,7% del PBI), proyectándose un déficit de 2,9% de su PBI para el corriente año.
El caso brasileño.
Brasil anunció rebajas tributarias para aumentar el consumo, como los cambios a las tablas del impuesto a la renta beneficiando a la clase media. También la reducción a la mitad del impuesto a ciertas operaciones de crédito y el diferimiento de impuestos federales y estaduales.
Se puso en marcha un Programa de Aceleración del Crecimiento a través de líneas de crédito e inversión pública, que se financia con el Fondo Soberano de Brasil, una especie de fondo anticíclico creado en diciembre de 2008 por US$ 6720 millones, equivalente al 0,5% de su PBI.
En el primer cuatrimestre del 2009 el gobierno registró una caída interanual del 1,7% en sus ingresos. En términos de PBI, la reducción fue del orden de 1,5 puntos porcentuales.
A lo largo del año es factible que el gobierno vea reducido el superávit primario anual en alrededor de un punto porcentual de su PBI.
El caso estadounidense.
Estados Unidos lanzó un paquete de medidas que implicaría que su ratio déficit fiscal/PBI más que se duplicaría este año, y llegaría al 13,6%, según el último World Economic Outlook de la OCDE. El plan de estímulo y rescate financiero de la administración Obama incluye recortes de impuestos y gastos directos cuyo costo fiscal puede significar cinco puntos porcentuales del PBI. La caída de los ingresos fiscales del primer trimestre de 2009 en relación con los primeros tres meses de 2008 fue del 8,2%. En relación con el PBI, la reducción se aproximaría a los 2,3 puntos porcentuales.
El caso argentino.
El caso argentino se inscribe en líneas generales dentro de la situación de freno en la actividad económica real que vive el resto de países. Pero los ingresos fiscales, si bien muestran una fuerte desaceleración respecto del año anterior, aún crecen en términos nominales (12,3% en el primer cuatrimestre). Si la comparación se hace con el PBI, se observa que crecieron casi marginalmente, cerca del 0,1% del PBI.
Como el lector seguramente se lo estará preguntando, sin la consideración de los aportes personales de las ex AFJP y de los reembolsos de IVA demorados, los ingresos fiscales del gobierno hubieran crecido solamente 3%, lo que en términos de PBI implicaría una caída del orden de 1,5 puntos porcentuales.
Analizando la evolución de los últimos cuatro años, que en gran parte coincidieron con un fuerte período de expansión de la actividad y términos del intercambio favorables, se puede afirmar que el gasto público prácticamente siempre creció por encima de las variaciones de los recursos fiscales. El superávit primario se mantuvo, dado que la serie nace con un nivel de ingresos superior al de los gastos. Sin embargo, la brecha se fue cerrando, y en marzo y abril de este año ya se verificaron las primeras tasas negativas, es decir, reducciones del propio valor absoluto del superávit. En el primer cuatrimestre se tuvo un superávit primario del 1,5% del PBI, cuando en igual período de 2008 había sido del 3,5%. Por la combinación de ingresos y gastos, se puede afirmar que la caída en el superávit se explica básicamente por un crecimiento del gasto público mayor al del PBI nominal y obviamente al de los ingresos fiscales (alrededor del doble).
En la Argentina no hubo una reducción de la presión fiscal, incluso se podría decir que la alícuota del impuesto a las ganancias (35%) es una de las más altas en América latina, yendo en contraposición con la tendencia mundial hacia su disminución.
Una visión comparada. Como puede apreciarse, de estos cuatro países la Argentina es el único que no tuvo un descenso de sus ingresos fiscales. Mientras sus ingresos en términos de PBI prácticamente no variaron respecto de 2008, en los otros tres países se redujeron en promedio en 2 puntos porcentuales.
Como se lo describió anteriormente, sin los ingresos fiscales extras, la caída en nuestro país hubiera sido del orden de 1,5 puntos porcentuales, con escasa diferenciación del resto.
El rol de la inflación. Más allá de las diferentes estructuras tributarias que tienen los países y sin el objeto de ponderar la importancia relativa de los factores típicos que inciden en la recaudación de ingresos, resulta simple evaluar los comportamientos relativos de la inflación para los primeros meses del año. Se aprecia que la Argentina tuvo una inflación anual del orden del 16,2%, Chile una del 5,6%, Brasil una del 6,1% y Estados Unidos una negativa del 0,04 por ciento.
Una reflexión final. Por lo descripto anteriormente, no resulta correcto adjudicar a un diferente comportamiento de la actividad económica real las diferencias de recaudación entre países. Además de los nuevos ingresos de las ex AFJP, la inflación relativa de la Argentina algún efecto tiene en la performance de la recaudación nominal, lo cual no debería tomarse como un hecho positivo.
El autor es presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf)

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El gran miedo a la inflación. Por Paul Krugman


De repente parece que todos hablan de la inflación. Opiniones muy severas advierten de que la hiperinflación está a la vuelta de la esquina. Y puede que los mercados se estén dejando llevar por esta alarma: los tipos de interés de los bonos del Estado a largo plazo están subiendo, y el temor a la futura inflación es una de las posibles razones de esa subida.
¿Pero tiene sentido este gran miedo a la inflación? Básicamente no, aunque con una advertencia a la que llegaré más tarde. Y sospecho que este miedo tiene que ver, al menos en parte, con la política, no con la economía.

Vayamos al grano. Es importante que nos demos cuenta de que no hay asomo de presiones inflacionarias en la economía ahora mismo. Los precios al consumo están más bajos que hace un año y las subidas salariales se han estancado debido al alto desempleo. El peligro claro y actual es la deflación, no la inflación.
Entonces, si los precios no suben, ¿a qué se debe esta preocupación por la inflación? Algunos afirman que la Reserva Federal está acuñando montones de dinero, lo cual tiene por fuerza que ser inflacionario, mientras que otros dicen que el déficit presupuestario acabará obligando al Gobierno estadounidense a reducir su deuda mediante la inflación.
Lo primero es sencillamente falso. Lo segundo podría ser correcto, pero no es así.
Sí es cierto que la Reserva Federal últimamente ha estado tomando medidas sin precedentes. Más concretamente, ha estado comprando muchísima deuda, tanto pública como del sector privado, y financiando estas compras atribuyendo a los bancos reservas adicionales. Y en tiempos normales, esto sería muy inflacionario: los bancos, nadando en reservas, aumentarían los préstamos, lo cual elevaría la demanda, lo que a su vez haría que subieran los precios.
Pero los tiempos que corren no son normales. Los bancos no están prestando sus reservas extra. No las están dando trámite y, de hecho, están devolviendo el dinero con rapidez a la Reserva Federal. De modo que, a fin de cuentas, la Reserva no está acuñando realmente dinero.
Aun así, ¿esas medidas no acabarán siendo inflacionarias, antes o después? No. El Banco de Japón, enfrentado a dificultades económicas no muy distintas de las que nosotros afrontamos hoy, compró deuda a grandísima escala entre 1997 y 2003. ¿Y qué pasó con los precios al consumo? Que bajaron.
En el fondo, buena parte del actual debate sobre la inflación nos recuerda lo ocurrido en los primeros años de la Gran Depresión, cuando muchos personajes influyentes prevenían sobre la inflación aunque los precios estuvieran cayendo. Como escribía el economista británico Ralph Hawtrey, "se manifestaban temores fantasiosos a la inflación. Era como gritar 'fuego' durante el diluvio universal". Y añadía: "Cuando la depresión y el desempleo amainan es cuando la inflación se vuelve peligrosa".
¿Corremos el riesgo de que suba la inflación cuando la economía se recupere? Eso afirman quienes contemplan proyecciones de que la deuda federal superará el cien por cien del PIB, y dicen que Estados Unidos tendrá finalmente que reducir su deuda recurriendo a la inflación: es decir, subir los precios para que se reduzca el valor real de la deuda.
Cosas así han ocurrido en el pasado. Por ejemplo, Francia redujo mediante la inflación buena parte de la deuda en la que había incurrido durante la I Guerra Mundial.
Pero faltan ejemplos más actuales. En las últimas dos décadas, Bélgica, Canadá y, por supuesto, Japón han experimentado episodios en los que la deuda superaba el cien por cien del PIB. Y Estados Unidos salió de la II Guerra Mundial con una deuda superior al 120% del PIB. En ninguno de estos casos recurrieron los Gobiernos a la inflación para resolver sus problemas.
Entonces, ¿hay razones para pensar que se acerca la inflación? Algunos economistas son partidarios de mantener una política deliberada de inflación moderada, como método para fomentar el préstamo y reducir la carga del endeudamiento privado. Yo estoy de acuerdo con estos argumentos, y expuse un razonamiento similar para Japón en la década de 1990. Pero la defensa de la inflación nunca prosperó entre los políticos japoneses de aquel entonces, y no hay señales de que esté arraigando entre los políticos estadounidenses de hoy.
Todo esto plantea la siguiente pregunta: si la inflación no es un riesgo real, ¿por qué todas esas afirmaciones de que sí lo es?
Bien, como ya se habrán dado cuenta, a veces los economistas disienten. Y las grandes disensiones son especialmente probables en tiempos extraños como éstos que corren, en los que muchas de las normas habituales ya no son válidas.
Pero es difícil que a uno no le dé la impresión de que el actual alarmismo respecto a la inflación es en parte político, y que procede en gran medida de economistas que no tenían problema con el déficit causado por las rebajas de impuestos, pero que de repente se convirtieron en cascarrabias fiscales cuando el Gobierno empezó a gastar dinero para sacar la economía a flote. Y su objetivo parece ser el de presionar al Gobierno de Obama para que abandone los planes de recuperación.
Huelga decir que el presidente no debería dejar que le intimiden. La economía sigue teniendo grandes problemas y necesita una ayuda continua.
Sí, tenemos un problema presupuestario a largo plazo, y tenemos que empezar a sentar las bases de una solución a largo plazo. Pero en lo referente a la inflación, lo único que debemos temer es al propio miedo a la inflación. -
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.
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lunes, 1 de junio de 2009

