domingo, 9 de octubre de 2011

Una cura para la economía mundial. Por Joseph Stiglitz

“Para saber qué medidas tomar, debemos entender los problemas que atravesaba la economía antes de la crisis” “El acelerado aumento de la productividad industrial superó el crecimiento de la demanda, lo que supuso una reducción del empleo en el sector industrial. Esto implicó un desplazamiento de mano de obra al sector de servicios”, caracteriza el autor de “Caída libre: Estados Unidos, el libre mercado y el hundimiento de la economía mundial”. Y propone que la receta para el mal que aqueja a la economía global se base en un diagnóstico completo.
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viernes, 30 de septiembre de 2011

Un botón de muestra de la inequidad. Por Adrián Simioni

Lástima. Por ahora, parece, no habrá condiciones para que en el trámite del Presupuesto 2012 en el Congreso se discuta a fondo el modo –muy inequitativo– en que el Gobierno nacional gasta sus recursos. Entre los opositores anestesiados por la paliza electoral y un kirchnerismo más envalentonado que nunca, no parece haber espacio.
Tomemos sólo un ejemplo claro: Aysa, la empresa estatal de aguas y cloacas que reemplazó de un decretazo a Aguas Argentinas, que atiende el área metropolitana.
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En la Capital Federal van quedando los viejos y los estudiantes. Por Orlando J. Ferreres

La población de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), que de autónoma tiene muy poco, no ha crecido nada en los últimos 50 años. En tanto que la población del país viene aumentando a un ritmo de 1,13% anual, aquí el ritmo de aumento es 0% (en realidad es -0,03 % anual negativo) ¿A que puede deberse esto? Es una tendencia general de las grandes ciudades, como había pronosticado Peter Druker hace más de 30 años: "En las ciudades grandes solo vivirán los viejos y los estudiantes".
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Boudou, la economía y la docencia. Por Daniel V. González

Más que un chiste es una fábula.
Un lorito se quiebra una pata y corre al encuentro del sabio del bosque, el búho, a pedir su consejo. Éste observa la situación, la analiza y le emite su dictamen: “Al quebrarte una pata, tenés una incapacidad del 50%. Si vos fueras un ciempiés, tu incapacidad sería mínima: apenas un 1%. Lo que te conviene es convertirte en ciempiés”. Al loro le pareció una respuesta genial e irrefutable. Le agradeció su consejo y emprendió el vuelo de regreso. Pero a mitad de camino se dio cuenta de que, si bien el razonamiento del búho carecía de fisuras, él no sabía cómo debía hacer para convertirse en un ciempiés. Pegó media vuelta y se enfrentó nuevamente con el sabio que, ante la intimación del loro acerca del procedimiento por el cual podía transformarse en ciempiés, sin darle mayor importancia le respondió:
“No tengo idea. Yo sólo soy economista”.
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lunes, 26 de septiembre de 2011

¿Quién paga la Universidad? Por Alieto Guadagni

Las recientes movilizaciones estudiantiles en Chile abren nuevos interrogantes sobre el mejor diseño de las políticas de financiamiento universitario, pero antes conviene tener un diagnóstico basado en la realidad de los hechos, para lo cual repasaremos a continuación los datos centrales del sistema universitario chileno y argentino, y su evolución en los últimos años.
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jueves, 15 de septiembre de 2011

La propiedad de la tierra. Por Gustavo Grobocopatel

Aunque el contexto y los actores hoy son diferentes, la "pampa gringa" fue producto de la "extranjerización" de tierras, de inmigrantes que vinieron de Europa, la mayoría ni siquiera nacionalizados argentinos, a hacer "la América". Mis bisabuelos y abuelos fueron parte de esa gesta que les permitió a ellos y a otros miles de extranjeros desarrollarse con libertad en esta nueva y gloriosa nación.
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Claves para entender la economía que viene. Por Martín Lousteau

Desde 2003 hecha la economía argentina habrá crecido a un promedio del 6,5% anual. Tan notable performance es debida tanto a factores internos como externos que han ido mutando a través del tiempo, y de su evolución futura dependerá lo que vaya a ocurrirnos de aquí en adelante.
El período 2003-2011 constituye el tercer mejor desempeño histórico detrás de 1903-1911, tiempos de boom de commodities , y 1918-1926, con la actividad económica rebotando después del colapso que significó la Primera Guerra Mundial. Los ocho años recientes combinan elementos de cada una de aquellas dos experiencias: precios récord de nuestras exportaciones y recuperación después de la depresión 1999-2002, en la que el PBI sufrió un desplome acumulado de nada menos que el 20%.
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martes, 13 de septiembre de 2011

