martes, 30 de junio de 2009

La experiencia brasileña (Reportaje a titular de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo, Paulo Skaf)


Brasil no sólo logró mantener su unidad territorial heredada de la colonia, expandiéndose incluso más allá de sus fronteras originales, sino que logró superar las causas estructurales internas ligadas a la continuidad de un país dependiente, monoproductor y económicamente atrasado. Con la revolución de 1930, la oligarquía vinculada a la explotación y exportación de café fue vencida por un frente de clases y sectores progresistas. Aunque tallado por las particularidades de un país periférico, con altibajos y no sin dificultades, Brasil comenzó a partir de entonces su propio desarrollo industrial. Hoy figura entre las primeras potencias económicas del mundo, y en plena crisis internacional su prosperidad socioeconómica es importante para la profundización del modelo productivista en la Argentina. Relevante a su vez para el crecimiento de un Mercosur funcional al desarrollo equilibrado de todos sus integrantes e igualmente vital para la consolidación de Unasur como bloque de poder regional. En este sentido, y con la finalidad de enriquecer el debate ante la toma de posición de un sector de la industria local (UIA) y cámaras agropecuarias que buscan la regresión a modelos que frenaron el desarrollo nacional, Cash entrevistó a Paulo Skaf, presidente de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), para conocer la experiencia brasileña.
¿Cómo hizo Brasil para consolidar un modelo de desarrollo industrial? ¿Tuvo que ver en este proceso la transferencia de renta desde el sector agrario al industrial a partir de 1930?
–La industrialización brasileña solamente fue posible gracias a la acumulación de divisas provenientes del campo. Las primeras industrias que se desarrollaron estaban vinculadas a las actividades agrícolas. Sin embargo, no creo en la separación entre agricultura e industria. En la disyuntiva entre un modelo agrario-exportador o uno exportador de manufacturas. Los Estados Unidos son un ejemplo, ya que la fuerza de su economía está en la industria como en el campo, siendo el mayor productor mundial de soja y etanol. En Brasil, desde el momento a partir del cual gracias al café se transfirió la renta a las ciudades e industrias, la agricultura desapareció como eslabón aislado de la economía, cediendo espacio a la cadena del agronegocio. La agricultura brasileña contribuye con más del 40 por ciento de las exportaciones y su cadena productiva genera cerca del 30 por ciento de los empleos en el país, siendo un complemento para el crecimiento de la industria y de fundamental importancia para Brasil.
Las crisis internacionales han repercutido favorablemente en el surgimiento de condiciones para la industrialización de los países latinoamericanos. ¿Cómo se puede aprovechar la actual para la industrialización del Mercosur?
–La fuerte crisis internacional de los años ‘30 ofreció a Brasil mejores condiciones para producir internamente manufacturas que antes se importaban. Eso fue posible gracias a la acumulación de recursos de las exportaciones de café, que permitió financiar la creación de nuestras primeras fábricas. El momento actual guarda algunas semejanzas con la década del ‘30. La grave crisis en el centro del sistema financiero de las economías más desarrolladas y la acumulación de reservas por parte de las economías latinoamericanas se repiten. No obstante, el modelo de sustitución de importaciones, con base en el proteccionismo comercial, no tiene más sentido. En la actualidad, Brasil y los países vecinos están más unidos y la desaceleración de la economía mundial impactará en la región. Por eso, es necesario evitar la ola proteccionista y garantizar la demanda interna con inversión pública. Sólo así será posible mantener los intercambios comerciales de manera equitativa, reavivando el motor de la economía.
¿Sin el desarrollo de las fuerzas productivas de los países de la región rezagados a nivel industrial cree que se puede alcanzar un Mercosur exitoso?
–Para que el proceso de integración se lleve a cabo con éxito es necesario que haya confianza entre los socios, además de mantener acciones coordinadas. Poniendo eso en práctica –lo que muchas veces resulta complicado–, el regionalismo puede despegar. Sin dudas, el Mercosur y Latinoamérica deben buscar una proximidad económica mayor, con ampliación y cualificación de los intercambios comerciales, y elevar el flujo de inversión, sin exclusión de ningún país. También es inaceptable que se verifiquen imposiciones unilaterales de barreras o el desvío comercial con terceros países. En este punto, los bloques regionales se deben perfeccionar. Sólo así, los países pueden sacar mejores y más provechos de la cooperación.
La reindustrialización de la Argentina como la industrialización equilibrada del Mercosur, ¿no contradice la normal expansión de la burguesía industrial brasileña (paulista y no paulista) fronteras afuera?
–La gran contradicción sería, en verdad, el debilitamiento de la industria de esos países. La expansión de la industria brasileña no tiene como antecedente la ausencia de competidores en Uruguay, Argentina, Colombia o Venezuela, sino la complementación entre las industrias de cada una de estas naciones. Tomemos como ejemplo al sector automotor, sector en el que Brasil posee acuerdos de complementación económica con Argentina, Uruguay y México. Los automóviles están entre los primeros productos de la lista tanto en las compras como en las ventas brasileñas con estos países. La cadena de comercio –sumando los automóviles y autopiezas– alcanzó en 2008 los 31.400 millones de dólares. En el caso específico de Argentina, Brasil exporta e importa automóviles de pequeño porte, no obstante lo cual nuestra flota exportadora necesita de componentes del mercado argentino. Esta interdependencia entre las industrias de automóviles de ambos países implica que la parte brasileña dependa del crecimiento de sus homólogas argentina, uruguaya o mexicana. Asimismo, también debemos contemplar las enormes inversiones que Brasil hizo en los países de la región, contribuyendo a la integración y expansión de las cadenas productivas de este rubro industrial.
¿Qué rol podría jugar la industria brasileña en el proceso de desarrollo industrial de la región?
–Para Brasil es fundamental el desarrollo de sus vecinos en la región. Los industriales brasileños apoyamos e incentivamos el desarrollo industrial de todos los países latinoamericanos, pues sólo así lograremos el crecimiento del mercado exportador y mejores condiciones de compra de insumos. A modo de ejemplo, cerca del 10 por ciento de las exportaciones y el 11 por ciento de las importaciones brasileñas se realizan con países del Mercosur. Y cada uno tiene condiciones de encontrar su propio nicho en ese mercado competitivo. Sin embargo, sabemos que el desarrollo industrial de un país no es un proceso repentino, sino continuo.
¿Cómo está afectando la crisis internacional a la industria brasileña?
–El sector industrial está sintiendo fuertemente los impactos de la crisis financiera. Para que se tenga una idea, Brasil tuvo una caída del 3,6 por ciento en el PIB en el último trimestre de 2008. Pero el de la industria en particular registró una mayor: 7,4 por ciento. El impacto en el empleo fue inmediato. El Registro General de Empleados y Desempleados muestra que entre octubre de 2008 y marzo de 2009 se perdieron 692.000 empleos formales en Brasil, de los cuales 276.000 ocurrieron en San Pablo. Hubo cierta recuperación de la producción industrial al inicio de este año, principalmente con los incentivos dados al sector automotor. Pero eso no significa que la crisis haya terminado. Si comparamos la producción de autos acumulada entre enero y abril de 2009 con el mismo período de 2008, veremos que la producción nacional de vehículos cayó un 16,4 por ciento.
¿Se están tomando las medidas necesarias para enfrentar la crisis?
–Desde el comienzo de la crisis, las acciones gubernamentales fueron varias. Ya hubo reducción de 3,5 puntos porcentuales de la tasa Selic. Pero estas medidas adoptadas por el Banco Central fueron destinadas a beneficiar al sector financiero y no al productivo. También se implementaron diversos sistemas de garantía al crédito destinado al sector productivo. Por otro lado, el ciclo de caída gradual de la tasa básica de interés de la economía ayuda, pero deberá bajarse aún más, a niveles del 7 por ciento. En suma, las medidas tomadas fueron de diversa índole, trayendo algún aliento para el sector productivo, aunque siguen siendo insuficientes. A pesar de la ayuda gubernamental, las proyecciones para la industria nacional calculan una caída de alrededor del 5 por ciento en 2009.
¿Qué pasará este año?
–De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la perspectiva del PIB brasileño para 2009 es de un retroceso de 1,3 por ciento, caída que deja a Brasil en una situación relativamente buena en relación con las principales economías del mundo. Sin embargo, tenemos plena conciencia de que la crisis ha llegado y no podemos ignorarla. Pero también somos conscientes de que el país tiene condiciones de salir fortalecido de esta situación y que la industria tiene un rol fundamental en este aspecto. Tenemos un mercado interno que necesita ser atendido y un parque industrial con plenas condiciones para enfrentar la demanda.
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jueves, 11 de junio de 2009