Un crédito para apostar a la inflación. Por Roberto Cachanovsky


Los famosos créditos para inquilinos que había anunciado Kirchner poco días antes de las elecciones del 2007 (si mal no recuerdo) quedaron en solamente eso. Un anuncio sin trascendencia. Habrá que ver si en esta oportunidad no queda todo en otro globo de ensayo de frente a las elecciones del 28 de junio o efectivamente se otorgan. Las dudas surgen porque el gobierno anunció un monto total de créditos disponibles por U$S 1.600 millones. Al tipo de cambio vigente son aproximadamente $ 6.000 millones. Considerando que el stock de créditos hipotecarios al 22 de mayo era de $ 18.000 millones, el gobierno estaría dispuesto a financiar créditos por el equivalente al 33% del stock de créditos actuales. Un porcentaje nada despreciable.
Pero dejando de lado las dudas sobre el efectivo cumplimiento del anuncio, han informado que miles de personas han formulado consultas al respecto. Claro, es que la ausencia de un mercado de capitales hace inviable el otorgamiento de este tipo de créditos y por eso la gente trata de agarrarse de la primera madera que puede en el medio del naufragio con la ilusión de salvarse. Por ejemplo, para que un banco privado pueda otorgar estos créditos, el fondeo no lo puede sostener con los depósitos que tiene. Es que más del 50% de los depósitos en el sistema financiero están a la vista (cuentas corrientes y cajas de ahorro) y el resto está en plazos fijos a plazos no mayores a los 60 días. Otorgar préstamos a 15 años de plazo contra pasivos que, potencialmente, vencen todos los días, es un poco loco. Los bancos podrían otorgar créditos a esos plazos si existiera un mercado de capitales (ahorro privado) dispuesto a comprar esos créditos para devolverles liquidez a las entidades financieras. Puesto en otras palabras, los bancos otorgarían esos créditos, luego los venderían y recuperarían liquidez para hacer frente a los pagos en ventanilla. Pero hoy eso no puede hacerse en Argentina, entre otras causas, porque el gobierno ha destruido el mercado de capitales y además no tenemos moneda. ¿Cómo es posible que ahora surjan estos créditos a esos plazos? Porque se utiliza, para financiar estos créditos, el dinero de los que aportamos al sistema previsional. Aquí caben dos posibilidades: a) que la ANSES esté financiando estos créditos con superávit entre lo que le ingresa por los impuestos al trabajo que cobra y lo que le paga a los jubilados o b) que los financie con parte de los fondos que nos confiscaron de las AFJP. Si es el primer caso, quiere decir que la ANSES está estafando a los actuales jubilados porque el sistema de reparto no es otra cosa que un sistema por el cual los que estamos en actividad pagamos impuestos para sostener a los jubilados. Si hay superávit quiere decir que nos cobran impuestos que no van a los jubilados. Si el financiamiento proviene de la utilización de los fondos que nos confiscaron, hay otro debate a considerar que es el costo de estos créditos anunciados. Veamos un ejemplo. Supongamos que un matrimonio joven quiere comprar un departamento de 2 ambientes. Si desea comprar algo potable y en una zona que no sea marginal, tiene que pensar en unos U$S 50.000, esto es $ 188.000. Las condiciones del crédito son que le prestan hasta el 70% del valor del inmueble, es decir, unos 132.000 pesos y tiene que tener ahorrado el resto. Para un plazo de 15 años, la tasa anual anunciada, para un departamento usado, fue del 15,20% fija. Pero lo relevante no es la tasa nominal anunciada, sino el costo financiero total (CFT), que incluye la tasa de interés que habrá que pagar, más los gastos de seguro, comisión por el otorgamiento del crédito, gastos de administración, impuestos, etc. En este caso la tasa trepa, entonces, a casi el 19%. Primera reflexión, el gobierno anunció, con bombos y platillos, un plan para beneficiar a la clase media. Al mismo tiempo el INDEC dice que la tasa de inflación es del 7% anual, por lo tanto, la tasa de interés real sería del 12% anual. Realmente, una flor de tasa y totalmente inconsistente con las declaraciones de Kirchner de días pasados en que le decía a los bancos que tenían que bajar la tasa de interés. Probablemente estas tasas sean menores a las que cobran los bancos (aunque no hay bancos privados que otorguen préstamos hipotecarios) pero en todo caso es como decirle a la gente que el gobierno es bueno porque los bancos los quieren matar con dos tumores malignos y él les ofrece matarlos solo con un tumor. Volviendo al ejemplo, si el matrimonio joven de clase media tomara este crédito por $ 132.000, pagaría una cuota mensual, a un plazo de 15 años, de $ 2.160. Esto significa que en 180 cuotas, bajo el sistema francés, terminaría pagando unos 388.000 pesos (peso más, peso menos). Si el valor total del departamento era de $ 188.000 (el equivalente a los actuales U$S 50.000) terminaría pagando dos veces el departamento y tres veces el monto del crédito solicitado. Un concepto un tanto curioso el de Cristina Fernández de Kirchner al anunciar estos créditos que supuestamente benefician a la clase media. Yo diría: ¡mejor no me ayuden! ¿Se justifica, entonces, tomar este crédito? Solo si el joven matrimonio considera que la economía vivirá otro de sus típicos saltos inflacionarios. O sea, el gobierno solo estaría otorgando créditos beneficiosos para la población si se dispara la inflación y los salarios se ajustan en un contexto de desmadre inflacionario que le permita licuar la deuda al tomador del crédito. Si el panorama que nos pinta el matrimonio presidencial es de un país con estabilidad en los precios, más que darle una mano a la gente, le estaría tirando un salvavidas de plomo. Si, por el contrario, el matrimonio que toma el crédito apuesta a una fenomenal licuación de su deuda gracias a un pronunciado proceso inflacionario, entonces los Kirchner no estarían otorgándole una ayuda a los tomadores de crédito, estaría estafando a los futuros jubilados que terminarían pagando el costo de la licuación dado que se están usando sus recursos para financiar estos créditos. Es decir, estarían estafando al mismo matrimonio que el día de mañana se jubilará y, por efecto de la inflación, recibirá migajas por su retiro. Le estarían vendiendo espejitos de colores. Hoy te doy un departamento y mañana te morís de hambre. Total, en ese momento, yo ya no voy a estar en el gobierno y podré acusar a los futuros gobernantes de lo mal que cobran los jubilados de ese momento.


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Asegurar la credibilidad de las estadísticas es un deber del Estado. Por PLAN FÉNIX

“No acepten lo habitual como natural, pues en tiempos de confusión generalizada, de arbitrariedad conciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar”

Bertold Brecht

Las sociedades modernas basan su capacidad de generación de riqueza y bienestar en el establecimiento de amplias redes sociales y productivas. A través de ellas, virtualmente todos los individuos se involucran en la producción de la vida material y cultural. Este conjunto de vinculaciones es de comprensión extremamente compleja; por ello, se requieren instancias de información colectiva, a través de las cuales los individuos acceden a un conocimiento que va más allá del originado en el limitado ámbito de su experiencia cotidiana.

Esta información reviste el carácter de bien público, por lo que su proveedor natural es el Estado. Por otro lado, entre los rasgos fundamentales de una sociedad democrática se destacan la credibilidad y la transparencia de las acciones de gobierno. Si hay algo que distingue a la democracia del autoritarismo es que, para gobernar, este último debe apelar a la coerción, mientras que, en democracia, la disponibilidad y libre flujo de la información es lo que permite conocer si los gobiernos responden adecuadamente a los compromisos asumidos frente a la ciudadanía y a los desafíos que les impone la gestión. Al mismo tiempo, la información sirve para alimentar el proceso decisorio y la implementación inteligente de las políticas públicas.

La información es el eslabón necesario entre el dato aislado -destello numérico o documental de la realidad- y el conocimiento. Para servir a este propósito, los datos deben ser intérpretes razonables de la realidad; de lo contrario, ni informan ni permiten conocer. Cuando esto falla, una adecuada interpretación de dicha realidad y, peor aún, la adopción de decisiones racionalmente elaboradas a partir de bases ciertas se ve imposibilitada. Una situación como la descripta afecta a los investigadores que emplean datos para generar conocimiento, a los propios gobernantes, que deben utilizarlos para fundamentar sus políticas, y al conjunto de los actores sociales.

Ya en oportunidades anteriores (ver “La medición de la pobreza y la necesaria autonomía del INDEC” - agosto 2004 y "El debate sobre la inflación: ¿Reducir o sostener el crecimiento?” - Mayo 2007), hemos señalado la necesidad de preservar la credibilidad de las estadísticas oficiales y las condiciones para ello.

Desde hace algún tiempo, la información elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) viene siendo criticada, en función de un cuestionamiento respecto de las fuentes y técnicas que utiliza para sus estadísticas y los estudios basados en ellas.

Esta situación le ha acarreado al INDEC un creciente descrédito y una pérdida de confianza en la calidad de su producción. Por otra parte, este escenario ha dado lugar a la proliferación y difusión de datos producidos por fuentes alternativas de discutible calidad. Estos datos, en condiciones normales, serían vistos como muy dudosos; pero, frente al descrédito mencionado, son objeto de consideración pública. Se trata de un escenario que perjudica a la propia conducción gubernamental, por la erosión de credibilidad; incluso, algunos indicadores positivos –como la reducción importante en los niveles de desempleo en estos últimos años– hoy son relativizados o puestos en duda por tales fuentes alternativas.

Desde el Plan Fénix, consideramos que es imperativo superar la actual situación, devolviendo confianza a la información producida por el INDEC. Para ello, creemos que debe avanzarse tan pronto como sea posible en un proceso de normalización, que apunte a asegurar la autonomía de su conducción y la calidad de sus productos.

El proceso de recuperación es perfectamente viable, demandando únicamente una firme decisión política de las autoridades nacionales. El conjunto de las universidades nacionales puede proporcionar un amplio sustento, eventualmente con el asesoramiento externo, que en el pasado ha brindado asistencia técnica en esta materia, como fue el caso de la CEPAL. Este proceso debería culminar con un nuevo andamiaje legal, que permita asegurar la permanencia en el tiempo de una operación normalizada del sistema estadístico.

Conviene enfatizar además que, en una época donde se impone la transparencia y el libre acceso a las bases informativas, es indispensable que los organismos involucrados en su producción también contribuyan a su comprensión –en tanto conocedores del origen y calidad de los datos –fundada en criterios técnicos sólidos. Esto permitirá brindar un ancla interpretativa que prevenga evaluaciones antojadizas, como los que abundan desde hace un tiempo.

La crisis económica mundial –a no dudarlo– hace y hará sentir sus efectos en nuestros países; para enfrentar esta circunstancia, requerimos contar con un Estado técnicamente sólido y una sociedad cohesionada en torno del objetivo de asegurar un desarrollo con equidad. Superar la actual situación del sistema estadístico argentino es un paso ineludible, a este efecto.

Desde el Plan Fénix, convocamos tanto al Gobierno como a todos los demás actores sociales involucrados a avanzar decididamente en esa dirección.


Plan Fénix
Buenos Aires, abril de 2009
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La próxima gran mentira. Por Domingo Cavallo


Nestor Kirchner ya lo decidió: quienes están por votar en contra de la gestión de Cristina Kirchner en la próxima elección cargarán con las culpas por todos los ajustes recesivos e inflacionarios que nos depara el futuro post-electoral.
El sabe que, independientemente del resultado electoral, es inevitable que el boleto de subte, de los viajes en tren y de los colectivos van a tener que duplicarse. Lo mismo va a ocurrir con el precio de la electricidad, el gas y el agua para todos aquellos hogares que aún no sufrieron fuertes aumentos. Los precios del pan, las pastas y los alimentos de orígen animal también van a aumentar porque escaceará el trigo y la reducción del stock ganadero hará sentir su efecto sobre el abastecimiento de leche y de carne. Todo esto ocurrirá porque el gobierno, cualquiera que sea el número de legisladores con los que cuente en el Congreso Nacional, ya no tendrá financiamiento para los multimillonarios subsidios con que ha venido compensando, parcialmente, la diferencia entre los costos de producción y los precios de todos estos bienes y servicios.