Carecen de sentido los temores por una devaluación brasileña. Por Jorge Castro

El real se ha apreciado 46% desde comienzos de 2009 (U$S 1 = R$ 1,59, que sería R$ 1,52 a fin de año) y Brasil es el país del mundo que más ha valorizado su moneda en ese período . Detrás, y muy cerca, se encuentra Australia, y el dólar australiano se ha valorizado 43% en la misma etapa, medido frente a una canasta de monedas y ajustado por inflación.
Una apreciación semejante fortalece el consumo, y por lo tanto el ingreso per cápita, si se lo mide en términos de capacidad de compra doméstica.
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martes, 30 de agosto de 2011

Se requieren cambios en la enseñanza y práctica de la Economía. Por Orlando J. Ferreres

El estudio de la Economía, muy basada en matemáticas y con supuestos pocos fundamentados en la realidad ha dado lugar en los últimos 10 años a numerosas críticas sobre esta ciencia. Economía Política fue el nombre que en su origen designaba el estudio de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Con el paso de los años tendió a perder el segundo apellido y quedo solo con el primero, "Economía" a secas. En nuestro país, durante el gobierno militar, a la carrera de Lic. en Economía Política se le cambio el nombre, solo Lic. en Economía. La política estaba prohibida. Leer más...

sábado, 27 de agosto de 2011

Las leyes económicas se ríen de las urnas. Por Roberto Cachanosky

Devaluar primero generando un “cochón” cambiario para luego mantener fijo el tipo de cambio es una de las recurrentes estrategias a las que han recurrido diferentes gobiernos para frenar la inflación. Pasó en los 60, los 70, en los 80 y en el 2002. El caso de la convertibilidad fue diferente porque no hubo colchón cambiario, pero sí generó un cambio de expectativas en los agentes económicos y la convertibilidad terminó tacleando la hiperinflación. Pero la inconsistencia entre tipo de cambio fijo y déficit fiscal permitía pronosticar futuros problemas. 
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El inexistente milagro de Tejas. Por Paul Krugman

Como era de esperar, Rick Perry, el gobernador de Tejas, ha anunciado que se presenta como candidato a presidente. Y ya sabemos de qué va a tratar su campaña: fe en los milagros. Algunos de estos milagros entrañarán cosas que es probable que uno lea en la Biblia. Pero si gana la nominación republicana, su campaña seguramente se centrará en un tema más laico: el supuesto milagro económico en Tejas, un Estado que, según se afirma a menudo, salió prácticamente ileso de la Gran Recesión gracias a las políticas económicas conservadoras. Y Perry sostendrá que puede devolver la prosperidad a EE UU aplicando las mismas políticas a escala nacional.
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viernes, 26 de agosto de 2011

Mimos para ricos. Por Martín Lousteau

La economía global está en terapia intensiva: crecerá poco y nada en los próximos años, con probabilidades no desdeñables de caer en una nueva recesión. Ello implica que las tasas de interés en los países desarrollados permanecerán bajas, lo cual es positivo para nuestro país y la región en general. Pero también es posible que el mundo compre menos nuestros productos, o que caigan los precios de nuestras exportaciones. Si eso ocurre habrá menos fondos disponibles, tanto en el sector privado como en la esfera estatal. Es en este marco que debemos analizar si estamos haciendo una adecuada utilización de nuestros recursos actuales, como es el caso de los subsidios económicos que incluyen: energía, transporte, agroalimentos y financiamiento del déficit de empresas públicas.
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¿Más ocupación o más máquinas? Por Orlando Ferreres

Hay más de 300 proyectos de leyes laborales esperando ser aprobados por el Congreso. Además volvió, como en sus mejores momentos la industria del juicio, que no protege al trabajador sino que beneficia a los intermediarios que organizan los juicios laborales. Sin embargo, este no es el principal problema laboral del momento.

En este contexto difícil para tomar gente volvió también, como en los peores momentos de la convertibilidad, a encarecerse el precios relativo del costo laboral total (incluyendo cargas sociales) versus el costo de la maquinaria y equipo.
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martes, 19 de julio de 2011

Es imparable el aumento de inversión en los emergentes. Por Jorge Castro

La tasa de inversión en los países emergentes aumenta siguiendo las tendencias de fondo de la economía mundial y las características de sus sistemas políticos no la frenan ni la frustran; en todo caso, como en la Argentina, lo que hacen es disminuir su intensidad.
El nivel de pobreza, la debilidad institucional, el peso de la corrupción no son lo decisivo; lo crucial son las tendencias de fondo, ante todo demográficas, y derivados : consumo per cápita, ampliación del mercado interno y capacidad exportadora .
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lunes, 20 de junio de 2011

Es imparable el aumento de inversión en los emergentes. Por Jorge Castro

La tasa de inversión en los países emergentes aumenta siguiendo las tendencias de fondo de la economía mundial y las características de sus sistemas políticos no la frenan ni la frustran; en todo caso, como en la Argentina, lo que hacen es disminuir su intensidad.
El nivel de pobreza, la debilidad institucional, el peso de la corrupción no son lo decisivo; lo crucial son las tendencias de fondo, ante todo demográficas, y derivados : consumo per cápita, ampliación del mercado interno y capacidad exportadora .