El regreso al FMI: ¿destino o elección? Por Aldo Ferrer


(Nota publicada en Infobae - Jueves 11 de junio de 2009)

En los últimos tiempos se escucha con frecuencia el pronóstico de que la Argentina volverá a recurrir a la asistencia del FMI por dos motivos principales:
Por una parte, porque la economía se encamina inevitablemente a un nuevo déficit en sus pagos internacionales y, por lo tanto, a la imposibilidad de cumplimiento de los vencimientos de su deuda externa. Aunque el riesgo no sería inminente sí es acuciante el deterioro de las expectativas y, consecuentemente, la amenaza de una mayor fuga de capitales y pérdida de reservas del Banco Central.
El respaldo del FMI sería así urgente e indispensable para confirmar que el país cumplirá sus compromisos, lo cual mejoraría la confianza de los mercados sobre el futuro de la economía argentina y permitiría el acceso al crédito internacional.
Por la otra, porque la actual crisis financiera internacional provoca un cambio en los criterios operativos del FMI y, actualmente, podría contarse con su asistencia sin las rigurosas condicionalidades del pasado.
En resumen, necesidades imperiosas y un FMI benevolente, conducirían a que el país vuelva a ser deudor del Fondo. Ésta es una cuestión mucho más importante que el empleo de un instrumento disponible para resolver un problema de financiamiento externo. Atendiendo al desempeño, real y simbólico, que el FMI tuvo, desde el golpe de Estado de 1976 hasta la crisis terminal del 2001/2002, se trata de un tema estratégico del desarrollo del país. El Fondo estuvo, en efecto, asociado a la implantación del paradigma neoliberal, es decir, la ideología del mundo del dinero, en ese prolongado período de veinticinco años, el peor en la historia de la economía argentina.
En ese trasfondo histórico, la cancelación de la deuda con el FMI tuvo el enorme valor simbólico de un cambio trascendente. Nada menos que la recuperación del ejercicio de la soberanía en el despliegue de la política económica. Esto fue posible porque el país resolvió la crisis del 2001y principios del 2002 con recursos propios, sin pedirle nada a nadie y asumiendo el comando soberano de los instrumentos fundamentales de su política económica: la moneda, las finanzas públicas y los pagos internacionales. Sobre estas bases, sin el apoyo del FMI, sino, más bien, con su perspectiva crítica frente a la heterodoxia argentina, fue posible el exitoso canje de deuda del 2005 y la notable recuperación de la economía hasta fines del año pasado.
Volver al FMI es así una cuestión de una extraordinaria significación real y simbólica. Por lo tanto, es indispensable analizar los fundamentos del pronóstico comentado para saber si tal regreso es la consecuencia inevitable de un destino manifiesto de ser deudor del FMI o, en cambio, el resultado de reincidir en la elección, por nuestro propio país, de malas políticas. Empecemos por explorar el argumento de que el FMI ha cambiado y ahora prestaría su apoyo sobre criterios distintos de los del pasado. Es previsible que la crisis financiera global introducirá nuevas normas regulatorias en el mundo del dinero y el comportamiento de las agencias financieras internacionales, es decir, el FMI y el Banco Mundial. Pero la crisis no ha transformado la distribución del poder en el sistema mundial ni los intereses fundamentales de las economías hegemónicas actuales y emergentes. No es así imaginable que las reglas de la globalización y el comportamiento del FMI cambien tanto como para subordinar los intereses de las mayores potencias al bienestar general ni para impulsar, en las economías periféricas, toda la heterodoxia y la densidad nacional necesarias para el desarrollo. Porque éste fue y es, siempre y en todos los casos, un proceso de construcción dentro de cada país, vinculado al mundo y afirmado, en primer lugar, en el despliegue soberano de los recursos propios y del diseño de la estrategia de acumulación y transformación. Como enseñó Prebisch, los requisitos del desarrollo de los países de la periferia son incompatibles con el pensamiento hegemónico de los países centrales que fue y, presumiblemente, seguirá siendo, a pesar de la actual crisis del mundo del dinero, predominante en los criterios del FMI.
En resumen, en el futuro puede haber un FMI light, pero no un Fondo desarrollista y promotor de la construcción nacional de las economías periféricas. Una de las condicionalidades previsibles de un eventual préstamo contingente del FMI a la Argentina sería, sin duda, la aplicación de un tipo de cambio de equilibrio de mercado (TCEM), el cual demolería la competitividad de toda la actividad productora de bienes transables distintos de los fundados en los recursos naturales. La recuperación de la economía argentina en los últimos años se explica, precisamente, por haber aplicado un tipo de cambio de equilibrio desarrollista (TCED) no un TCEM. Puede verse a este respecto mi nota del 14 de agosto último, en este mismo espacio. Volver al FMI sería así repetir los fracasos del pasado y abandonar un proyecto viable de industrialización, gestión del conocimiento y desarrollo nacional.
El segundo fundamento del pronóstico del próximo pedido de ayuda de la Argentina al FMI es el inexorable desequilibrio en los pagos internacionales del país, resultante de la crisis mundial. Esto puede o no suceder, pero no es una consecuencia inevitable de los acontecimientos externos sino, en todo caso, de nuestras propias respuestas frente a la crisis. Algunos de los pronosticadores del pedido de ayuda de la Argentina al FMI, señalan, justificadamente, que una de las causas del progresivo deterioro en los pagos internacionales radica en la apreciación del peso. Sin embargo, en vez de recomendar resolver el problema, toman la apreciación cambiaria como un dato.
Hasta ahora, la evidencia es concluyente. La Argentina está resistiendo bien el tsunami financiero internacional e, incluso, soportó una importante fuga de capitales, sin descalabrar su sistema financiero, sus finanzas públicas ni pagos internacionales. El Gobierno está en el comando de los principales instrumentos de la política económica, lo cual le permitiría fortalecer la competitividad de la producción nacional, consolidar el balance comercial y la cuenta corriente del balance de pagos, aumentar las reservas del Banco Central y transmitir señales contundentes de que el país puede seguir financiándose con recursos propios. Es sobre estas bases, no volviendo a pedir ayuda al FMI, sobre las cuales, más temprano que tarde, volverá el crédito internacional, pero no ya sustituyendo al ahorro interno ni imponiendo los criterios de la política económica argentina. Esas mismas bases son esenciales para el éxito de las diversas medidas en marcha destinadas a sostener la demanda efectiva, la producción y el empleo. Estamos, en efecto, viviendo con lo nuestro que es, por otra parte, en situaciones externas críticas como la actual y en cualquier caso, la única forma de crecer y elevar la calidad de vida. Es decir, abiertos al mundo en el comando de nuestro propio destino. Vale la pena recordar que esto es lo que han hecho siempre, antes y ahora, los países exitosos. En resumen: volver al FMI no es un destino inevitable, pero es una elección posible.