También sabe que mucha gente quedará desempleada, no sólo en el interior del país, donde ya se vive un clima de recesión mucho peor que el que se vivió entre 1999 y 2001, a pesar de que los precios internacionales están todavía a más del doble del nivel que tenían en los 90s, sino también en los grandes conglomerados urbanos, porque las pequeñas y medianas empresas, frente a las caídas de sus ventas, ya no podrán pagar los sueldos y salarios de sus trabajadores. La construcción también se está parando y generará mucha desocupación, porque ha caído la demanda de propiedades por parte de los inversores privados y las provincias y municipios no pueden mantener el ritmo de pagos a sus contratistas y proveedores.
Kirchner sabe que con estatizaciones “a la Aerolíneas Argentinas” o “a la Massuh” sólo puede asegurar la continuidad de algunas pocas grandes empresas, pero con un costo fiscal que agravará la situación de todo el resto de empresas que continúen en manos privadas, por lo que se trata no de una solución, sino de un verdadero veneno de efecto retardado para la sistema productivo.
No puede desconocer que la emisión descontrolada de dinero a que se verá obligado el Banco Central cuando se agoten los pocos saldos bancarios que aún tienen organismos como la ANSESS y la AFIP para hacer frente a los déficits del Estado Nacional, las provincias y los municipios, va a repercutir sobre el precio del dólar en el mercado paralelo, aún cuando intenten controlarlo en el mercado oficial acentuando las restricciones para la compra de divisas por parte de la gente. Y es sabido que en épocas de alta inflación, los precios de muchos bienes y servicios siguen más al dólar paralelo que al dólar oficial. Las mentiras del INDEC serán cada vez más evidentes y la gente sentirá el encarecimiento del costo de la vida con más nitidez aún de lo que lo ha venido observando hasta ahora.
Porque sabe todo ésto y porque además advierte que el Kirchnerismo quedará en minoría en ambas cámaras, Nestor Kirchner ha decidido lanzarse en una carrera desesperada por convencer a la gente de que la culpa de todo lo que está por acontecer será de quienes voten a alguna fuerza política no alineada con el gobierno de su esposa. Esta es la próxima gran mentira. Una que dejará a las mentiras del INDEC como olvidables pecados veniales…
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domingo, 31 de mayo de 2009

Estado de parálisis. Por Paul Krugman


Siempre se ha dicho que California es el lugar al que primero llega el futuro. ¿Pero sigue eso siendo cierto? Si es así, que Dios ampare a Estados Unidos.
La recesión ha golpeado con fuerza al Estado Dorado. La burbuja inmobiliaria era allí mayor que en casi cualquier otro lugar, y el desastre también ha sido mayor. La tasa de paro de California, del 11%, es la quinta más alta del país. Y por consiguiente, los ingresos del Estado se han resentido. Sin embargo, lo que es realmente preocupante acerca de California es la incapacidad del sistema político para hacer frente a la situación.

A pesar de la depresión económica, a pesar de las políticas irresponsables que han duplicado la carga de la deuda del Estado desde que Arnold Schwarzenegger se convirtió en gobernador, California tiene unos recursos humanos y financieros inmensos. No debería tener una crisis fiscal; no debería estar a punto de recortar servicios públicos esenciales y de negar la cobertura sanitaria a casi un millón de niños. Pero así es, y uno tiene que preguntarse si la parálisis política de California es un presagio del futuro que le espera a todo el país.
Las semillas de la actual crisis de California se plantaron hace más de treinta años, cuando la inmensa mayoría de los votantes aprobó la Propuesta 13, una medida electoral que colocó una camisa de fuerza al presupuesto del Estado. Se limitaron los tipos de interés sobre la propiedad, y los propietarios de viviendas se vieron protegidos de los aumentos en sus bases imponibles aunque el valor de sus casas estuviera subiendo.
La consecuencia fue un sistema de impuestos que es tan injusto como inestable. Es injusto porque los propietarios de vivienda más mayores suelen pagar muchos menos impuestos sobre la propiedad que sus vecinos más jóvenes. Es inestable porque la limitación de los impuestos sobre el patrimonio ha obligado a California a ser mucho más dependiente que otros Estados de los impuestos sobre la renta, que caen en picado durante las recesiones.
Sin embargo, es más grave aún el hecho de que la Propuesta 13 ha hecho que sea extremadamente difícil subir los impuestos, incluso en momentos de emergencia: no se puede subir ningún impuesto estatal sin una mayoría de dos tercios en las dos cámaras legislativas del Estado. Y la reacción recíproca entre esta disposición y las tendencias políticas del Estado ha sido desastrosa.
Porque California, donde los republicanos iniciaron la transformación mediante la que dejaron de ser el partido de Eisenhower y se convirtieron en el partido de Reagan, es también el lugar en el que iniciaron su siguiente transformación, la que les convirtió en el partido de Rush Limbaugh. A medida que la marea política se ha ido volviendo en contra de los republicanos de California, los miembros restantes del partido se han vuelto cada vez más radicales, cada vez menos interesados en la labor de gobernar.
Y mientras el creciente extremismo del partido lo condena a una situación de minoría aparentemente permanente (Schwarzenegger era y es una excepción), el remanente republicano sigue conservando escaños suficientes en la asamblea legislativa para bloquear cualquier medida responsable para atajar la crisis fiscal.
¿Le sucederá lo mismo al país en su conjunto? La semana pasada, Bill Gross, de Pimco, el gigante de los fondos de bonos, advertía de que el Gobierno de EE UU podría perder su triple A en la calificación de la deuda en unos cuantos años, por culpa de los billones que se está gastando en rescatar la economía y los bancos. ¿Es ésta una posibilidad real?
Bueno, en un mundo racional la advertencia de Gross no tendría sentido. Los déficit previstos para EE UU pueden parecer grandes, pero sólo sería necesaria una pequeña subida de los impuestos para compensar el aumento que se presagia en los pagos de los intereses (y ahora mismo, los impuestos estadounidenses están muy por debajo de los de la mayoría de los países ricos). En otras palabras, las consecuencias fiscales de la actual crisis deberían ser controlables.
Pero eso parte de la suposición de que, desde el punto de vista político, seremos capaces de actuar de forma responsable. El ejemplo de California demuestra que esto no está ni mucho menos garantizado. Y los problemas políticos que han atormentado a California durante años cada vez se están poniendo más de manifiesto a escala nacional.
Dicho sin rodeos: los últimos acontecimientos indican que el Partido Republicano se ha vuelto loco al perder el poder. Los pocos moderados que quedaban han sido derrotados, han huido, o se les está obligando a marcharse. Lo que queda es un partido cuyo comité nacional acaba de aprobar una resolución que declara solemnemente que los demócratas están "empeñados en reestructurar la sociedad estadounidense conforme a los ideales socialistas" y de publicar un vídeo que compara a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, con Pussy Galore
[la piloto personal de Goldfinger en la película de James Bond].
Y ese partido todavía tiene 40 senadores.
Así que la pregunta es si Estados Unidos seguirá los pasos de California hacia la ingobernabilidad. Bueno, California tiene algunos puntos débiles particulares que el Gobierno federal no comparte. En concreto, las subidas de impuestos a escala federal no requieren una mayoría de dos tercios y en algunos casos pueden esquivar las maniobras obstruccionistas. Así que actuar de forma responsable debería ser más fácil en Washington que en Sacramento.
Pero el precedente de California sigue inquietándome. ¿Quién iba a decir que el Estado más grande de EE UU, un Estado cuya economía es más grande que la de la mayoría de los países, a excepción de unos cuantos, podría convertirse tan fácilmente en una república bananera?
Por otra parte, los problemas que afligen a la política californiana también afectan al conjunto del país. -
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Europa sigue comprometida con la globalización y la economía de mercado. Por Domingo Cavallo