HSBC, el segundo banco del mundo, decidió ampliar sus operaciones en la Argentina e invertirá U$S 106 millones en tres años. La decisión se tomó tras “valorar el potencial económico de largo plazo, más allá de lo coyuntural, a partir de las perspectivas de valorización de sus productos exportables”.
¿Cuáles son las tendencias de largo plazo de la economía global? La población mundial (6.900 millones de habitantes) superará los 9.000 millones en 2050 (ONU) y crece 75 / 80 millones por año.
El 98% del aumento tendrá lugar en los países emergentes.
Este giro está acompañado de dos cambios económicos centrales, de largo plazo: los países emergentes crecen 3 veces más rápido que los avanzados (7% / 8% vs. 1,5% / 2% anual) y más de 80% del crecimiento global es obra del mundo emergente.
Dentro de esta tendencia hay un vector cualitativo, decisivo económicamente: el auge de la clase media global (con ingresos entre U$S 5.000 y U$S 30.000 anuales), que podría alcanzar en 2021 a 2.000 millones de personas de los países emergentes (Brookings Institute). Para entonces su capacidad de compra sería U$S 5,6 billones. Hay que agregar que 75% del crecimiento de esta clase media global tiene lugar sólo en dos países: China e India.
China tiene 50% más de usuarios de Internet que la población norteamericana (457 millones) e India, más portadores de telefonía móvil que la población sumada de EE.UU. y Canadá. El mayor diario de lengua inglesa no es The New York Times, sino Times of India , con 200 millones de lectores.
El auge de la clase media global es sinónimo de urbanización y ésta, de incremento del consumo de energía, proteínas y metales. El cálculo del mercado de Londres es que en los próximos 10 años se consumirán más recursos naturales que en los últimos 100.
Una consecuencia central de esta tendencia de fondo es que crece el desequilibrio entre oferta y demanda agroalimentaria , arrastrado por el hecho de que los principales países emergentes (China / India), al carecer de tierras fértiles no utilizadas y experimentar una severa restricción acuífera, aumentarán sus importaciones alimentarias.
Brookings calcula que la capacidad de consumo de la clase media asiática sería 59% del total mundial en 2030 (hoy 23%). Por eso Wal Mart tiene hoy en China 267 hipermercados y planea abrir otros 300 para 2020.
La República Popular se transformaría así en un país de clase media (+ de 50% de la población) en 12 años .
En los últimos 20 años, 200 millones de campesinos chinos pasaron del campo a las ciudades, el mayor proceso de urbanización de la historia . Ahora se estima que 300 millones migrarán a las urbes en las próximas dos décadas. Unos 3 millones de campesinos arriban a los centros urbanos por semana.
Lo real es lo actual y lo posible. Si Argentina recibiera un porcentaje semejante de inversión extranjera directa (IED) al que reciben sus vecinos (Brasil / Uruguay / Chile), obtendría este año más de U$S 35.000 millones, estimación conservadora.
Hay que sumarle que probablemente es el país de América latina de más alta tasa de ahorro, sólo que en el exterior y ajeno a la inversión , como lo indican los U$S 60.000 millones que se han fugado desde 2007.
La falta de capitales ha dejado de ser una restricción en el proceso de acumulación del siglo XXI.
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Las provincias desmienten a Moreno. Por Alfonso Prat-Gay

Cuando era un piojo de jardín de infantes, mi hija se pasaba horas mirando unos libros de imágenes muy ingeniosos llamados ¿Dónde está Wally? Las láminas mostraban grandes multitudes en las situaciones más divertidas y diversas, y en todas ellas, camuflado entre tanta gente, aparecía un joven desgarbado de anteojos y camisa a rayas rojiblanca que tanto nos costaba identificar: ¡Wally! Pasábamos horas jugando al Dónde está Wally.