La forma más efectiva de lograrlo es perder el control de las variables macroeconómicas y deteriorar la competitividad de la producción nacional. El consecuente déficit de la cuenta corriente del balance de pagos y la fuga de capitales provocarían un escenario negativo en el cual el FMI aparecería, otra vez, como la tabla de salvación.
Más allá de la actual coyuntura, el pronóstico sobre el retorno al FMI enmascara dilemas actuales y conflictos históricos no resueltos. Detrás del mismo está la expectativa ortodoxa de que la única forma de disciplinar la heterodoxia de este país, ahora díscolo, es subordinarlo, otra vez, a la racionalidad del mundo del dinero. Ni aun el derrumbe de ese mundo en el orden global desanima a sus epígonos criollos.
Es entonces indispensable volver a recordar que el ahorro argentino alcanza actualmente a cerca del 30% del PBI, equivalentes a más de u$s100.000 millones anuales. Esta es la fuente fundamental de la acumulación, de la viabilidad financiera y del ejercicio de la soberanía. Lo fundamental es, entonces, consolidar el convencimiento de que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro argentino es nuestro propio país. Si se logra, se abrirá el acceso al crédito internacional pero, entonces, conviene insistir, como complemento y no sustituto del ahorro interno.

Desde la perspectiva argentina resulta así indispensable seguir manteniendo una relación normal con el FMI, que es aquella que mantienen los países que no le deben nada.


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domingo, 7 de junio de 2009

Política fiscal en América latina. Por Nadín Argañaraz

(Nota publicada en La Nación - Domingo 7/06/2009)
En estas líneas se presenta un análisis comparativo simple de los principales lineamientos de política fiscal que están llevando adelante la Argentina, Chile, Brasil y Estados Unidos en estos momentos, poniendo énfasis en la evolución que están teniendo los ingresos fiscales.
La política anticíclica frente a la crisis.
Las autoridades económicas de un país tienen la posibilidad de contribuir al aumento de la demanda de bienes y servicios de una economía por dos vías. Por un lado, reducir la presión tributaria legal y aumentar el ingreso disponible de los agentes económicos. Por otro, aumentar el gasto público, que acrecienta la absorción interna, por ejemplo a través de más dinero en manos de los empleados públicos y jubilados y/o más inversiones públicas.
El caso chileno. A principios de 2009 el Senado de Chile aprobó un paquete de medidas por más de US$ 4000 millones, que representaba el 2,8% del PBI. El plan incluye rebajas tributarias transitorias y otros estímulos a la inversión. La financiación de estas políticas anticíclicas está en gran parte contemplada y asegurada por la regla fiscal instaurada en 2001, por medio de la cual en los recientes años de boom económico y de precios de las commodities , el país fijó un superávit estructural del 1% del PBI (posteriormente rebajada), y con los excedentes conformó el Fondo de Estabilización Económica y Social, que acumuló US$ 20.210 millones a diciembre de 2008.
La realidad de los ingresos fiscales del gobierno chileno en el primer trimestre de 2009 fue que bajaron un 28,8% en moneda real, con fuertes caídas en los rubros relacionados a la minería (-83,7%). La caída en términos de PBI se tiene que se aproximó a 2,4 puntos porcentuales.
Teniendo en cuenta la reducción de ingresos junto con la expansión de los gastos, Chile revertiría el superávit fiscal de 2008 (5,7% del PBI), proyectándose un déficit de 2,9% de su PBI para el corriente año.
El caso brasileño.
Brasil anunció rebajas tributarias para aumentar el consumo, como los cambios a las tablas del impuesto a la renta beneficiando a la clase media. También la reducción a la mitad del impuesto a ciertas operaciones de crédito y el diferimiento de impuestos federales y estaduales.
Se puso en marcha un Programa de Aceleración del Crecimiento a través de líneas de crédito e inversión pública, que se financia con el Fondo Soberano de Brasil, una especie de fondo anticíclico creado en diciembre de 2008 por US$ 6720 millones, equivalente al 0,5% de su PBI.
En el primer cuatrimestre del 2009 el gobierno registró una caída interanual del 1,7% en sus ingresos. En términos de PBI, la reducción fue del orden de 1,5 puntos porcentuales.
A lo largo del año es factible que el gobierno vea reducido el superávit primario anual en alrededor de un punto porcentual de su PBI.
El caso estadounidense.
Estados Unidos lanzó un paquete de medidas que implicaría que su ratio déficit fiscal/PBI más que se duplicaría este año, y llegaría al 13,6%, según el último World Economic Outlook de la OCDE. El plan de estímulo y rescate financiero de la administración Obama incluye recortes de impuestos y gastos directos cuyo costo fiscal puede significar cinco puntos porcentuales del PBI. La caída de los ingresos fiscales del primer trimestre de 2009 en relación con los primeros tres meses de 2008 fue del 8,2%. En relación con el PBI, la reducción se aproximaría a los 2,3 puntos porcentuales.
El caso argentino.
El caso argentino se inscribe en líneas generales dentro de la situación de freno en la actividad económica real que vive el resto de países. Pero los ingresos fiscales, si bien muestran una fuerte desaceleración respecto del año anterior, aún crecen en términos nominales (12,3% en el primer cuatrimestre). Si la comparación se hace con el PBI, se observa que crecieron casi marginalmente, cerca del 0,1% del PBI.
Como el lector seguramente se lo estará preguntando, sin la consideración de los aportes personales de las ex AFJP y de los reembolsos de IVA demorados, los ingresos fiscales del gobierno hubieran crecido solamente 3%, lo que en términos de PBI implicaría una caída del orden de 1,5 puntos porcentuales.
Analizando la evolución de los últimos cuatro años, que en gran parte coincidieron con un fuerte período de expansión de la actividad y términos del intercambio favorables, se puede afirmar que el gasto público prácticamente siempre creció por encima de las variaciones de los recursos fiscales. El superávit primario se mantuvo, dado que la serie nace con un nivel de ingresos superior al de los gastos. Sin embargo, la brecha se fue cerrando, y en marzo y abril de este año ya se verificaron las primeras tasas negativas, es decir, reducciones del propio valor absoluto del superávit. En el primer cuatrimestre se tuvo un superávit primario del 1,5% del PBI, cuando en igual período de 2008 había sido del 3,5%. Por la combinación de ingresos y gastos, se puede afirmar que la caída en el superávit se explica básicamente por un crecimiento del gasto público mayor al del PBI nominal y obviamente al de los ingresos fiscales (alrededor del doble).
En la Argentina no hubo una reducción de la presión fiscal, incluso se podría decir que la alícuota del impuesto a las ganancias (35%) es una de las más altas en América latina, yendo en contraposición con la tendencia mundial hacia su disminución.
Una visión comparada. Como puede apreciarse, de estos cuatro países la Argentina es el único que no tuvo un descenso de sus ingresos fiscales. Mientras sus ingresos en términos de PBI prácticamente no variaron respecto de 2008, en los otros tres países se redujeron en promedio en 2 puntos porcentuales.
Como se lo describió anteriormente, sin los ingresos fiscales extras, la caída en nuestro país hubiera sido del orden de 1,5 puntos porcentuales, con escasa diferenciación del resto.
El rol de la inflación. Más allá de las diferentes estructuras tributarias que tienen los países y sin el objeto de ponderar la importancia relativa de los factores típicos que inciden en la recaudación de ingresos, resulta simple evaluar los comportamientos relativos de la inflación para los primeros meses del año. Se aprecia que la Argentina tuvo una inflación anual del orden del 16,2%, Chile una del 5,6%, Brasil una del 6,1% y Estados Unidos una negativa del 0,04 por ciento.
Una reflexión final. Por lo descripto anteriormente, no resulta correcto adjudicar a un diferente comportamiento de la actividad económica real las diferencias de recaudación entre países. Además de los nuevos ingresos de las ex AFJP, la inflación relativa de la Argentina algún efecto tiene en la performance de la recaudación nominal, lo cual no debería tomarse como un hecho positivo.
El autor es presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf)