Durante los últimos diez días participé en muchas discusiones entre líderes de opinión europeos y economistas de todo el mundo sobre la situación política y económica de las naciones europeas. Estuve en la sexagésima primera reunión del Grupo de los 30 y en la octava edición del Foro Estambul, reuniones que tuvieron lugar en Roma y Estambul respectivamente, entre el 23 y el 29 de Mayo. Llegué a esas reuniones con el deseo de descubrir cómo estan reaccionando los europeos frente al fuerte impacto negativo que la crisis financiera y económica global está teniendo sobre sus economías nacionales. Mi curiosidad al respecto, tenía que ver con un artículo que hace apenas algunos meses publicó la revista británica “El Economista”, titulada “Argentina en el Danuvio”.
Ese artículo trazaba un paralelo entre las economías de los países de Europa del Este frente a la crisis actual con la situación de Argentina en 2001 y se preguntaba si esos países no se verían obligados a aplicar el tipo de “soluciones” que aplicó Argentina alrededor del año nuevo de 2002 : el default, la pesificación y una devaluación que redujo a menos de un tercio el valor de su moneda.
Más aún, algunos comentaristas sobre la situación de países que integran el área del Euro, es decir que no tienen ya monedas nacionales sino una moneda común, se hicieron una pregunta semejante en relación a países como España, Irlanda, Italia, Portugal y Grecia, que están enfrentando una interrupción repentina ("sudden stops") en los flujos de capitales. Flujos que durante un largo período anterior habían permitido financiar fuertes déficits en sus respectivas balanzas en cuenta corriente. Esta pregunta no era sino una insinuación de que estas naciones podrían verse obligadas a abandonar el Euro para permitir que una devaluación de sus recreadas monedas nacionales les permita aplicar la “solución argentina".
El argumento de los que visualizan una salida “a la Argentina” de las crisis de los países de Europa del Este, así como de aquellos de la Europa del Euro que están sufriendo interrupciones repentinas en los flujos de capitales, es el mismo que hicieron los impulsores de lo que ellos dieron en llamar “el modelo productivo” en Argentina en 2001: era necesario devaluar para permitir un ajuste rápido de la cuenta corriente de la balanza de pagos alentando las exportaciones y desalentando las importaciones y era necesario pesificar las deudas y los ahorros internos, además de "defaultear" la deuda externa, para reducir el peso de la deuda tanto del sector público como del sector privado.
En las muchas reuniones y discusiones en las que acabo de participar, llegué a la conclusión que, afortunadamente para Europa y para el Mundo, ningún líder político ni empresarial relevante ni ningún economista prestigioso apoya estas ideas. Por el contrario, lo que se observa es un compromiso creciente con la globalización, de la que Europa es pionera a través de su propio proceso de integración. No sólo países como España, Irlanda, Grecia, Portugal e Italia descartan totalmente un abandono del Euro y la recreación de sus monedas nacionales, sino que los países de Europa del Este que aún no están en el Euro visualizan la entrada formal a la zona del Euro como la mejor solución a los problemas que están enfrentando en la actualidad.
Llegan a esta conclusión porque observan que los dos países de Europa del Este que ya tienen al Euro por moneda, Eslovenia y Eslovaquia, son los menos afectados por la crisis global y porque los demás países de Europa de Este, tanto los que tienen sus monedas alineadas con el Euro a través de cajas de conversión (los bálticos y Bulgaria) como los que tienen monedas flotantes y siguen la regla monetaria "metas de inflación", sólo se perjudicarían si hicieran lo que hizo Argentina en 2002.
En las que tienen cajas de conversión, en caso de verse obligadas a abandonar el tipo de cambio fijo, enfrentarían terribles desajustes en los balances de sus empresas, familias e instituciones financieras, porque la mayor parte de las deudas y activos están denominados en Euros. La “solución argentina”, esto es, la conversión obligatoria de deudas y activos en euros a las respectivas monedas locales, para después devaluarlas, lejos de resolverles el problema, les generaría una recesión aún mayor, destruiría los incentivos al ahorro interno, re-introduciría la inflación y condenaría a estas economías al aislamiento. Todo el desarrollo de estas economías, desde 1991 en adelante, se basó en el proceso de apertura comercial y financiera y en el perfeccionamiento de las reglas de mercado, con respeto pleno a los derechos de propiedad de sus ciudadanos y de los extranjeros que invirtieron en ellas.
Los países de Europa del Este que tienen monedas nacionales flotantes y manejan sus políticas monetarias enderezadas a metas de inflación, también tienen un alto grado de “eurización” de sus economías, es decir una alta proporción de activos y pasivos financieros están pactados en euros. La depreciación de sus monedas frente al Euro les crea también problemas serios de desajustes monetarios en los balances de las familias, las empresas y los intermediarios financieros. Por eso tratan de conseguir apoyo financiero del exterior, incluidos los bancos centrales de Europa Occidental y los organismos multilaterales de créditos, para poder atenuar las fluctuaciones de la cotización de sus monedas en términos del Euro. Estas economías ven a un futuro ingreso al área del Euro como una forma de ponerle un límite a las expectativas de devaluación y poder conducir un proceso ordenado de reestructuración de deudas de las familias y empresas que enfrentan problemas de insolvencia ligados a las fluctuaciones cambiarias. En ninguna de estas naciones se habla de producir una transformación compulsiva de deudas y activos en euros a las respectivas monedas nacionales, por la misma razón que no se concibe hacerlo en las naciones que tienen cajas de conversión.
En Estambul advertí que precisamente, la comparación de las experiencias Argentina y Turca después de las fuertes crisis que ambas naciones sufrieron en 2001, abona la conclusión a la que arriban las naciones de Europa sobre la inconveniencia de aplicar una “solución argentina” a sus crisis nacionales actuales.
En 2001 tanto Argentina como Turquía estaban atravezando por crisis de balanza financieras y de pagos muy similares. Ambas economías tenían gran parte de sus economías nacionales dolarizadas o eurorizadas y en los dos casos había fuertes presiones para abandonar el ancla cambiaria con el que se había estado luchando contra la inflación. Turquía, que a pesar de su política cambiaria antiinflacionaria aún sufría alta inflación, no pudo evitar una devaluación a principios de 2001 pero no cambió la moneda de sus contratos denominados en monedas extranjeras. La devaluación fue acotada precisamente por eso, pero igualmente se produjo una fuerte crisis financiera y una gran recesión.
Argentina decidió provocar una devaluación más fuerte aún que la de Turquía, a pesar de que hacía varios años que su economía no sufría inflación. Pero lo hizo porque su nuevo gobierno, luego de la caída del que había sido elegido por el voto popular en 1999, creyó conveniente disponer la “pesificación” de todos los contratos internos denominados en monedas extranjeras. La devaluación del Peso Argentina fue mucho más fuerte que la devaluación de la Lira Turca, por lo que mientras que en Turquía, luego de la devaluación, su Banco Central pudo aplicar políticas monetarias enderezadas a reducir la tasa de inflación, en Argentina, la devaluación re-introdujo la inflación que en la década anterior había desaparecido.
Ambas economías comenzaron a recuperarse un año después de la devaluación y ambas se beneficiaron de la bonanza global del período 2003-2007, pero mientras hoy la tasa de inflación es del orden del 6 % anual en Turquía, Argentina, que había sido estable en los años anteriores, tiene hoy una inflación cercana al 20 % anual. Otra gran diferencia es que Turquía, al no haber "defaulteado" ni transformado ahorros y deudas de monedas extranjeras a Liras, nunca perdió el crédito y hoy, a pesar de la crisis global, sigue teniendo acceso a los mercados de capitales y, por supuesto, al crédito de los organismos financieros multilaterales, si llegara a necesitarlo. Argentina, lamentablemente, no tiene hoy ningún tipo de crédito.
El contraste entre las experiencias Argentina y Turca, ayuda también a fundamentar la conclusión a la que están arribando prácticamente todas las naciones de Europa que enfrentan crisis parecidas a las que sufrieron Argentina y Turquía en 2001: que, en todo caso, es mucho más alentadora la experiencia Turca que la Argentina. Por eso toda Europa sigue comprometida con la globalización y la economía de mercado. Y, en el caso particular de Turquía, la conclusión del Foro Estambul 2009, que discutió las metas de esa nación para su centenario, el año 1923, es que lo que Turquía necesita es ser admitida como miembro pleno a la Unión Europea y tener como moneda al Euro.
Mi anterior visita a Turquía había sido en 1997. En aquella oportunidad, la Asociación de Bancos me había invitado a explicar la experiencia argentina de lucha contra la inflación. En aquel entonces, todos los países que aún sufrían inflación miraban a la Argentina con admiración. En este nuevo viaje, me produjo mucha tristeza constatar que hoy, 12 años después, no sólo Turquía, sino todos los países de Europa, miran la experiencia de Argentina posterior a 2002 para descubrir lo que las naciones en crisis que quieren resolver sus problemas no deben hacer.

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¿Qué sería de Cristina sin las AFJP? Por Roxana Acotto

(Nota publicada en el suplemento de Economía de La Voz del Interior - 31/05/2009)
Qué sería de Cristina sin las AFJP? Es que, pese a la demonización que los K hicieron del sistema privado de jubilación por capitalización, casi todas las medidas tomadas por la Presidenta para hacer frente a la crisis o para ‘mimar’ a dirigentes que sumen voluntades en las próximas elecciones pudieron realizarse gracias a ellas. Es decir, como el sistema de capitalización disponía la intangibilidad de los ahorros de los trabajadores adheridos a las AFJP, acumuló, en 14 años, un fondo de unos 100 mil millones de pesos, del que los K se apoderaron mediante un manotazo histórico.
Gracias a esos fondos, Cristina largó con el plan para la compra del cero kilómetro, siguió con el megaplán (megalómano, más bien) de obras públicas por 110 mil millones de pesos a fines de diciembre del año pasado y, luego, vinieron los planes de impulso para la compra de heladeras, bicicletas, taxis, electrodomésticos, líneas de crédito especiales para Pyme, para empresas exportadoras y, la última y gran perlita, la línea de créditos hipotecarios. Todo, gracias a los fondos ahorrados durante 14 años por los trabajadores para su futura jubilación. También se salvaron compañías privadas al borde de la quiebra, como la papelera Massuh; se proyecta un subsidio para una autopartista y, la última novedad, el número uno de la Anses, Amado Boudou, dijo que terminarán Atucha II gracias a estos benditos fondos. ¡Y pensar que cuando los K anunciaron el manotazo histórico lo presentaron como una medida para ‘salvar’ a los jubilados! ¿Salvación para los futuros jubilados o salvataje para un Gobierno desesperado por dinero fresco? Sin quererlo, Florencio Randazzo, ministro del Interior, mostró hace unos días las cartas sobre la mesa: "Sin la nacionalización de los fondos de las AFJP, la situación actual del país frente a la crisis internacional sería otra", dijo durante un lapsus, aunque después volvió a arremeter con las muletillas K. "El regreso de los fondos de las AFJP terminó con una gran estafa. Ese dinero era manejado según el antojo de algunas empresas privadas", sentenció. Cristina, por su parte, se queja porque sostiene que ahora que los fondos están en la Anses se les dice ‘la caja’, mientras que "cuando estaban en manos privadas y los giraban para afuera nadie decía nada", y rebosa de orgullo al decir que, gracias a ella, esos fondos estarán donde deben estar, en manos argentinas. ¿Se puede ser tan cínica? Nadie puede desconocer que la cartera de inversiones de las AFJP estaba diseñada, regulada y controlada por el Estado. Néstor también sabe que durante toda su gestión eso se mantuvo así, con topes para los giros al exterior que no llegaban al dígito y obligaba a que la inmensa mayoría de los fondos financiaran los bonos que emitía el Estado. Con la caja en sus manos, el Gobierno también promueve ahora la designación de directores propios en las empresas privadas por las acciones acumuladas en muchas compañías debido a las inversiones que las AFJP habían realizado en ellas. Por entonces, cada administradora tenía un tope de cinco por ciento de inversión por empresa. El Estado, al quedarse con las inversiones de todas las AFJP, acumula porcentajes mayores en las compañías, lo que le permite designar directores. "Lo hacemos para cuidar la platita de los argentinos", dice Néstor ante esa realidad rechazada por el sector privado y con un discurso inexplicable. Que también muestra las contradicciones K, porque si todos los fondos invertidos por las AFJP iban al exterior, como dice Cristina, cómo puede ser que ahora tengan tantas acciones de empresas argentinas. En fin, con todo, quizá una de las aristas más preocupantes de todo esto es comprobar que luego de seis años de crecimiento a tasas chinas y habiendo vivido "el período de mayor crecimiento en los últimos 200 años", como le gusta decir a la Presidenta, su suerte, nuestra suerte, dependa hoy, en buena medida, de aquel manotazo histórico. La verdad es muy difícil saber qué hubiese sido de Cristina sin las AFJP.
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miércoles, 27 de mayo de 2009

Recién ahora se avivan. Por Adrián Simioni


(Nota aparecida en La Voz del Interior el miércoles 27 de mayo de 2009)
Chávez estatizó más de 81 empresas de todo tipo. Pero Kirchner ya estatizó o intervino en más de 26, todas grandes. Y la moda se extiende.
El ministro del Interior, Florencio Randazzo, acaba de decir que Venezuela “está viviendo una etapa pre peronista”. Así pretendió echar un poco de agua fría sobre los caldeados ánimos de los empresarios argentinos ante las nacionalizaciones del venezolano Chávez y el creciente intervencionismo estatal local. La mitad del tiempo, los hombres de negocios meditan sobre cómo el principal conglomerado industrial basado en el país, Techint, va perdiendo empresas en Venezuela a manos chavistas. Con la condescendencia de la Presidenta, que decía que quería crear un “empresariado nacional”.