La evolución de los índices oficiales de inflación en la Argentina me recuerdan a Wally. Antes de que Néstor Kirchner le ordenara a Guillermo Moreno la intervención del Indec, era dificilísimo distinguir el índice de precios al consumidor (IPC) que el Indec mide en el área metropolitana de Buenos Aires de los otros índices oficiales recabados por las direcciones estadísticas de 17 provincias. Había que resaltar mucho la línea del Indec -una licencia que Wally jamás hubiera permitido- para poder encontrarla en medio de la maraña de índices que decían lo mismo. Recuerdo que cuando presidía el Banco Central, con el objetivo de mantener la inflación lo más baja y más estable posible en todo el país, reclamábamos un índice de precios federal. Pero lo hacíamos sin apuro, ya que veíamos que las diferencias estadísticas aquí y allá eran insignificantes -lo que para el Indec fue 4,4% en 2004, para el promedio de las provincias fue 4,2%.
Acceda al informe
¿Dónde está (el secretario de Comercio Interior) Moreno? El pasatiempo se torna aburrido, y una pesadilla más que un juego, a partir de 2007: Moreno queda rápidamente en evidencia por su falsificación del IPC. También por la discontinuación, en marzo de 2008, de los índices que conformaban el IPC nacional (CABA, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Catamarca, Tucumán) que ahora Amado Boudou dice querer recuperar con la ayuda del FMI. Lo vemos también a partir de 2008 en la desaceleración de la inflación de Mendoza, que pasó a ser una provincia oficialista, y en la aceleración en Santa Fe, que dejó de serlo.
En consecuencia, para desenmascarar a Moreno y las mentiras del Indec no es necesario recurrir a los consultores a quienes Moreno multa por decir la verdad . Hay un contraste institucionalmente más potente y es el que surge de la comparación con las mediciones independientes de muchas provincias de esta república federal. Y si bien es cierto que las canastas y las metodologías son diversas, sus mediciones siempre dijeron más o menos lo mismo. Cuando hay un aumento sostenido y generalizado de precios, la correlación de precios es tan alta que distintas canastas dan resultados similares. De otro modo no se explica que la inflación de "liberales trasnochados de los ?90" coincida con la de Moyano. De hecho, hay 40 millones de canastas de precios que desmienten a Moreno.
En abril, la inflación de Moreno marcó 08% mensual. En las provincias, en cambio, estuvo entre 2 y 2,9% -¡el triple! En los últimos 12 meses, la inflación oficial de las 11 provincias independientes fue del 23,3%, casi lo mismo que consiguió Moyano en su negociación salarial.
El Gobierno podrá encontrar consuelo en que la inflación en los tiempos de Boudou-Marcó del Pont aún es más baja que en los tiempos de Fernández-Redrado. Consuelo de tontos, realmente, ya que gracias a ella hoy hay más pobres, menos exportaciones, menos empleo y más incertidumbre. Ya que en vez de enfrentar las obvias inconsistencias en la política económica, todo se tapa, todo se niega, nadie se hace cargo. Tristemente, ¿Y dónde está el piloto? le gana hoy a ¿Dónde está Wally?
El autor es diputado nacional (CC) y ex presidente del Banco Central.
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jueves, 16 de junio de 2011

Las patas de la mentira ya no son tan largas. Por Adrián Simioni

Es raro: el debate electoral debería poner sobre la mesa una cuestión clave que, sin embargo, parece obturada por la creencia instalada que da por hechas la postulación y la victoria de Cristina Fernández y porque la agenda económica se oculta tras 
escándalos de poca monta.
La cuestión es que el “modelo” –ahora autodenominado “proyecto nacional y popular”, como si el resto de las fracciones políticas fueran “británicas y oligárquicas”– ha variado de manera sustancial. La progresiva de-saparición de los superávit 
gemelos (el fiscal y el comercial) y del colchón de competitividad de salarios bajos derivados de la devaluación duhaldista modificará la política económica luego de las elecciones (si no antes).

