La palabra ajuste no gusta a nadie, pero lo que la gente debe saber es que cuando se han acumulado excesos y distorsiones, finalmente se hace inevitable. En todo caso hay dos opciones: que el ajuste se programe y resulte ordenado; o bien que se imponga por sí mismo en la forma de una devaluación no controlada o de una crisis financiera. La segunda opción es social y económicamente más destructiva.
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La presidenta argentina Cristina Kirchner sintió la necesidad de explicar el lunes que "Soy una jefe de estado, no una patotera (matona)". Esta nunca es una buena señal si proviene de un político.