Los funcionarios kirchneristas se limitan a resaltar una y otra vez que Techint cobra buenas indemnizaciones por cada fábrica que le expropian. Pero los empresarios saben que eso es como quitarle una muleta a quien necesita dos para caminar. Para Techint, las plantas dispuestas en Argentina, Venezuela o México eran resultado de una estrategia para ser el mayor proveedor de tubos sin costura en la industria del petróleo mundial. Sí, le pagaron por Sidor, una de sus muletas. Sin embargo, Techint quedó irremediablemente renga. Pero bueno, tal vez todo esto sea demasiado complejo para un Gobierno que ha hecho del simplismo la marca registrada de sus políticas públicas. La otra mitad del tiempo, muchos empresarios consideran que Venezuela puede ser una caricatura anticipada de la Argentina. Temen que por venganza, si pierde, o por envalentonamiento, si gana, luego de las próximas elecciones Kirchner se torne más bolivariano que nunca. Para ellos, no es como dice Randazzo; puede ser exactamente al revés. Los kirchneristas tienen una prueba de este estado de alerta ante sus narices: la propia Cristina Fernández de Kirchner propala que los 400 millones de dólares (de un total de 1.970) que Techint cobró por Sidor ya están depositados fuera de la Argentina. Lo que nunca parecen preguntarse los Kirchner es por qué será que las empresas no depositan sus capitales en el país. ¡Surprise! Lo más curioso es la sorpresa empresaria. Si bien Chávez estatizó en forma total o parcial más de 81 empresas desde 2007, más de 70 de ellas eran firmas menores de servicios petroleros. El kirchnerismo va atrás, pero no tan atrás: fue estatizando o interviniendo con distintos grados en más de 26 de empresas, todas importantes. Antes de que digan que con la crisis Estados Unidos y Europa también intervinieron empresas, vale decir que nacionalizaciones hubo poquísimas. Hubo masivas inyecciones de fondos públicos en firmas que siguen siendo privadas. Y en Argentina y Venezuela la cosa empezó mucho antes de la crisis internacional. El Gobierno aplicó distintas modalidades, algunas más raras que otras: Asfixiar hasta que se vayan. De entrada, desalojaron a Franco Macri del Correo Argentino porque la empresa no pagaba un canon anual de 102 millones de dólares. Sin tocarle un pelo a la empresa que los Macri habían reestructurado, la estatizaron. De ahí en más, fueron todos elogios al Correo. Claro que el Estado dejó de exigirle el pago del canon anual. Así cualquiera. Esta modalidad se usó también con Aguas Argentinas, a la que se exigía cumplimiento milimétrico de los pliegos en plena hecatombe económica y negándole cualquier mejora tarifaria o subsidio mientras los costos se triplicaban. Hoy Suez ya se fue y los habitantes del Gran Buenos Aires (sólo ellos) reciben multimillonarios subsidios y además el Estado banca el déficit de la empresa. Ya no hay un ente regulador separado de la empresa. Sobre la calidad del servicio se desconocen informes técnicos. Así cualquiera. Chumbar los gremios. Con Aerolíneas Argentinas, se agregó un método: dejar que la ensalada de gremios aeronáuticos dispusiera con discreción cuándo y cómo se podía viajar en avión, negando mejoras tarifarias y subsidio al combustible aéreo en dólares. Ahora, la Aerolíneas estatal ya subió la tarifa, se subsidia el combustible, el Estado proveerá aviones y además asume millonarias pérdidas. Y los gremios son un corderito. Así cualquiera. Ayer, Javier Tizado, del corazón de Techint, hizo un paralelismo entre esta modalidad y lo que le sucedió con Sidor en Venezuela. Allí también la avanzada fue de los sindicatos. Salir de compras con amigos. Para Repsol-YPF, se aplicó otro método, derivado de su carácter de exportador. Fuertes retenciones móviles en plena efervescencia del petróleo mundial, combinadas con precios controlados en el mercado interno. Para la casa matriz, casi cualquier lugar del mundo resultaba más atractivo para invertir que la Argentina. Y así lo hizo. Con esa expectativa de ingresos, el valor de la empresa resultaba bien barato en comparación con otras petroleras. Con apenas 2.235 millones de dólares, el grupo Petersen adquirió el 15 por ciento del capital. Y con sólo ese porcentaje pudo designar al director general. Es lo natural cuando la principal función en una petrolera no es explorar y extraer sino negociar con el Estado. Casos parecidos sucedieron con la francesa EDF en Edenor y Transener, adonde entró luego Electroingeniería. Así cualquiera. Incautar lo que otros prestaron. Otra modalidad de intervención fue masiva. La estatización de las AFJP dejó en manos estatales acciones de diversas empresas. Al principio se dijo que el Estado no iba a designar directores en esas empresas. Pero después lo hizo. Sin marco regulador, sin proceso de selección pública de los directores, sin nada. Así cualquiera. Clavarse con empresas fallidas. Último grito de la moda. Va un funcionario un día a una empresa –como Guillermo Moreno a la papelera Massuh–y dice que de ahora en más el gerente general es él porque el Estado le alquila la empresa quebrada al quebrantado. La Justicia frena los procesos. Bancos oficiales prestan dinero. Moreno mezcla su negociación por los precios con los supermercados con un pedido para que los súper compren el papel que usen a la papelera. Y decide por sí mismo incumplir las leyes que dicen cómo debe comprar el Estado para darle el monopolio de la provisión del papel a la papelera que él mismo conduce. La cosa se pone de moda. Y se torna más compleja. Porque ahora cualquier jurisdicción hace eso. En Córdoba, los concejales juecistas declaran sujeta a expropiación la fábrica de parabrisas Cive, utilizando normas pensadas para comprar un terreno y dedicarlo a una plaza y violando lo decidido por otro poder y otro nivel del Estado (la Justicia provincial). Nadie se pregunta: ¿con todas las empresas que vayan a quiebra se va a hacer lo mismo? ¿Y si Massuh debe cerrar sencillamente porque su maquinaria y su gestión son obsoletas? ¿Qué pasa si conectarle el pulmotor a Massuh implica una competencia desleal que termina perjudicando a otras papeleras que no le cuestan nada el Estado? ¿De ahora en más quién va a querer prestarle plata a una empresa si, llegado el caso, cualquiera puede declararla sujeta a expropiación, quitándole el respaldo de su préstamo? ¿Ese acreedor confiará en que un municipio le pagará su acreencia, aunque ese municipio no le pueda pagar a sus propios proveedores? Las respuestas a estas preguntas son muy importantes. Porque todo esto tiene alto costo fiscal, transforma contribuyentes impositivos en consumidores intensivos de subsidios, reduce la productividad general de la economía y espanta a cualquiera que proyecte hacer algo, o sea, que quiera invertir. Por ahora, bastaría una respuesta concreta: los sectores políticos que respaldan estas movidas deberían aclarar si –tal como parece– consideran de veras que toda actividad privada es más perniciosa que benéfica para la sociedad o no. Digo, así el resto lo tenemos más claro.



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lunes, 25 de mayo de 2009

Reportaje al Diputado Nacional Claudio Lozano

(Publicado en La Voz del Interior el 25/05/2009)

"El Gobierno está usando los fondos previsionales para cubrir sus baches y sigue sin cumplir con la movilidad previsional, dice Claudio Lozano, uno de los diputados no kirchneristas que apoyó la “reestatización” de los ahorros previsionales. Lozano dice que no se arrepiente, niega que haya “modelo K” y pinta un cuadro poselectoral muy complicado. –¿Qué le pareció la presentación de Amado Boudou (director de la Administración Nacional de Seguridad Social, Anses) ante la Comisión Bicameral de seguimiento de los fondos jubilatorios? –No despejó ninguno de los cuestionamientos al uso y falta de control de esos fondos y ratificó que el Gobierno los usa para pagar deuda pública y financiar empresas. Dijo que ahora financiarán obra pública y actividad privada, pero eso no resuelve el problema.

–¿Y cuál es el problema? –El sentido de la reestatización de los fondos que antes manejaban las AFJP fue recuperar unos 13.000 a 15.000 millones de pesos anuales para pagar las jubilaciones, recuperar la “movilidad” de los haberes y construir un sistema previsional. Pero 76 por ciento de nuestros mayores hoy cobra el mínimo, 770 pesos por mes, pese a que la Anses tiene fondos para pagar más. La ley definió que ésa era la prioridad. No se puede hablar de “excedentes” hasta garantizar la movilidad, pero el Gobierno dice que la Anses tiene superávit sobre la base de no pagar lo que corresponde. Y usa esos “excedentes” para tapar agujeros fiscales y pagar deuda pública. Sin los fondos de seguridad social, la recaudación de abril de 2009 contra 2008 creció sólo 5,7 por ciento, contra una inflación de 15. Hay una caída real neta, que se cubre con los fondos de los jubilados. Es lo que cuestionamos, y sobre eso Boudou no respondió. –La ley también “reestatizó” casi 80 mil millones de pesos.... –Ése es otro punto: qué hacer con los activos e inversiones que tenían las AFJP: depósitos a plazo fijo, acciones, bonos de deuda, fideicomisos. En vez de usar esos activos para financiar la compra de autos nuevos, taxis, bicicletas, calefones, Pyme, ¿no habría que cancelar las deudas previsionales? Miles de jubilados ganan juicios contra el Estado y se mueren antes de cobrarlos. Y si se reemplazan activos viejos por nuevas inversiones financieras, hay que cuidarse de no hacerles perder riqueza a nuestros jubilados. En 2009 vencieron Letras del Tesoro por 8.455 millones de pesos y en vez de abonárselas, a la Anses le dieron un bono que vence en 2016 y que, a valor actual, vale la mitad. En esa sola operación, los jubilados perdieron 50 por ciento del dinero prestado… –Admita al menos que Boudou fue e hizo un primer informe a la Comisión Bicameral. –Sí, pero sigue sin constituirse la comisión de control dentro de la Anses, con representantes de los trabajadores, jubilados, empresarios y legisladores. Además, la primera reunión de la bicameral fue tardía. Ya se tomaron muchas decisiones y no hay voluntad de discutir el criterio de manejo de los recursos. La pregunta clave es si se deben financiar otras cuestiones, cuando las previsionales no han sido resueltas. Si sobrara, sería razonable financiar mejoras a los docentes u obras de infraestructura. Pero, ¿corresponde hacerlo hoy? Hay que discutir el modelo previsional, que tiene las bases minadas. Sobre 16 millones de afiliados, aportan sólo ocho millones. La mitad tendrá problemas para jubilarse. La moratoria permitió ampliar la cobertura, pero se está desperdiciando la posibilidad de resolver los problemas del sistema. –¿No se arrepiente de haber votado por la reestatización? –No, porque yo voté la recuperación de una herramienta estructural de financiamiento previsional de 13 mil a 15 mil millones de pesos anuales. Quienes criticaron a quienes, sin ser kirchneristas, apoyamos la ley, confunden las cosas. El 60 por ciento del stock de las AFJP eran títulos públicos. Los problemas de financiar al Estado ya estaban, y con tasas impagables a futuro. En ese sentido, no hay tal “caja”. Pero esos 15 mil millones anuales estarán cada año. Se habían transferido de modo irresponsable y prioricé recuperarlos. Hicimos advertencias sobre el mal uso de los recursos y en la votación en particular propusimos una Anses autónoma, pero la oposición que votó contra la ley no acompañó. Ni la UCR, ni la Coalición Cívica, ni el PRO se quedaron en sus bancas para mejorar el sistema. Con una Anses autónoma, al Gobierno se le hubiera hecho mucho más complicado hacer lo que está haciendo. Quién es Conocido desde los ‘80 como “el economista de la CTA” (por la Central de Trabajadores Argentinos), el diputado Claudio Lozano integra el “espacio” que a nivel nacional encabeza el cineasta Pino Solanas. Ingresó al Congreso en 2003 por “Fuerza Porteña”, agrupación que encabezaban los luego desavenidos Aníbal Ibarra y Jorge Telerman, y en 2007 renovó su banca, ya aliado a Solanas, para constituir el bloque porteño y unipersonal “Buenos Aires para Todos en Proyecto Sur”. Integra la estratégica Comisión de Presupuesto y Hacienda. Bloguero. De alto perfil mediático, tiene un blog: http://www.corteporlozano.blogspot.com/
Un segundo semestre difícil
¿Qué pasará después de las elecciones?, es la pregunta del millón. Lozano responde con un análisis político y económico que deja poco margen para el optimismo. “Lo que viene después es un escenario atravesado por tres tendencias, dos de tipo institucional y una económica”. Se afina la garganta y sigue: “Se hará más visible el debilitamiento del Ejecutivo. El oficialismo tendrá menos votos que en 2007 y menos legisladores que en 2005. La segunda tendencia, también institucional, será un Congreso rengo, pues la mitad de los mandatos cesará en diciembre. Esa debilidad institucional fortalecerá el poder de decisión “económico” y habrá mayor ajuste o menor capacidad de manejo de la situación. El segundo semestre será muy propicio a la profundización de los lineamientos regresivos. En lo económico habrá problemas fiscales y de divisas. La recaudación no va a permitir cumplir el presupuesto 2009, y mucho menos el Megaplan de Obras Públicas que anunció el Gobierno. A menos que haya una estrategia para recapturar rentas, la posibilidad de ajuste en las cuentas públicas estará a la orden del día. Y la disponibilidad de divisas, si persiste una fuga de capitales que es hoy de unos 5.000 millones de dólares por trimestre, no alcanzará para cumplir las obligaciones en divisas, lo que también abre la puerta a un ajuste regresivo, vía devaluación. Ahora tenemos una destrucción neta de empleo, que se mantendrá en el segundo semestre.
No hay modelo K
"En 2009 vencieron letras del Tesoro y en vez de pagárselas a Anses, le dieron un bono que vence en 2016 y que hoy vale la mitad. En una sola operación, los jubilados perdieron 50%".
Aunque votó a favor de la reestatización previsional, la medida que el propio Néstor Kirchner definió como la más importante de las gestiones kirchneristas, Lozano descree del discurso oficial. “No creo que haya modelo K”, explica. Y se explaya: “El dispositivo de política económica con tipo de cambio alto y superávits gemelos (fiscal y comercial) que se suele esgrimir, ya estaba presente con Duhalde y Lavagna. Con Kirchner lo que hay es una fase distinta de acumulación de un régimen de organización económica que profundizó rasgos preocupantes: mayor concentración, extranjerización y conglomeración de la economía, que han agravado la desigualdad y no permiten, aun en crecimiento, resolver los problemas de pobreza y deterioro. En eso no ha habido cambios. –¿Y cuál es el modelo? –El modelo productivo sigue siendo básicamente el mismo: peso dominante de la producción alimentaria, petrolera, siderúrgica de baja elaboración y automotriz de tipo armaduría. Es lo mismo que teníamos a fines de los ‘90 y que en todo caso creció estos últimos años. A la cúpula empresarial se le sumaron algunas empresas de minería, petróleo y papel. Y hay más empresas estatales, porque el Estado se hace cargo de sectores no estratégicos o cuando los privados se van, porque ya no les conviene o interesa. Es el caso del Correo, de Aysa (ex Aguas Argentinas), Aerolíneas y, ahora, la recuperación del Área Material Córdoba, que sí es un sector estratégico, pero al que el Estado concurre recién cuando la Lockheed decide irse después del desastre que hizo.