Esto no es el pronóstico de ninguna hecatombe, que nadie prevé. Es sólo que, por dar apenas un ejemplo, ya sin tantos recursos excedentes para sostener déficits como el de Aerolíneas Argentinas, será difícil dedicar cuatro años a seguir autoelogiándose por la decisión de reestatizarla y mantener a los gremios aeronáuticos en relativa calma.
El caso de la inflación. Seguir con el simplismo de falsear la inflación es un claro ejemplo de los límites que se están tocando. Y por razones no sólo políticas –como 
el absurdo de que ahora la cifra más creíble la dé la oposición, con base en el promedio simple de datos privados–, 
sino financieras.
El lunes, en una reunión de la Fundación Mediterránea, el economista Jorge Vasconcelos planteó, entre otras cosas, que también se han achicado los márgenes para que el Estado nacional siga pagando los vencimientos 
de la deuda de la administración pública con los dólares de lo que debería ser un organismo autárquico, como el Banco Central.
Entre 2010 y 2011, se destinaron 15 mil millones de dólares de las llamadas “reservas de libre disponibilidad” 
a cancelar obligaciones. Y, según el cálculo de Vasconcelos, hacia fin de este año 
quedará, según la definición actual de esas reservas, un margen de entre dos mil y tres mil millones de dólares para aplicar al mismo fin.
En parte, esto es por el achique del superávit comercial, que tiende a dejar un menor margen de dólares en el país. Y, con una reducción de su superávit fiscal, el Estado tiende a contar con menos chances que en años anteriores de afrontar los pagos con su propio dinero.
Como los vencimientos superan la cifra de dólares que, se supone, estarán disponibles, lo esperable es que el Estado deba esforzarse, por primera vez en muchos años, por conseguir crédito. Financiamiento real, no el de la Anses, que también ve achicarse sus márgenes. Anses podría obtener recursos para prestarle al Estado si vendiera las acciones en las que se invirtieron los ahorros previsionales de la década de 1990. Pero eso implica obstáculos económicos (tiraría abajo la Bolsa) y políticos (¿cómo explicarlo en 6,7,8?).
La plata es lo de menos. No es que el Estado no consiga que hoy le presten. Pero debe convalidar una tasa de nueve por ciento anual, muy superior al cinco por ciento que paga, por ejemplo, Brasil. Y que puede llegar a ser más alta si cambia el panorama internacional de tasas 
súper deprimidas.
Si quiere abaratar ese costo, Argentina está forzada a cambiar la percepción de los prestamistas sobre su nivel de riesgo. Mentir la inflación es una de las cosas que menos ayuda a ser creíble. No en vano el ministro de Economía, Amado Boudou, abrió una puertita para que, sin que los votantes kirchneristas lo noten demasiado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le avale una nueva forma de medir la variación de precios. Una alternativa es impulsar políticas para que la inflación baje, ya sean “nacionales y populares”, 
como las de controles de precios, o “liberales y salvajes”, como las de ajuste.
El de la inflación es sólo un ejemplo sobre cómo un marco económico que cambió obligará a modificar 
varias políticas públicas, 
que además están encadenadas. El próximo Gobierno tendría, posiblemente, dos opciones:
Correr hacia adelante. Aquí se explican los temores empresarios a que el Gobierno busque nuevos modos de apropiación de rentas, como la nacionalización del comercio de granos, pero en un contexto en el que los tres niveles del Estado se apropian ya del 34,7 por ciento del producto interno bruto.
Doblar más o menos en “U”. Lo cual tendría fuertes costos políticos frente a los sectores estatales, sindicalizados, protegidos de la competencia y/o subvencionados.
Quién sabe... capaz que los perdedores de las próximas elecciones terminen festejando la derrota como una victoria. Después de todo, hoy no parece buen negocio hacerse cargo del futuro gobierno. Y lo mejor sería que quien encendió el horno se encargue de sacar los bollos.
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domingo, 12 de junio de 2011

El verdadero reto será en el 2013. Por Rodolfo Terragno

Los dos próximos años serán difíciles para cualquiera. Si hay reelección, habrá desencanto. Si hay cambio, añoranzas.
El período 2002-2011 ha sido propicio para la Argentina: elevadas tasas de crecimiento, aumento del empleo y explosión de consumo. Estas fueron las razones de la bonanza:
1. La introducción de la semilla transgénica (1996). Sumada a la siembra directa, multiplicó la productividad de la agricultura sojera. Eso convirtió a la Argentina en uno de los mayores proveedores de soja en el mundo.