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El gran miedo a la inflación. Por Paul Krugman


De repente parece que todos hablan de la inflación. Opiniones muy severas advierten de que la hiperinflación está a la vuelta de la esquina. Y puede que los mercados se estén dejando llevar por esta alarma: los tipos de interés de los bonos del Estado a largo plazo están subiendo, y el temor a la futura inflación es una de las posibles razones de esa subida.
¿Pero tiene sentido este gran miedo a la inflación? Básicamente no, aunque con una advertencia a la que llegaré más tarde. Y sospecho que este miedo tiene que ver, al menos en parte, con la política, no con la economía.

Vayamos al grano. Es importante que nos demos cuenta de que no hay asomo de presiones inflacionarias en la economía ahora mismo. Los precios al consumo están más bajos que hace un año y las subidas salariales se han estancado debido al alto desempleo. El peligro claro y actual es la deflación, no la inflación.
Entonces, si los precios no suben, ¿a qué se debe esta preocupación por la inflación? Algunos afirman que la Reserva Federal está acuñando montones de dinero, lo cual tiene por fuerza que ser inflacionario, mientras que otros dicen que el déficit presupuestario acabará obligando al Gobierno estadounidense a reducir su deuda mediante la inflación.
Lo primero es sencillamente falso. Lo segundo podría ser correcto, pero no es así.
Sí es cierto que la Reserva Federal últimamente ha estado tomando medidas sin precedentes. Más concretamente, ha estado comprando muchísima deuda, tanto pública como del sector privado, y financiando estas compras atribuyendo a los bancos reservas adicionales. Y en tiempos normales, esto sería muy inflacionario: los bancos, nadando en reservas, aumentarían los préstamos, lo cual elevaría la demanda, lo que a su vez haría que subieran los precios.
Pero los tiempos que corren no son normales. Los bancos no están prestando sus reservas extra. No las están dando trámite y, de hecho, están devolviendo el dinero con rapidez a la Reserva Federal. De modo que, a fin de cuentas, la Reserva no está acuñando realmente dinero.
Aun así, ¿esas medidas no acabarán siendo inflacionarias, antes o después? No. El Banco de Japón, enfrentado a dificultades económicas no muy distintas de las que nosotros afrontamos hoy, compró deuda a grandísima escala entre 1997 y 2003. ¿Y qué pasó con los precios al consumo? Que bajaron.
En el fondo, buena parte del actual debate sobre la inflación nos recuerda lo ocurrido en los primeros años de la Gran Depresión, cuando muchos personajes influyentes prevenían sobre la inflación aunque los precios estuvieran cayendo. Como escribía el economista británico Ralph Hawtrey, "se manifestaban temores fantasiosos a la inflación. Era como gritar 'fuego' durante el diluvio universal". Y añadía: "Cuando la depresión y el desempleo amainan es cuando la inflación se vuelve peligrosa".
¿Corremos el riesgo de que suba la inflación cuando la economía se recupere? Eso afirman quienes contemplan proyecciones de que la deuda federal superará el cien por cien del PIB, y dicen que Estados Unidos tendrá finalmente que reducir su deuda recurriendo a la inflación: es decir, subir los precios para que se reduzca el valor real de la deuda.
Cosas así han ocurrido en el pasado. Por ejemplo, Francia redujo mediante la inflación buena parte de la deuda en la que había incurrido durante la I Guerra Mundial.
Pero faltan ejemplos más actuales. En las últimas dos décadas, Bélgica, Canadá y, por supuesto, Japón han experimentado episodios en los que la deuda superaba el cien por cien del PIB. Y Estados Unidos salió de la II Guerra Mundial con una deuda superior al 120% del PIB. En ninguno de estos casos recurrieron los Gobiernos a la inflación para resolver sus problemas.
Entonces, ¿hay razones para pensar que se acerca la inflación? Algunos economistas son partidarios de mantener una política deliberada de inflación moderada, como método para fomentar el préstamo y reducir la carga del endeudamiento privado. Yo estoy de acuerdo con estos argumentos, y expuse un razonamiento similar para Japón en la década de 1990. Pero la defensa de la inflación nunca prosperó entre los políticos japoneses de aquel entonces, y no hay señales de que esté arraigando entre los políticos estadounidenses de hoy.
Todo esto plantea la siguiente pregunta: si la inflación no es un riesgo real, ¿por qué todas esas afirmaciones de que sí lo es?
Bien, como ya se habrán dado cuenta, a veces los economistas disienten. Y las grandes disensiones son especialmente probables en tiempos extraños como éstos que corren, en los que muchas de las normas habituales ya no son válidas.
Pero es difícil que a uno no le dé la impresión de que el actual alarmismo respecto a la inflación es en parte político, y que procede en gran medida de economistas que no tenían problema con el déficit causado por las rebajas de impuestos, pero que de repente se convirtieron en cascarrabias fiscales cuando el Gobierno empezó a gastar dinero para sacar la economía a flote. Y su objetivo parece ser el de presionar al Gobierno de Obama para que abandone los planes de recuperación.
Huelga decir que el presidente no debería dejar que le intimiden. La economía sigue teniendo grandes problemas y necesita una ayuda continua.
Sí, tenemos un problema presupuestario a largo plazo, y tenemos que empezar a sentar las bases de una solución a largo plazo. Pero en lo referente a la inflación, lo único que debemos temer es al propio miedo a la inflación. -
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.
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lunes, 1 de junio de 2009