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sábado, 23 de mayo de 2009

Reportaje al economista marxista Rolando Astarita

(Publicado en Cash, suplemento económico de Página 12 - Domingo 17/05/2009)
Por Natalia Aruguete
Desde diversas posturas económicas, sobre todo progresistas y heterodoxas, se afirma que estamos en una época de hegemonía del sector financiero sobre el productivo y en una hipertrofia del capital especulativo, que dejó al descubierto el estancamiento de la economía mundial en los últimos treinta años. En diálogo con Cash, el investigador marxista Rolando Astarita señaló, en cambio, que, en realidad, en el último cuarto de siglo hubo una expansión mundial del capitalismo, que la brecha entre ricos y pobres no impidió el crecimiento de los mercados y que la crisis no se dio sólo por un mal funcionamiento del mercado financiero, sino de la economía en su conjunto. “Lo del capital ficticio hay que ponerlo en proporción, no debe hacernos perder el análisis estructural”, explicó.

¿Cree que la crisis financiera marca la caída de “la dictadura de las finanzas”?
–No veo que haya una dictadura de las finanzas, sino un dominio del capital en general, acentuado de manera muy profunda a partir de los años ’80. En el último cuarto de siglo, el disciplinamiento del capital sobre las clases trabajadoras operó a través de mecanismos directos pero también del mercado, con políticas monetarias duras, aperturas comerciales, flexibilización laboral. Pero no veo distinción de sectores dentro del capital.
Sin embargo, el crédito y las deudas crecieron en todo el mundo. ¿Esto pudo haber afectado el desarrollo de la economía real?
–Nunca hubo desarrollo del capitalismo sin desarrollo del crédito y de una monetización de la economía. Desde la perspectiva de Marx, el crédito es una palanca de la acumulación del capital. Esto también se ve en la fase que va de 1890 a 1929. En China, junto con la expansión capitalista crecieron sus índices monetarios y la participación de los mercados financieros. Pero el crédito también potencia las posibilidades de especulación, sobreacumulación y crac. Marx trabajaba con tendencias y contra-tendencias. Hoy, en cambio, se toma un solo aspecto de la realidad.
Algunos sostienen que el crecimiento del crédito prueba el estancamiento del sistema capitalista.
–La idea de que el sistema capitalista está estancado desde hace 25 años no resiste el análisis de la realidad. En los últimos 30 años, la economía capitalista tuvo tasas de expansión superiores al 3 por ciento a nivel mundial. Aunque fueron desiguales: Japón está estancada desde 1992 y Europa tuvo un crecimiento débil. Hubo una expansión geográfica del sistema capitalista, que entró en China, en el Este de Europa y en Rusia, y una profundización de las relaciones capitalistas. El aumento de la productividad en la economía de Estados Unidos desde 1995 fue mayor al 3 por ciento anual. El crédito actúa como una potenciación de tendencias del sistema y muchas veces permite que un ciclo económico se expanda más allá de sus posibilidades. En 2001, Estados Unidos sufrió una recesión suave. La economía creció 0,8 por ciento y el crédito lubricó los mecanismos económicos. Pero la recuperación de 2002 fue débil, con poca generación de puestos de trabajo y recuperación débil de la inversión.
¿Hacia qué sectores se dirigió el crédito en ese contexto?
–Hacia la construcción residencial y al consumo en general; no a las empresas. Desde el 2000, las empresas de Estados Unidos y del G-7 disminuyeron su dependencia del sistema financiero. Hubo un exceso de ahorro y las empresas achicaron sus deudas con los bancos. Incluso, usaron parte de esa liquidez para recomprar sus acciones. No hubo una gran expansión de la inversión productiva, pero tampoco una dependencia del capital productivo con respecto al capital financiero. Las ratios de dependencia volvieron a promedios de los ’70. No se puede decir que haya sido una crisis a lo Hyman Minsky, un autor keynesiano que planteaba que las crisis se producen porque las empresas caen en un sobreendeudamiento y pagan deuda con deuda hasta que la situación explota.
Pero sí hubo una “financiarización de los consumidores”, con la que se amortiguó la crisis de 2001.
–Y además ayudó a la recuperación de 2002. Eso es cierto, lo equivocado es pensar que eso actuó solo. En 2001, la sobreabundancia de capital líquido y la débil inversión se dieron porque la tasa de rentabilidad del capital se venía debilitando desde 1996/97. Ese es el fondo del problema. Se produjo lo que Marx llamaba “una plétora de capital”: abundante capital líquido, tasas de interés muy bajas (motorizados por la Reserva Federal y por la entrada de capitales que buscaban refugio en Estados Unidos) y una sobreoferta del crédito. Esos capitales líquidos terminaron en el sector de la construcción, donde encontraron un campo de expansión relativamente rápido. Y terminó explotando.
También se plantea que, desde los años setenta, el mundo asiste a una crisis de sobreproducción combinada con una crisis de subproducción.
–Hay dos tipos de explicaciones de las crisis. Una, que el problema de las crisis se dio por las finanzas. Otra, que en Argentina se repite bastante, dice que se debe a una importante desigualdad en los ingresos, lo que produjo una crisis de consumo por falta de demanda. Creo que esto tampoco explica lo que sucedió. En el último cuarto de siglo, hubo un proceso de “proletarización”, enormes masas de la población se incorporaron al ejército de asalariados. Los casos más resonantes son China y la India. Esto supone una ampliación de los mercados, aun cuando haya una brecha creciente en los ingresos. Según The Economist, en Estados Unidos, el 0,1 por ciento de la población gana 77 veces más que el 90 por ciento. En los ’70 esa diferencia era de 1 a 20. También en China crece la desigualdad. Pero no es cierto que si crece la desigualdad no crecen los mercados.
En este crecimiento de la economía capitalista, ¿cómo se compone el producto bruto en el mundo?
–En el caso de Estados Unidos, desde la recuperación de 2001 se generaron fenómenos de sobre-acumulación de capital y caída de la tasa de rentabilidad. Ese es el telón de fondo de la crisis. Sobre esto actuó el factor financiero, pero también el crecimiento desproporcionado en la construcción residencial entre 2001 y 2007. Su participación en el Producto pasó de 4,2 a más del 6,0 por ciento. Esto genera tensiones, porque un sector está creciendo a tasas muy superiores al resto, en un contexto en que la inversión se mantiene débil. Esto potenció el sistema del crédito y se dio una sobre-expansión del sector en relación con las necesidades de la economía.
Tomando sólo el sector financiero, ¿el crecimiento de su participación en el PIB de Estados Unidos supuso un cambio o una continuidad respecto de etapas anteriores?
–No me parece que la tasa de crecimiento se haya acelerado desde 1979/80. Entre 1895 y 1929, la tasa de crecimiento de ese sector en Estados Unidos fue superior a los últimos veinte años. Con la crisis del ’30 bajó su participación en la economía y recuperó terreno desde la década del ’50, con un crecimiento relativamente constante desde 1960. No hubo un quiebre importante en los ’80, aunque sí aumentaron mucho las tasas de interés: entre 1979 y 1985, el peso de los intereses en las balanzas empresarias subió considerablemente. Esto expresa parte de la tesis de la financiarización, pero no se convirtió en algo permanente.
¿Por qué?
–Se pronosticó que se produciría una punción permanente del sector financiero sobre la ganancia empresaria, mediante la tasa de interés. Y que esto debilitaría al sector productivo y llevaría al estancamiento. Pero insisto en que el peso de los intereses sobre el sector productivo tendió a bajar. Según datos del Official Bureau of Economic Analysis de Estados Unidos, entre 2006 y principios de 2007, ese peso estaba a niveles de 1970, que era una época keynesiana. Pienso que ésta es una crisis muy grave, muy profunda, pero estamos lejos de una crisis como la del ’30.
¿Entonces cree que no hay un predominio del capital ficticio por sobre el productivo, en detrimento del crecimiento de la economía real?
–Hay que preguntarse hasta qué punto esto es novedoso. Cuando en el sistema capitalista hubo expansión del capital, en la Bolsa de Valores hubo sobrevalorizaciones. Tradicionalmente, un promedio de esta ratio estaría en 10 años de price earning. En momentos de euforia bursátil, alcanzó 20 o 30 años. Esto ayuda a la inestabilidad del sistema capitalista, ya que provoca inflación de ganancias que desaparecen de la noche a la mañana, pero éstas no crecen al margen del trabajo productivo.
¿Cree que la crisis actual refleja este mecanismo?
–Aquí han estallado activos financieros ligados al crédito, que se había sobrevalorizado. El estallido refleja que la economía estaba funcionando mal. Lo del capital ficticio hay que ponerlo en proporción, no debe hacernos perder el análisis estructural. Al extraer la plusvalía y realizarla en los mercados, puede haber inflaciones que terminan reventando. Pero, si bien agravan la inestabilidad, no explican en sí mismas las crisis.
¿Se puede establecer alguna relación entre el exceso de ahorro y la tendencia a la financiarización de la economía?
–Este exceso de ahorro se debió a la debilidad de la inversión productiva. En determinado momento, hubo sectores que han sobreacumulado. Los neoclásicos lo interpretaron como una decisión de los hogares cuando, en realidad, fue por debilidad de la inversión. Un ejemplo es la caída de la inversión en Asia –con excepción de China– después de la crisis de 1997/98. Esta masa de capital líquido presiona sobre el sector financiero al buscar su valorización. Pero hay que destacar la relación de causalidad. El crecimiento de este sector es consecuencia de la acumulación del capital, no opera por fuera del conjunto de los problemas de esa acumulación. La interpretación de los neo-keynesianos –que hoy son el mainstream– es la del acelerador financiero. Es decir, el uso de los activos financieros como colaterales en préstamos hace que, en determinado momento, se produzca un shock que se potencia a través del mecanismo financiero.
¿Y usted qué opina sobre ese diagnóstico?
–Tiene aspectos de la realidad importantes, pero no analiza a qué se debe el shock, de dónde viene. Es el propio sistema de la competencia capitalista el que obliga a un banco a competir con otros para ofrecer más rentabilidades. Si no los ligamos a los problemas de fondo, no entendemos por qué esas especulaciones pueden estallar en una brutal crisis financiera, que no siempre afecta a la economía. Por ejemplo, el crac de Wall Street de 1987 no derivó en una crisis global y fue la segunda gran caída de la Bolsa de Estados Unidos.
En la cumbre del G-20 se propuso una mayor regulación de los mercados como forma de apuntalar la situación económica, ¿cree que ésa sería una solución?
–En el G-20 la regulación de los mercados se planteó como gran cuestión para después de la crisis. Hoy la discusión es hasta qué grado hay que tener intervención estatal y si se van a aplicar o no medidas proteccionistas. Todo el mundo pide que no haya medidas proteccionistas pero, en el fondo, muchos las aplican. Sobre esto quisiera hacer dos reflexiones. Los mercados financieros y capitalistas presionan por eludir las regulaciones. Las regulaciones de Basilea establecieron que los bancos debían tener cierta ratio de capital en relación a su cartera de activos. Pero éstos diseñaron “Sociedades de Propósitos Especiales” (especie de fideicomiso) para armar sus operaciones por fuera de balance y, luego, comprar los papeles que emitían esas entidades.
¿Y la segunda reflexión?
–Lenin decía que estaban bien las consignas pero hay que pensar quién las aplica. En el G-20, se planteó que el FMI debe retomar poder para regular. Ese organismo está gobernado por las grandes potencias, los grandes banqueros y el capital internacionalizado. Va a responder a esos intereses. Es un control de los altos mandos del capital para evitar desequilibrios. No hay controles en abstracto.