2. El fuerte incremento de la demanda global, provocado por China (2001-2011). Solamente en soja, China quintuplicó, en diez años, sus importaciones: pasó de 10 millones de toneladas a 50 millones.
3. El boom de los commodities (2001-2011). La demanda china catapultó los precios: la soja pasó de 170 a 540 dólares la tonelada.
4. La devaluación . Los exportadores no sólo facturaron mucho más (por el crecimiento de la demanda) sino que pasaron a recibir 3 pesos (no 1) por cada dólar exportado. El comercio exterior actuó como locomotora de la economía. Hubo un raudo crecimiento de las reservas y del ingreso fiscal. El país gozó de superávits gemelos.
5. La renegociación de la deuda (2006). Una quita que parecía inalcanzable permitió disminuir sensiblemente la carga de la deuda.
Los años que vienen no serán como los que se fueron:
1. Diversificación de la producción mundial . Brasil aprobó la semilla transgénica nueve años después que la Argentina. Sin embargo, hoy produce 13 millones de toneladas más que la Argentina y es el segundo proveedor mundial, detrás de los Estados Unidos.
2. Desaceleración de la demanda global.
La tasa de crecimiento china podría descender este año de 10 a 7 por ciento. Europa está en una época de austeridad. A los Estados Unidos los preocupa el desempleo creciente.
3. Perspectivas de competencia . En los últimos años, EE.UU., Brasil y la Argentina se apoderaron del mercado chino para la soja. Ahora, la gran compradora, China, está impulsando la producción propia y ya está casi en la mitad de lo que produce la Argentina.
4. Retraso cambiario.
La inflación, al aumentar los costos de producción, reduce el valor real del dólar que reciben los exportadores. Esto restringe la exportación y favorece que los productos importados inunden el mercado interno. El dólar está hoy a 4,10, pero si se le descuenta la inflación acumulada desde 2002, está a 0,95.
5. Deuda y fuga de divisas . Hoy la deuda triplica a las reservas. No es una relación alarmante; pero debe tenerse en cuenta la fuga de dinero, que en los últimos 8 años sumó 66.000 millones de dólares.
En este contexto, se hace más difícil resolver problemas nuevos, que de por sí presentan grandes dificultades.
La inflación . Cálculos independientes dicen que la inflación anual está en 25 por ciento: la segunda del continente y la sexta del mundo. En otras épocas, esto se solucionaba (con trágicas consecuencias de largo plazo) apreciando el peso. Con eso, lo importado eran más barato que lo nacional y obligaba a los productores locales a reducir márgenes. Con la tablita y la convertibilidad aprendimos que eso es pan para hoy, hambre para mañana.
El gasto público . En los últimos años imitamos a la cigarra, no a la hormiga. Las cuentas públicas se han hecho cada vez menos halagüeñas y el fisco ha debido recurrir a fondos de los jubilados y reservas del Banco Central: recursos que (legítimos o no) sólo sirven para remendar.
Los subsidios . El Estado gasta 11 millones de pesos por hora para subsidiar actividades y precios. Si se quitaran tales subsidios no sólo aumentaría la inflación sino que se produciría una rebelión social. El público, acostumbrado a los precios subsidiados, no toleraría un brusco pase a la realidad. A la vez, si se mantuvieran los subsidios, se marcharía hacia una crisis fiscal.
La lucha contra la inflación demandará medidas fiscales y monetarias que, inevitablemente, desacelerarán el crecimiento y el consumo. La racionalización del gasto público también será un arma de doble filo. En el largo plazo será beneficiosa, pero en el corto tendrá víctimas que, naturalmente, no se quedarán calladas. La eliminación de los subsidios – aunque sea parcial y se la ejerza paulatinamente- provocará fuertes reacciones. Mucho o poco, habrá un aumento sensible de los servicios públicos.
Esto significa que, gobierne quien gobierne, los próximos años serán arduos.
Si a fines de año hay reelección, la Presidenta no podrá continuar la marcha fácil del período 2003-2011 y provocará un comprensible desencanto. Además, ella tendrá poco tiempo para sortear obstáculos. Como no hay segunda reelección, la temprana puja por la sucesión resentirá muy pronto la capacidad de decisión de su nuevo gobierno.
Si lo que hay es cambio, el nuevo gobierno deberá afrontar comparaciones con el “ayer” y el “hoy”. La gente razonará que “antes” no existían los problemas que irán surgiendo.
Las soluciones para esos problemas no serán populares y el Gobierno, que no tendrá mayoría en el Congreso, se verá hostigado por el sindicalismo y las fuerzas opositoras .
Nada de esto significa que estemos condenados. Ni la reelección ni el cambio tienen por qué ser dramáticos si todos los candidatos toman conciencia de los problemas a resolver y acuerdan (antes de la elección) que podrán disentir en un sinfín de doctrinas, pero que los problemas más apremiantes exigen coincidencias sobre los remedios a aplicar .
La idea es que el próximo gobierno haga lo que debe hacer, y la oposición lo acompañe.
No es una posición idílica: todo quien sienta que tiene posibilidades de sentarse en el sillón tendrá que pensar, en algún momento, en el 11 de diciembre. Advertirá entonces que sólo (o sola) no podrá. El momento decisivo, en el cual hay que pensar desde ahora, será 2013. Sólo entonces sabremos si el país se ha encaminado, o si hay que tomar nuevos rumbos.
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El país ya no se autoabastece. Por Jorge Lapeña

La Argentina ha perdido en 2010 su condición de país autoabastecido en materia energética. Este había sido un objetivo largamente perseguido por los gobiernos argentinos desde el descubrimiento de petróleo, en 1907. Esa condición se alcanzó finalmente en 1989, y fue posible por la conjunción de factores políticos, institucionales y técnicos: 1) la existencia de una política nacional permanente; 2) el descubrimiento por YPF de las grandes reservas de gas natural en las décadas del 70 y el 80, y 3) el incremento sostenido de la producción nacional de hidrocarburos en un marco de inversión creciente.