Un crédito para apostar a la inflación. Por Roberto Cachanovsky


Los famosos créditos para inquilinos que había anunciado Kirchner poco días antes de las elecciones del 2007 (si mal no recuerdo) quedaron en solamente eso. Un anuncio sin trascendencia. Habrá que ver si en esta oportunidad no queda todo en otro globo de ensayo de frente a las elecciones del 28 de junio o efectivamente se otorgan. Las dudas surgen porque el gobierno anunció un monto total de créditos disponibles por U$S 1.600 millones. Al tipo de cambio vigente son aproximadamente $ 6.000 millones. Considerando que el stock de créditos hipotecarios al 22 de mayo era de $ 18.000 millones, el gobierno estaría dispuesto a financiar créditos por el equivalente al 33% del stock de créditos actuales. Un porcentaje nada despreciable.
Pero dejando de lado las dudas sobre el efectivo cumplimiento del anuncio, han informado que miles de personas han formulado consultas al respecto. Claro, es que la ausencia de un mercado de capitales hace inviable el otorgamiento de este tipo de créditos y por eso la gente trata de agarrarse de la primera madera que puede en el medio del naufragio con la ilusión de salvarse. Por ejemplo, para que un banco privado pueda otorgar estos créditos, el fondeo no lo puede sostener con los depósitos que tiene. Es que más del 50% de los depósitos en el sistema financiero están a la vista (cuentas corrientes y cajas de ahorro) y el resto está en plazos fijos a plazos no mayores a los 60 días. Otorgar préstamos a 15 años de plazo contra pasivos que, potencialmente, vencen todos los días, es un poco loco. Los bancos podrían otorgar créditos a esos plazos si existiera un mercado de capitales (ahorro privado) dispuesto a comprar esos créditos para devolverles liquidez a las entidades financieras. Puesto en otras palabras, los bancos otorgarían esos créditos, luego los venderían y recuperarían liquidez para hacer frente a los pagos en ventanilla. Pero hoy eso no puede hacerse en Argentina, entre otras causas, porque el gobierno ha destruido el mercado de capitales y además no tenemos moneda. ¿Cómo es posible que ahora surjan estos créditos a esos plazos? Porque se utiliza, para financiar estos créditos, el dinero de los que aportamos al sistema previsional. Aquí caben dos posibilidades: a) que la ANSES esté financiando estos créditos con superávit entre lo que le ingresa por los impuestos al trabajo que cobra y lo que le paga a los jubilados o b) que los financie con parte de los fondos que nos confiscaron de las AFJP. Si es el primer caso, quiere decir que la ANSES está estafando a los actuales jubilados porque el sistema de reparto no es otra cosa que un sistema por el cual los que estamos en actividad pagamos impuestos para sostener a los jubilados. Si hay superávit quiere decir que nos cobran impuestos que no van a los jubilados. Si el financiamiento proviene de la utilización de los fondos que nos confiscaron, hay otro debate a considerar que es el costo de estos créditos anunciados. Veamos un ejemplo. Supongamos que un matrimonio joven quiere comprar un departamento de 2 ambientes. Si desea comprar algo potable y en una zona que no sea marginal, tiene que pensar en unos U$S 50.000, esto es $ 188.000. Las condiciones del crédito son que le prestan hasta el 70% del valor del inmueble, es decir, unos 132.000 pesos y tiene que tener ahorrado el resto. Para un plazo de 15 años, la tasa anual anunciada, para un departamento usado, fue del 15,20% fija. Pero lo relevante no es la tasa nominal anunciada, sino el costo financiero total (CFT), que incluye la tasa de interés que habrá que pagar, más los gastos de seguro, comisión por el otorgamiento del crédito, gastos de administración, impuestos, etc. En este caso la tasa trepa, entonces, a casi el 19%. Primera reflexión, el gobierno anunció, con bombos y platillos, un plan para beneficiar a la clase media. Al mismo tiempo el INDEC dice que la tasa de inflación es del 7% anual, por lo tanto, la tasa de interés real sería del 12% anual. Realmente, una flor de tasa y totalmente inconsistente con las declaraciones de Kirchner de días pasados en que le decía a los bancos que tenían que bajar la tasa de interés. Probablemente estas tasas sean menores a las que cobran los bancos (aunque no hay bancos privados que otorguen préstamos hipotecarios) pero en todo caso es como decirle a la gente que el gobierno es bueno porque los bancos los quieren matar con dos tumores malignos y él les ofrece matarlos solo con un tumor. Volviendo al ejemplo, si el matrimonio joven de clase media tomara este crédito por $ 132.000, pagaría una cuota mensual, a un plazo de 15 años, de $ 2.160. Esto significa que en 180 cuotas, bajo el sistema francés, terminaría pagando unos 388.000 pesos (peso más, peso menos). Si el valor total del departamento era de $ 188.000 (el equivalente a los actuales U$S 50.000) terminaría pagando dos veces el departamento y tres veces el monto del crédito solicitado. Un concepto un tanto curioso el de Cristina Fernández de Kirchner al anunciar estos créditos que supuestamente benefician a la clase media. Yo diría: ¡mejor no me ayuden! ¿Se justifica, entonces, tomar este crédito? Solo si el joven matrimonio considera que la economía vivirá otro de sus típicos saltos inflacionarios. O sea, el gobierno solo estaría otorgando créditos beneficiosos para la población si se dispara la inflación y los salarios se ajustan en un contexto de desmadre inflacionario que le permita licuar la deuda al tomador del crédito. Si el panorama que nos pinta el matrimonio presidencial es de un país con estabilidad en los precios, más que darle una mano a la gente, le estaría tirando un salvavidas de plomo. Si, por el contrario, el matrimonio que toma el crédito apuesta a una fenomenal licuación de su deuda gracias a un pronunciado proceso inflacionario, entonces los Kirchner no estarían otorgándole una ayuda a los tomadores de crédito, estaría estafando a los futuros jubilados que terminarían pagando el costo de la licuación dado que se están usando sus recursos para financiar estos créditos. Es decir, estarían estafando al mismo matrimonio que el día de mañana se jubilará y, por efecto de la inflación, recibirá migajas por su retiro. Le estarían vendiendo espejitos de colores. Hoy te doy un departamento y mañana te morís de hambre. Total, en ese momento, yo ya no voy a estar en el gobierno y podré acusar a los futuros gobernantes de lo mal que cobran los jubilados de ese momento.


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Asegurar la credibilidad de las estadísticas es un deber del Estado. Por PLAN FÉNIX

“No acepten lo habitual como natural, pues en tiempos de confusión generalizada, de arbitrariedad conciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar”

Bertold Brecht

Las sociedades modernas basan su capacidad de generación de riqueza y bienestar en el establecimiento de amplias redes sociales y productivas. A través de ellas, virtualmente todos los individuos se involucran en la producción de la vida material y cultural. Este conjunto de vinculaciones es de comprensión extremamente compleja; por ello, se requieren instancias de información colectiva, a través de las cuales los individuos acceden a un conocimiento que va más allá del originado en el limitado ámbito de su experiencia cotidiana.