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viernes, 22 de mayo de 2009

La economía en la mirada de Cristiano Rattazzi


En una entrevista exclusiva con 'El Cronista Weekend' da su veredicto sobre los temas más polémicos: la industria, el dólar, la economía después de las elecciones y analiza las claves por las que un superávit con inflación es para él de "casi ficción".
En conclusión, no hace más que manifestarse contra un modelo, que a punto de estallar, promete -a manos de los Kirchner- buscar la salida en la "chavización" de la economía argentina.
El temor, entre los empresarios, es profundo. Y las palabras de Ratazzi parecen ser el puntapié para el alerta que despierta ante el posible panorama que se acerca luego del 28 de junio.
La entrevista:
- ¿Cómo ve la economía?
- Comparado con las caídas de 50 por ciento que tuvieron otros mercados, como Estados Unidos o los principales de Europa, el retroceso local en la venta de autos no es tan grave. Pero, en general, la economía del país está 15/20 por ciento por debajo del año pasado.
- ¿Por qué tuvo ese impacto?
- Porque se dio así. Aún tenemos desafíos por delante porque no aprovechamos el período de bonanza para arreglar los temas pendientes. Entonces, ahora, cuando se viene el invierno, tenemos una economía muy desordenada, con impuestos distorsivos -como las retenciones- que castigan la producción marginal. Otros tributos, como ingresos brutos, se eliminaron en Europa hace 50 años. El impuesto al cheque no deducible de Ganancias es una promoción de la economía negra: el que puede evadirlo, lo evade. Y también reapareció el impuesto a los Sellos, que hasta las piedras deben estar de acuerdo sobre su inutilidad. Además de que no se ordenaron cosas básicas y fundamentales, se falsearon todos los datos. Tener datos falsos es como jugar a hacer trampa en el solitario.
- ¿Por qué cree, entonces, que se desaprovecharon estos años?
- Es un problema ideológico, de desconocimiento de las economías modernas. Hemos deshecho todo lo bueno del primer período de Menem: desregulación, privatizaciones… Una aerolínea pública, hoy, es un absurdo. En el mundo no existen más porque se entendió que es un negocio muy competitivo y difícil, claramente de técnicos, que exige manejos extremadamente complejos de enormes capitales. En los Estados Unidos, el gobierno no interviene General Motors. Le dice: "Te doy una mano pero, después, me devolvés todo; si no lo superás, quebrás". Acá, en cambio, existe una idea argentina de que, en el fondo, el Estado resolverá el problema de cada uno y de todos. Y eso impide que el país avance hacia la visión que tiene Chile o Brasil.
- Esa presencia estatal, ¿no es un pilar del "modelo productivista"?
- "Productivista…" (pausa). Todos quieren producir. ¿O conocen alguien que no?
- ¿Sin protección o dólar alto?
- El tipo de cambio alto nos viene muy cómodo a todos. Siempre es muy cómodo. Pero Italia, que lo tuvo durante años, cuando entró en la convertibilidad del euro, cambió algunas cosas. Muchos chillaron. Pero lo hizo en un país acostumbrado a devaluar y tener inflación, que es una estructura mental mucho más difícil. Tener inflación quiere decir que, si uno se pasó 10% en un salario, también tiene que poder bajarlo en esa proporción. Porque, si uno se equivoca cuando hay inflación, sin devaluación a la vista, el salario excesivo puede perjudicar, hasta hacer cerrar la fábrica. Es la regla de la vida: difícil, competitiva y que aplica el mundo al que le va bien. Por ejemplo, España, cuando salió del superproteccionismo de Franco para entrar al Mercado Común Europeo. Por supuesto, recibió ayuda. Pero hubo una decisión. Como el dicho italiano: "Ayudate que Dios te ayuda". Si decís que vas a hacer las cosas seriamente y bien, te van a ayudar. Hacé las cosas para ser más eficiente, más confiable, más parte del mundo. No es bueno aislarse. Menos, en un mundo en el que todo se sabe. No podés vender productos de calidad inferior a los de otras partes. Entonces, ¿por qué acá tenemos que proteger al que fabrica los tornillos torcidos?
- ¿Por qué?
- Volvimos a una visión levemente paleolítica de la economía, que es no competencia, ni eficiencia, ni productividad, ni innovación, ni desarrollo, ni investigación… Evidentemente, en un momento difícil como ahora, todo eso crea enormes problemas. Mayores para la economía local que para otras del resto del mundo. El proteccionismo no debería ser declamatorio. Proteger sólo porque se produce algo. No. Debería ser algo pragmático para sectores sensibles y contra la competencia desleal. No un proteccionismo de principios.
- ¿Cómo ve las paritarias?
- En esta situación, empresa por empresa. Cuando las cosas andan bien, el sindicato tiene derecho a participar. Cuando no, no hay mucho para repartir. Los gremios mismos se dan cuenta.
- ¿Hay conciencia de eso?
- Sí. Tenemos sindicatos buenos. La gente de Smata entiende perfectamente. Siempre hubo un discurso entre adultos, serio. Obviamente, a quien le va bien le será un poquito más difícil la negociación. Pero no podemos ir alegremente aceptando que la inflación es de 20% y, por lo tanto, dar un aumento del 15 ó 20%. Este modelo "productivo y competitivo" ya es sólo "productivo" por que perdió lo competitivo. Si uno se pasó en un salario, tiene que poder negociar con su sindicato. Si no, no se sale más del ciclo devaluación-inflación. Y tener inflación es pésimo. No hay devaluación gratis. Para un industrial, sería mucho mejor tener un dólar a $ 4,50. Pero también sé que, para los números macro de la Argentina, no es tan conveniente. Debemos conservar la inflación próxima a cero. Eso será una tarea gigantesca. Lo mismo, el superávit: tiene ser sólido pero sin inflación. El superávit con inflación es un superávit medio ficticio.
- ¿Qué opina del escenario fiscal para este año?
- Como estaba dado mucho por inflación, el superávit es endeble. ¿Qué hicimos entonces? Confiscamos los ahorros de los jubilados. Fue algo que se celebró con la misma alegría que se aplaudió el default y después, cuando se pagó sólo el 25 por ciento a los acreedores. Y una quita del 75 por ciento significa que nadie te prestará cuando lo necesites, porque te quedaste sin financiación. El que tenía un bono de 2003 a 2007 estaba muy seguro: a toda América latina le fue bien. Ahora, en cambio, el holder argentino no te da más. Por el contrario, piensa qué le van a pagar, cuánto y cómo. Nosotros le devolvimos plata al FMI, al 4,2%, y nos endeudamos con Chávez, al 15%. Perdemos u$s 1000 millones por año sólo por no hablar más con el FMI. ¿Por qué no vamos a hablar más con el FMI? No pide cortarnos las venas, sino cosas normales: monitorear la economía, ver que estemos haciendo cosas sensatas.
- Ahora se le pedirá de nuevo, si cambian las condiciones…
- El FMI lo dijo bien claro: los datos del país tienen que ser públicos. Entonces, ya quedamos afuera.
- En términos impositivos, ¿qué más debería corregirse?
- Poner reglas, instituciones. No se puede vivir sólo bajo la regla del Príncipe. Los países se fundan en función de reglas. No se inventa la rueda cada cinco minutos. Debemos ser un país normal y serio, como nuestro amigo Néstor (sic) repitió varias veces. No hay mucha cosa que inventar. Obviamente, todavía debemos salir del default. Salir del default es cerrar todo: holdouts, Club de París… Ser un país que respeta sus compromisos, como Brasil. No uno que haga un desparramo cada siete años. De 1929 a hoy, no hay un presidente que haya terminado en serio su mandato y pueda contar lo bien que hizo la Argentina a largo plazo, como hacen (Ricardo) Lagos, Felipe González, Cardoso, como podrá hacer Lula.
- ¿No hay también responsabilidad empresaria? En los últimos años, hubo mucho silencio…
- Pienso que, en adelante, habrá un cambio. Cuando se confiscó la plata de las AFJP, la UIA y AEA emitieron comunicados en desacuerdo. La historia no va a mirar la estatización de los fondos de pensión como una cosa brillante. Aunque no me gustara mi AFJP, un año antes había decidido quedarme ahí. Y de golpe me encontré que ese dinero se lo llevó otro. De repente, la ANSeS se encontró con todo ese caudal que tiene que empezar a colocar, como si fuera un banquero. Y la ANSeS no es un banquero.
- ¿Qué piensa del papel que hoy le toca al ministro de Economía?
- Ahora también hay ministra de Producción… En los países en los que las cosas andan muy bien, no se sabe quién es el ministro de Economía. Ahora no sabemos pero no es el caso (risas).
- ¿Qué opina del adelantamiento de las elecciones?
- No me gustó. Si la ley decía que debían ser en una fecha, ¿por qué cambiarla? Me gusta que las instituciones se respeten.
- ¿El adelantamiento no despejará incertidumbre económica para el segundo semestre?
- No. Se complicará más. Si hubo motivos económicos para adelantarlas…
- ¿Qué cree que hará el Gobierno después del 28-J?
- Hay que gobernar. Cuando un gobierno gana las elecciones, no tiene que crear poder, sino administrar el patrimonio público y, una vez cumplido el mandato, volver a casa, con lo bueno o malo que se haya hecho. Si el Gobierno pierde en junio, habrá un Congreso menos favorable. Sólo eso. El Gobierno debería tratar de hacer las cosas bien y, si el Congreso se lo impide, mostrar a la sociedad en qué te está jorobando.
Ayer se reunió el denominado G-7, que reúne a los banqueros, industriales, a la Bolsa, el comercio, y la construcción, en la sede de la UIA. Estuvieron ausentes Hugo Biolcatti (presidente de la Sociedad Rural) y Mario Llambías (titular de Confederaciones Rurales Argentinas).
Invitados por el titular de la central fabril, estuvieron en la mesa el presidente de la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino y titular del Grupo Macro, Jorge Brito; el presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Adelmo Gabbi; el titular de la Cámara Argentina de Comercio, Carlos De la Vega; y el vicepresidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Diego Buracco.
Los cinco comensales compartieron la estimación de que el ex presidente, titular del PJ y candidato a diputado por el Frente Justicialista para la Victoria, Néstor Kirchner, se impondrá por sobre Francisco De Narváez, candidato a diputado por Unión PRO.
Sin embargo, creen que perderá la mayoría en Diputados, y esto lo que, según ellos, los obligará a buscar algunos consensos y canales de diálogo.
Es ahí donde ingresarían los empresarios, que consideran que la Rosada debe relanzar políticamente al Gobierno y para eso debe hacer un cambio trascendente en el Gabinete.
Sostienen que se deben impulsar correcciones a la política económica. Entre esas modificaciones debe incluirse la normalización del INdEC; regularizar las relaciones financieras internacionales y reducir los niveles de gasto público.
Hubo una fuerte discusión sobre cómo debe buscarse un nuevo equilibrio macroeconómico, que estuvo centrada en la paridad del dólar, el valor de las tasas y los reclamos salariales. Brito confesó: "Kirchner nos ataca por el nivel de las tasas. Pero en este contexto, si bajamos las tasas va a subir el dólar."
Para encarar las rectificaciones, quieren un nuevo e idóneo equipo económico. También un nuevo ministro que ocupe el centro de la escena para avanzar en negociaciones y en las correcciones.
Los banqueros privados sugieren que Argentina lance un plan integral para normalizar su frente externo. En otras palabras: además de cancelar los Boden, aconsejan un plan integral para acordar con el Club de París y normalizar la deuda impaga de los holdouts.
Sin embargo, en la Quinta de Olivos quieren esperar hasta julio para abrir cualquier negociación. Igual criterio existe para las decisiones económicas importantes.
Es que, para los empresarios ganen o pierdan los Kirchner (esto es, con o sin mayoría en el Congreso), si no provocan cambios, se conduciría al mismo derrumbe. Saben que éste es el momento para intentar prevenir que todo desencadene en una "chavización" total de la argentina.