Las causas son conocidas: la caída productiva crónica y sin precedente de nuestros yacimientos, que está asociada a la disminución de las reservas comprobadas, producto de la falta de inversión de riesgo en exploración de estos años. Nuestro país combina a lo largo de esta década oferta decreciente con demanda creciente: el déficit es una resultante natural.
Un caso interesante para ver cómo la Argentina ha degradado su condición energética es el del gas natural, la columna vertebral del sistema. El país firmó hasta 2004 contratos de exportación de gas natural por 27 millones de m3/día que aproximadamente representan un saldo exportable de un 25% del mercado total. Hoy las exportaciones son apenas el 1% de lo comprometido. En cambio, las importaciones (por gasoducto desde Bolivia y como gas natural licuado desde los puertos de Bahía Blanca y Escobar) hoy ascienden a 26 millones de m3/día con tendencia creciente. Las importaciones incluyen además cantidades crecientes de gasoil y fueloil para la generación eléctrica.
La pérdida del autoabastecimiento viene acompañada de dos efectos indeseables. Lo primero será el cambio de signo no coyuntural de la balanza comercial energética: hasta ahora el sector aportaba dólares, y ahora comenzará a demandarlos en forma creciente. En 2006 el saldo de la balanza comercial era de unos US$ 5600 millones; en 2011 habrá un saldo negativo que superará los US$ 1000 millones; las proyecciones a mediano y largo plazo indican que las importaciones crecerán en magnitud.
En segundo lugar, las importaciones agravarán las cuentas del Tesoro aumentando los subsidios, porque los precios del producto importado son muy superiores al valor con que dicho producto se comercializa en el mercado interno. Si las estaciones de servicio vendieran el GNC al precio de importación, éste debería subir en el surtidor en un 150%; evitar esto implica elevar subsidios. Los subsidios energéticos son crecientes e insostenibles y comprometen junto con los subsidios al transporte un alto porcentaje del PBI. Una cuestión adicional sobre las importaciones de gas natural: dudo que las soluciones que se están implementando con el apuro sean las más convenientes y las más racionales para la planificación energética estratégica. Habrá que poner la lupa sobre este tema; transparentar y sobre todo ver si los precios que pagamos son competitivos y están exentos de sobrecostos.
El autor fue secretario de energía de la Nación
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Colectivos insaciables: un cheque diario de $ 10 millones en subsidios. Por Diego Cabot

ES tanto, pero tanto que resulta complicado de dimensionar. El kirchnerismo ha logrado algo inédito: convertir a los colectivos urbanos y de larga distancia, que jamás en la historia tuvieron subsidios, en un yunque para las finanzas de la Argentina.
Desde 2002, salieron de la ventanilla oficial pagos por $ 34.000 millones destinados a los empresarios del transporte, que, claro está, benefician a los usuarios que pagan una tarifa baja, sobre todo en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. ¿Qué significa este número que se parece a una peregrinación de nueve ceros seguidos? Por ejemplo, que cada día que pasó desde aquel aciago mayo de 2002, cuando la Argentina estaba aturdida por la crisis, el Estado aportó 10 millones diarios o, lo que es lo mismo, 425.000 por cada 60 minutos.