Esta información reviste el carácter de bien público, por lo que su proveedor natural es el Estado. Por otro lado, entre los rasgos fundamentales de una sociedad democrática se destacan la credibilidad y la transparencia de las acciones de gobierno. Si hay algo que distingue a la democracia del autoritarismo es que, para gobernar, este último debe apelar a la coerción, mientras que, en democracia, la disponibilidad y libre flujo de la información es lo que permite conocer si los gobiernos responden adecuadamente a los compromisos asumidos frente a la ciudadanía y a los desafíos que les impone la gestión. Al mismo tiempo, la información sirve para alimentar el proceso decisorio y la implementación inteligente de las políticas públicas.

La información es el eslabón necesario entre el dato aislado -destello numérico o documental de la realidad- y el conocimiento. Para servir a este propósito, los datos deben ser intérpretes razonables de la realidad; de lo contrario, ni informan ni permiten conocer. Cuando esto falla, una adecuada interpretación de dicha realidad y, peor aún, la adopción de decisiones racionalmente elaboradas a partir de bases ciertas se ve imposibilitada. Una situación como la descripta afecta a los investigadores que emplean datos para generar conocimiento, a los propios gobernantes, que deben utilizarlos para fundamentar sus políticas, y al conjunto de los actores sociales.

Ya en oportunidades anteriores (ver “La medición de la pobreza y la necesaria autonomía del INDEC” - agosto 2004 y "El debate sobre la inflación: ¿Reducir o sostener el crecimiento?” - Mayo 2007), hemos señalado la necesidad de preservar la credibilidad de las estadísticas oficiales y las condiciones para ello.

Desde hace algún tiempo, la información elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) viene siendo criticada, en función de un cuestionamiento respecto de las fuentes y técnicas que utiliza para sus estadísticas y los estudios basados en ellas.

Esta situación le ha acarreado al INDEC un creciente descrédito y una pérdida de confianza en la calidad de su producción. Por otra parte, este escenario ha dado lugar a la proliferación y difusión de datos producidos por fuentes alternativas de discutible calidad. Estos datos, en condiciones normales, serían vistos como muy dudosos; pero, frente al descrédito mencionado, son objeto de consideración pública. Se trata de un escenario que perjudica a la propia conducción gubernamental, por la erosión de credibilidad; incluso, algunos indicadores positivos –como la reducción importante en los niveles de desempleo en estos últimos años– hoy son relativizados o puestos en duda por tales fuentes alternativas.

Desde el Plan Fénix, consideramos que es imperativo superar la actual situación, devolviendo confianza a la información producida por el INDEC. Para ello, creemos que debe avanzarse tan pronto como sea posible en un proceso de normalización, que apunte a asegurar la autonomía de su conducción y la calidad de sus productos.

El proceso de recuperación es perfectamente viable, demandando únicamente una firme decisión política de las autoridades nacionales. El conjunto de las universidades nacionales puede proporcionar un amplio sustento, eventualmente con el asesoramiento externo, que en el pasado ha brindado asistencia técnica en esta materia, como fue el caso de la CEPAL. Este proceso debería culminar con un nuevo andamiaje legal, que permita asegurar la permanencia en el tiempo de una operación normalizada del sistema estadístico.

Conviene enfatizar además que, en una época donde se impone la transparencia y el libre acceso a las bases informativas, es indispensable que los organismos involucrados en su producción también contribuyan a su comprensión –en tanto conocedores del origen y calidad de los datos –fundada en criterios técnicos sólidos. Esto permitirá brindar un ancla interpretativa que prevenga evaluaciones antojadizas, como los que abundan desde hace un tiempo.

La crisis económica mundial –a no dudarlo– hace y hará sentir sus efectos en nuestros países; para enfrentar esta circunstancia, requerimos contar con un Estado técnicamente sólido y una sociedad cohesionada en torno del objetivo de asegurar un desarrollo con equidad. Superar la actual situación del sistema estadístico argentino es un paso ineludible, a este efecto.

Desde el Plan Fénix, convocamos tanto al Gobierno como a todos los demás actores sociales involucrados a avanzar decididamente en esa dirección.


Plan Fénix
Buenos Aires, abril de 2009
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La próxima gran mentira. Por Domingo Cavallo


Nestor Kirchner ya lo decidió: quienes están por votar en contra de la gestión de Cristina Kirchner en la próxima elección cargarán con las culpas por todos los ajustes recesivos e inflacionarios que nos depara el futuro post-electoral.
El sabe que, independientemente del resultado electoral, es inevitable que el boleto de subte, de los viajes en tren y de los colectivos van a tener que duplicarse. Lo mismo va a ocurrir con el precio de la electricidad, el gas y el agua para todos aquellos hogares que aún no sufrieron fuertes aumentos. Los precios del pan, las pastas y los alimentos de orígen animal también van a aumentar porque escaceará el trigo y la reducción del stock ganadero hará sentir su efecto sobre el abastecimiento de leche y de carne. Todo esto ocurrirá porque el gobierno, cualquiera que sea el número de legisladores con los que cuente en el Congreso Nacional, ya no tendrá financiamiento para los multimillonarios subsidios con que ha venido compensando, parcialmente, la diferencia entre los costos de producción y los precios de todos estos bienes y servicios.

También sabe que mucha gente quedará desempleada, no sólo en el interior del país, donde ya se vive un clima de recesión mucho peor que el que se vivió entre 1999 y 2001, a pesar de que los precios internacionales están todavía a más del doble del nivel que tenían en los 90s, sino también en los grandes conglomerados urbanos, porque las pequeñas y medianas empresas, frente a las caídas de sus ventas, ya no podrán pagar los sueldos y salarios de sus trabajadores. La construcción también se está parando y generará mucha desocupación, porque ha caído la demanda de propiedades por parte de los inversores privados y las provincias y municipios no pueden mantener el ritmo de pagos a sus contratistas y proveedores.
Kirchner sabe que con estatizaciones “a la Aerolíneas Argentinas” o “a la Massuh” sólo puede asegurar la continuidad de algunas pocas grandes empresas, pero con un costo fiscal que agravará la situación de todo el resto de empresas que continúen en manos privadas, por lo que se trata no de una solución, sino de un verdadero veneno de efecto retardado para la sistema productivo.
No puede desconocer que la emisión descontrolada de dinero a que se verá obligado el Banco Central cuando se agoten los pocos saldos bancarios que aún tienen organismos como la ANSESS y la AFIP para hacer frente a los déficits del Estado Nacional, las provincias y los municipios, va a repercutir sobre el precio del dólar en el mercado paralelo, aún cuando intenten controlarlo en el mercado oficial acentuando las restricciones para la compra de divisas por parte de la gente. Y es sabido que en épocas de alta inflación, los precios de muchos bienes y servicios siguen más al dólar paralelo que al dólar oficial. Las mentiras del INDEC serán cada vez más evidentes y la gente sentirá el encarecimiento del costo de la vida con más nitidez aún de lo que lo ha venido observando hasta ahora.
Porque sabe todo ésto y porque además advierte que el Kirchnerismo quedará en minoría en ambas cámaras, Nestor Kirchner ha decidido lanzarse en una carrera desesperada por convencer a la gente de que la culpa de todo lo que está por acontecer será de quienes voten a alguna fuerza política no alineada con el gobierno de su esposa. Esta es la próxima gran mentira. Una que dejará a las mentiras del INDEC como olvidables pecados veniales…
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domingo, 31 de mayo de 2009

Estado de parálisis. Por Paul Krugman


Siempre se ha dicho que California es el lugar al que primero llega el futuro. ¿Pero sigue eso siendo cierto? Si es así, que Dios ampare a Estados Unidos.
La recesión ha golpeado con fuerza al Estado Dorado. La burbuja inmobiliaria era allí mayor que en casi cualquier otro lugar, y el desastre también ha sido mayor. La tasa de paro de California, del 11%, es la quinta más alta del país. Y por consiguiente, los ingresos del Estado se han resentido. Sin embargo, lo que es realmente preocupante acerca de California es la incapacidad del sistema político para hacer frente a la situación.