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miércoles, 20 de mayo de 2009

Qué le preguntarán a Boudou. Adrián Simioni

(Nota publicada en La Voz del Interior - Miércoles 20/05/2009)
“No tiene asidero, no hay nada nuevo en lo que a nosotros respecta. El sistema previsional ya tuvo su reforma y está transformado”, dice Benigno Vélez, gerente de Finanzas de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), el organismo responsable de que puedan cobrar sus haberes los jubilados actuales y futuros de la Argentina. Vélez niega así las versiones que circularon desde el lunes sobre una reestructuración de la Anses destinada a sus crecientes y complejas funciones.

También alcanza a desmentir que en alguno de los primeros cuatro meses de este año la institución haya registrado un déficit, como dicen otros rumores. Y de inmediato precisa que, en realidad, toda información al respecto debe canalizarse a través de la Gerencia de Comunicaciones de Anses. Así se hizo, pero Sergio Poggi, gerente de Comunicaciones, no respondió. Una lástima. Porque, aunque la Anses es un organismo que puede sonar lejano para los ciudadanos de a pie, allí se define hoy el manejo de la mayor parte de los recursos líquidos con que cuenta la sociedad. Lo que se haga con esa plata definirá en buena medida el futuro. No sólo se juega si se podrá pagar o no a los jubilados de mañana sino si la mayor parte del ahorro argentino será eso y se transformará en inversiones rentables o si simplemente servirá para que un gobierno lo despilfarre en un par de años, cosa de quedar bien ante los votantes de dos o tres elecciones, aunque le cause un daño económico a la posteridad. Para entender la dimensión de la cuestión, basta decir que en 2008 los trabajadores, las empresas y los autónomos pagaron a la Anses el equivalente a 5,1 por ciento del producto interno bruto (PIB). Además, alrededor de cuatro puntos adicionales que los argentinos pagaron en impuestos fueron también a la Anses. De manera que estamos hablando de unos nueve puntos del producto. Comparemos: el Estado nacional financió todas sus actividades el año pasado con alrededor de 17,4 puntos del PIB. Y el conjunto de las provincias (que bancan a los maestros, los jueces, los médicos, los policías) recaudó 4,4 puntos, la mitad que Anses. El dinero es tuyo. La clave no es sólo la magnitud. Gracias al ajuste de décadas sobre los jubilados y a los altos impuestos al trabajo que se les cobran a los trabajadores, Anses tiene, por un lado, una masa de 100 mil millones de pesos ahorrada desde la “década maldita” de 1990 hasta el año pasado, cuando se liquidó el sistema de administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP). Hubo un ahorro, que ahora está en el Fondo de Garantía de Sustentabilidad. Hay recursos disponibles. No como en la Nación, las provincias o los municipios, donde la plata ya está prácticamente gastada antes de ser recaudada. Hay, entonces, varias razones para que a los fondos previsionales se los cuide más que a cualquier otra cosa: su magnitud, su potencial para multiplicar la inversión y el hecho de ser cruciales para que las generaciones futuras de jubilados puedan sobrevivir. Hay otro pequeño detalle: el dinero es de los aportantes, del sistema previsional. No del Estado. El aporte previsional no es un impuesto. El aporte es la obligación que impone el Estado a sus ciudadanos, de ahorrar pensando en su futuro. Aquí y en todo el mundo. Si no, todos los estados quebrarían al tener que financiar a cada vez más millones de personas de la tercera edad que, por imprevisión, no hubieran ahorrado. Por eso se crearon los sistemas previsionales. Y por eso son autárquicos. Como, al menos en los papeles, es la Anses. Algo de esto se empezará a debatir hoy, cuando el director de la Anses, Amado Boudou, responda a las preguntas que le hará la Comisión Bicameral creada con la estatización de las AFJP, que sesionará por primera vez desde que, hace siete meses, Boudou se transformó en la persona que concentra el manejo de la mayor masa de dinero contante y sonante del país. Santacruceño ve a Kirchner y llora. Juan Acuña Kunz, del radicalismo de Santa Cruz, y Juan Obiglio, del PRO de Capital Federal, son diputados e integran la comisión que hoy se reunirá con Boudou. Lo primero que llama la atención es la falta total de información que también sufren quienes, se supone, tienen que controlar a Boudou. Obiglio lista alguna de las preguntas básicas que harán hoy: ¿Cuántos fondos recibió Anses de las AFJP? ¿Cómo los invirtió hasta ahora? ¿Cuánto y a qué tasas de interés les prestó al Estado y a los bancos? ¿Qué pasó con los 10 mil empleados de las AFJP que, se supone, terminaron en la Anses? ¿Cuánto se invirtió en los planes de canje de bicicletas y heladeras y con qué resultado? ¿Cuántas empresas ha rescatado la Anses y con qué criterio? ¿Anses va a rescatar a cualquier empresa que vaya a quiebra, sea por una cuestión coyuntural o por fallas estructurales propias o del mercado que las tornan inviables? ¿Cuántos directores ha nombrado Anses en cuántas empresas? ¿Con qué criterio? ¿Cuánto ganan? ¿Quién les dice qué tienen que hacer? ¿Cómo se los controla? Obiglio sospecha del presente. “Por la información que trasciende a la prensa, Anses está prestando a tasas de interés menores a la inflación, tanto al Estado como a los bancos. La inflación estimada para 2009 está en un 13 ó 14 por ciento y la Anses está prestando al 10 por ciento. Eso significa reducir el ahorro de los futuros jubilados”. En cambio, Acuña Kunz, santacruceño, sospecha del pasado. “Con los Kirchner, uno no se puede descuidar. Nos pasamos más de 15 años sin saber adónde estaban los 500 millones de dólares que cobró la Provincia por la privatización de YPF. Nunca supimos por dónde anduvieron. Cuando repatriaron el fondo, lo notamos ‘subdesarrollado’: seguían siendo 500 millones, pese a los intereses de 15 años. Hoy quedan 300 millones en el Banco Nación”. ¿Y no vamos a ahorrar más? Los temas cruciales son dos. Uno es cómo garantizar que no se desvanezcan los 100 mil millones de pesos ya ahorrados por los trabajadores argentinos. El otro es si ahora que Anses recibe la totalidad de los aportes previsionales (incluyendo lo que antes administraban las AFJP) una parte de ese dinero seguirá incrementando aquel ahorro o si simplemente se gastará. La ley que estatizó las AFJP dice que, ahora, todos los aportes se consideran un ingreso corriente de la Anses, no un ingreso de capital. Con lo cual su destino puede ser el de un mero gasto. Según la ley, al cierre de cada ejercicio anual, lo que sobre luego de pagar todo lo que la Anses gaste se acumulará en el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, para que la Anses lo invierta. A falta de información de Anses, lo único que se puede hacer es ver qué dice el Ministerio de Economía sobre la evolución de los ingresos y egresos del sistema. Allí dice que, en el primer trimestre, a la Anses entraron 16.553,1 millones de pesos y salieron de ella 17.244,2 millones, con un déficit corriente de 691,1 millones. Pero no es posible saber si la porción de impuestos coparticipables que también va a la Anses y los aportes jubilatorios del propio Estado están contabilizados de otro modo, de manera que la cifra no puede decir demasiado. Por ahora, Néstor Kirchner parece haber decidido que no tenemos por qué conocer cómo se manejan estos fondos. Pero hay que estar atento: en una de esas, esta noche Soledad Silveyra le pregunta en detalle sobre todo esto a la Presidenta.



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