Desde entonces, cuando se instauró un precio diferenciado de gasoil para todos los colectivos que andan por el país, se entregaron 5300 millones de litros de ese combustible. A diferencia de otros consumidores, los transportistas pagan casi el 80% del gasoil que consumen a $ 0,97, muy por debajo de los 3,60 a los que se consigue en los surtidores porteños.
Si se lo quisiera acopiar, habría que tener un recipiente cúbico de 176 metros de largo por la misma altura para colocar todo el combustible que se subsidió al sector. Simple ejercicio gráfico: para cargar los 388 millones de litros de gasoil que el Gobierno entregó sólo al transporte porteño en 2010 se necesitaría una fila de alrededor de 640.000 Volkswagen Gol -el auto más vendido de la Argentina- que carguen su tanque. Cuando el primero termine de cargar el combustible en el Congreso, el último de la cola estaría a pocos kilómetros de Río Gallegos.
Este festival de cifras y millones que acompañan al transporte argentino no es más que la información pública que da a conocer mes a mes la Secretaría de Transporte y la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) y que La Nacion compiló en una base de datos que se irá actualizando mes por mes y que permitirá tener una radiografía de un sector clave, tanto para los usuarios como para la economía.
Como se dijo, las cifras abruman. En promedio, cada uno de los 9516 colectivos que circulan por la ciudad -según datos a diciembre de la CNRT- recibe 3410 litros de gasoil a precio diferencial, lo que da un total anual de 40.870 litros. Si el transportista tuviese que pagar ese combustible, necesitaría desembolsar $ 147.118. Sin embargo, gracias al precio subsidiado paga 39.640; del resto, 107.478, se hace cargo el Estado. A esa cifra habrá que sumarle una transferencia en efectivo que desde 2002 reciben los dueños de las líneas para hacer frente a los mayores costos -mucho mayores- con una tarifa prácticamente congelada. En promedio, cada colectivo que circula por la Capital Federal -numerados del 1 al 200- cobra para andar 23.367 por mes, lo que da un total anual de 280.410.
Así las cosas, cualquier usuario porteño que se pare en una esquina de Buenos Aires y que vea pasar uno de los 9516 colectivos que están declarados como que circulan puede estar seguro de que el Estado le entregó ese día $ 1062 a cada uno de ellos. Mañana, otro tanto, y pasado mañana, otro monto similar.
Nadie parece estar tan cómodo en un esquema que empezó en la emergencia, que se acentuó con los años y que ahora se tornó una carga para funcionarios y empresarios. Más allá de las sospechas que siempre rodearon y rodean a un sector que liquida esta catarata de millones con la simple presentación de una declaración jurada, la bola de nieve que se formó es cada vez más complicada de desarticular, especialmente en el transporte urbano.
Daniel Millaci, presidente de la Cámara de Empresarios del Autotransporte de Pasajeros, que reúne a gran parte de los dueños de colectivos porteños, le pone palabras al pensamiento de gran parte del sector. "Creemos que hay necesidad de incrementar las tarifas del sector porque el desfase que existe es enorme", dice. En la Capital Federal hay tres secciones de boleto que pagan $ 1,10, 1,20 y 1,25 pesos. "Cuando llega un delivery a su casa -dice a La Nacion-, seguro que le da más de un peso. Ya nada sale un peso." La realidad es que, según los datos que tienen los propios transportistas, el subsidio en efectivo más el gasoil subvencionado representan el 70% del total de lo que se recauda por cada unidad. Sólo $ 3 de cada 10 los aporta la tarifa.
Desde el Gobierno apuntan al Sistema Unico de Boleto Electrónico (SUBE) como la manera de transparentar el complejo sistema que prácticamente tiene desarticulados los controles desde hace años. Juan Pablo Schiavi, secretario de Transporte, habló anteayer con lanacion.com. "El Estado tiene, por primera vez, un control absoluto de todas las transacciones que existen gracias a la memoria electrónica, lo que permite blanquear todas las actividades económicas ligadas a este sector y tener una idea clara de la cantidad de viajes y de pasajeros transportados en la ciudad", explicó. Admitió que la medida despertó resistencias en algunas empresas de transporte, pero ya fueron superadas.
Tener en línea las transacciones no soluciona el problema. El SUBE tiene un costo que se paga a las empresas que intervienen en la comercialización, recarga, administración, almacenamiento y procesamiento de los datos. ¿Quién pagará por ese servicio si la tarifa está congelada? ¿Serán los transportistas relegando algo de su dinero o el Estado con más subsidios? La gimnasia de estos años indica que siempre que se incrementaron los costos, fue el Estado el que puso el dinero. En la Capital, los principales receptores de dinero público fueron el Grupo Plaza (de los Cirigliano), la línea 60 (Monsa), la 216, Azul (una empresa rosarina) y DOTA, el principal actor si se suman todas las empresas que tiene. Estas empresas son del grupo de las que reciben más de $ 100 millones por año.
El asunto no tiene principio ni fin en los límites de la Capital Federal. Desde hace años, el sistema de ómnibus de larga distancia también tiene fuertes subsidios, no en dinero en efectivo, pero sí en gasoil. Cada una de las unidades que transitan por el país lo hace con combustible barato. Desde 2006, se otorgó un cupo de 5200 millones de litros. Allí, los principales receptores de gasoil subsidiado son Flecha Bus (de la familia entrerriana Derudder), Plaza, Vía Bariloche, Nueva Chevallier y Crucero del Norte.
Años de políticas públicas, erradas o no, formaron esta maraña de millones. Es fácil aproximarse desde una base de datos y contar la fila de ceros que forman cada número; pero es imposible desarmarla de un día para otro.
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