A pesar de la depresión económica, a pesar de las políticas irresponsables que han duplicado la carga de la deuda del Estado desde que Arnold Schwarzenegger se convirtió en gobernador, California tiene unos recursos humanos y financieros inmensos. No debería tener una crisis fiscal; no debería estar a punto de recortar servicios públicos esenciales y de negar la cobertura sanitaria a casi un millón de niños. Pero así es, y uno tiene que preguntarse si la parálisis política de California es un presagio del futuro que le espera a todo el país.
Las semillas de la actual crisis de California se plantaron hace más de treinta años, cuando la inmensa mayoría de los votantes aprobó la Propuesta 13, una medida electoral que colocó una camisa de fuerza al presupuesto del Estado. Se limitaron los tipos de interés sobre la propiedad, y los propietarios de viviendas se vieron protegidos de los aumentos en sus bases imponibles aunque el valor de sus casas estuviera subiendo.
La consecuencia fue un sistema de impuestos que es tan injusto como inestable. Es injusto porque los propietarios de vivienda más mayores suelen pagar muchos menos impuestos sobre la propiedad que sus vecinos más jóvenes. Es inestable porque la limitación de los impuestos sobre el patrimonio ha obligado a California a ser mucho más dependiente que otros Estados de los impuestos sobre la renta, que caen en picado durante las recesiones.
Sin embargo, es más grave aún el hecho de que la Propuesta 13 ha hecho que sea extremadamente difícil subir los impuestos, incluso en momentos de emergencia: no se puede subir ningún impuesto estatal sin una mayoría de dos tercios en las dos cámaras legislativas del Estado. Y la reacción recíproca entre esta disposición y las tendencias políticas del Estado ha sido desastrosa.
Porque California, donde los republicanos iniciaron la transformación mediante la que dejaron de ser el partido de Eisenhower y se convirtieron en el partido de Reagan, es también el lugar en el que iniciaron su siguiente transformación, la que les convirtió en el partido de Rush Limbaugh. A medida que la marea política se ha ido volviendo en contra de los republicanos de California, los miembros restantes del partido se han vuelto cada vez más radicales, cada vez menos interesados en la labor de gobernar.
Y mientras el creciente extremismo del partido lo condena a una situación de minoría aparentemente permanente (Schwarzenegger era y es una excepción), el remanente republicano sigue conservando escaños suficientes en la asamblea legislativa para bloquear cualquier medida responsable para atajar la crisis fiscal.
¿Le sucederá lo mismo al país en su conjunto? La semana pasada, Bill Gross, de Pimco, el gigante de los fondos de bonos, advertía de que el Gobierno de EE UU podría perder su triple A en la calificación de la deuda en unos cuantos años, por culpa de los billones que se está gastando en rescatar la economía y los bancos. ¿Es ésta una posibilidad real?
Bueno, en un mundo racional la advertencia de Gross no tendría sentido. Los déficit previstos para EE UU pueden parecer grandes, pero sólo sería necesaria una pequeña subida de los impuestos para compensar el aumento que se presagia en los pagos de los intereses (y ahora mismo, los impuestos estadounidenses están muy por debajo de los de la mayoría de los países ricos). En otras palabras, las consecuencias fiscales de la actual crisis deberían ser controlables.
Pero eso parte de la suposición de que, desde el punto de vista político, seremos capaces de actuar de forma responsable. El ejemplo de California demuestra que esto no está ni mucho menos garantizado. Y los problemas políticos que han atormentado a California durante años cada vez se están poniendo más de manifiesto a escala nacional.
Dicho sin rodeos: los últimos acontecimientos indican que el Partido Republicano se ha vuelto loco al perder el poder. Los pocos moderados que quedaban han sido derrotados, han huido, o se les está obligando a marcharse. Lo que queda es un partido cuyo comité nacional acaba de aprobar una resolución que declara solemnemente que los demócratas están "empeñados en reestructurar la sociedad estadounidense conforme a los ideales socialistas" y de publicar un vídeo que compara a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, con Pussy Galore
[la piloto personal de Goldfinger en la película de James Bond].
Y ese partido todavía tiene 40 senadores.
Así que la pregunta es si Estados Unidos seguirá los pasos de California hacia la ingobernabilidad. Bueno, California tiene algunos puntos débiles particulares que el Gobierno federal no comparte. En concreto, las subidas de impuestos a escala federal no requieren una mayoría de dos tercios y en algunos casos pueden esquivar las maniobras obstruccionistas. Así que actuar de forma responsable debería ser más fácil en Washington que en Sacramento.
Pero el precedente de California sigue inquietándome. ¿Quién iba a decir que el Estado más grande de EE UU, un Estado cuya economía es más grande que la de la mayoría de los países, a excepción de unos cuantos, podría convertirse tan fácilmente en una república bananera?
Por otra parte, los problemas que afligen a la política californiana también afectan al conjunto del país. -
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Europa sigue comprometida con la globalización y la economía de mercado. Por Domingo Cavallo


Durante los últimos diez días participé en muchas discusiones entre líderes de opinión europeos y economistas de todo el mundo sobre la situación política y económica de las naciones europeas. Estuve en la sexagésima primera reunión del Grupo de los 30 y en la octava edición del Foro Estambul, reuniones que tuvieron lugar en Roma y Estambul respectivamente, entre el 23 y el 29 de Mayo. Llegué a esas reuniones con el deseo de descubrir cómo estan reaccionando los europeos frente al fuerte impacto negativo que la crisis financiera y económica global está teniendo sobre sus economías nacionales. Mi curiosidad al respecto, tenía que ver con un artículo que hace apenas algunos meses publicó la revista británica “El Economista”, titulada “Argentina en el Danuvio”.
Ese artículo trazaba un paralelo entre las economías de los países de Europa del Este frente a la crisis actual con la situación de Argentina en 2001 y se preguntaba si esos países no se verían obligados a aplicar el tipo de “soluciones” que aplicó Argentina alrededor del año nuevo de 2002 : el default, la pesificación y una devaluación que redujo a menos de un tercio el valor de su moneda.
Más aún, algunos comentaristas sobre la situación de países que integran el área del Euro, es decir que no tienen ya monedas nacionales sino una moneda común, se hicieron una pregunta semejante en relación a países como España, Irlanda, Italia, Portugal y Grecia, que están enfrentando una interrupción repentina ("sudden stops") en los flujos de capitales. Flujos que durante un largo período anterior habían permitido financiar fuertes déficits en sus respectivas balanzas en cuenta corriente. Esta pregunta no era sino una insinuación de que estas naciones podrían verse obligadas a abandonar el Euro para permitir que una devaluación de sus recreadas monedas nacionales les permita aplicar la “solución argentina".
El argumento de los que visualizan una salida “a la Argentina” de las crisis de los países de Europa del Este, así como de aquellos de la Europa del Euro que están sufriendo interrupciones repentinas en los flujos de capitales, es el mismo que hicieron los impulsores de lo que ellos dieron en llamar “el modelo productivo” en Argentina en 2001: era necesario devaluar para permitir un ajuste rápido de la cuenta corriente de la balanza de pagos alentando las exportaciones y desalentando las importaciones y era necesario pesificar las deudas y los ahorros internos, además de "defaultear" la deuda externa, para reducir el peso de la deuda tanto del sector público como del sector privado.
En las muchas reuniones y discusiones en las que acabo de participar, llegué a la conclusión que, afortunadamente para Europa y para el Mundo, ningún líder político ni empresarial relevante ni ningún economista prestigioso apoya estas ideas. Por el contrario, lo que se observa es un compromiso creciente con la globalización, de la que Europa es pionera a través de su propio proceso de integración. No sólo países como España, Irlanda, Grecia, Portugal e Italia descartan totalmente un abandono del Euro y la recreación de sus monedas nacionales, sino que los países de Europa del Este que aún no están en el Euro visualizan la entrada formal a la zona del Euro como la mejor solución a los problemas que están enfrentando en la actualidad.
Llegan a esta conclusión porque observan que los dos países de Europa del Este que ya tienen al Euro por moneda, Eslovenia y Eslovaquia, son los menos afectados por la crisis global y porque los demás países de Europa de Este, tanto los que tienen sus monedas alineadas con el Euro a través de cajas de conversión (los bálticos y Bulgaria) como los que tienen monedas flotantes y siguen la regla monetaria "metas de inflación", sólo se perjudicarían si hicieran lo que hizo Argentina en 2002.
En las que tienen cajas de conversión, en caso de verse obligadas a abandonar el tipo de cambio fijo, enfrentarían terribles desajustes en los balances de sus empresas, familias e instituciones financieras, porque la mayor parte de las deudas y activos están denominados en Euros. La “solución argentina”, esto es, la conversión obligatoria de deudas y activos en euros a las respectivas monedas locales, para después devaluarlas, lejos de resolverles el problema, les generaría una recesión aún mayor, destruiría los incentivos al ahorro interno, re-introduciría la inflación y condenaría a estas economías al aislamiento. Todo el desarrollo de estas economías, desde 1991 en adelante, se basó en el proceso de apertura comercial y financiera y en el perfeccionamiento de las reglas de mercado, con respeto pleno a los derechos de propiedad de sus ciudadanos y de los extranjeros que invirtieron en ellas.
Los países de Europa del Este que tienen monedas nacionales flotantes y manejan sus políticas monetarias enderezadas a metas de inflación, también tienen un alto grado de “eurización” de sus economías, es decir una alta proporción de activos y pasivos financieros están pactados en euros. La depreciación de sus monedas frente al Euro les crea también problemas serios de desajustes monetarios en los balances de las familias, las empresas y los intermediarios financieros. Por eso tratan de conseguir apoyo financiero del exterior, incluidos los bancos centrales de Europa Occidental y los organismos multilaterales de créditos, para poder atenuar las fluctuaciones de la cotización de sus monedas en términos del Euro. Estas economías ven a un futuro ingreso al área del Euro como una forma de ponerle un límite a las expectativas de devaluación y poder conducir un proceso ordenado de reestructuración de deudas de las familias y empresas que enfrentan problemas de insolvencia ligados a las fluctuaciones cambiarias. En ninguna de estas naciones se habla de producir una transformación compulsiva de deudas y activos en euros a las respectivas monedas nacionales, por la misma razón que no se concibe hacerlo en las naciones que tienen cajas de conversión.
En Estambul advertí que precisamente, la comparación de las experiencias Argentina y Turca después de las fuertes crisis que ambas naciones sufrieron en 2001, abona la conclusión a la que arriban las naciones de Europa sobre la inconveniencia de aplicar una “solución argentina” a sus crisis nacionales actuales.
En 2001 tanto Argentina como Turquía estaban atravezando por crisis de balanza financieras y de pagos muy similares. Ambas economías tenían gran parte de sus economías nacionales dolarizadas o eurorizadas y en los dos casos había fuertes presiones para abandonar el ancla cambiaria con el que se había estado luchando contra la inflación. Turquía, que a pesar de su política cambiaria antiinflacionaria aún sufría alta inflación, no pudo evitar una devaluación a principios de 2001 pero no cambió la moneda de sus contratos denominados en monedas extranjeras. La devaluación fue acotada precisamente por eso, pero igualmente se produjo una fuerte crisis financiera y una gran recesión.
Argentina decidió provocar una devaluación más fuerte aún que la de Turquía, a pesar de que hacía varios años que su economía no sufría inflación. Pero lo hizo porque su nuevo gobierno, luego de la caída del que había sido elegido por el voto popular en 1999, creyó conveniente disponer la “pesificación” de todos los contratos internos denominados en monedas extranjeras. La devaluación del Peso Argentina fue mucho más fuerte que la devaluación de la Lira Turca, por lo que mientras que en Turquía, luego de la devaluación, su Banco Central pudo aplicar políticas monetarias enderezadas a reducir la tasa de inflación, en Argentina, la devaluación re-introdujo la inflación que en la década anterior había desaparecido.
Ambas economías comenzaron a recuperarse un año después de la devaluación y ambas se beneficiaron de la bonanza global del período 2003-2007, pero mientras hoy la tasa de inflación es del orden del 6 % anual en Turquía, Argentina, que había sido estable en los años anteriores, tiene hoy una inflación cercana al 20 % anual. Otra gran diferencia es que Turquía, al no haber "defaulteado" ni transformado ahorros y deudas de monedas extranjeras a Liras, nunca perdió el crédito y hoy, a pesar de la crisis global, sigue teniendo acceso a los mercados de capitales y, por supuesto, al crédito de los organismos financieros multilaterales, si llegara a necesitarlo. Argentina, lamentablemente, no tiene hoy ningún tipo de crédito.
El contraste entre las experiencias Argentina y Turca, ayuda también a fundamentar la conclusión a la que están arribando prácticamente todas las naciones de Europa que enfrentan crisis parecidas a las que sufrieron Argentina y Turquía en 2001: que, en todo caso, es mucho más alentadora la experiencia Turca que la Argentina. Por eso toda Europa sigue comprometida con la globalización y la economía de mercado. Y, en el caso particular de Turquía, la conclusión del Foro Estambul 2009, que discutió las metas de esa nación para su centenario, el año 1923, es que lo que Turquía necesita es ser admitida como miembro pleno a la Unión Europea y tener como moneda al Euro.
Mi anterior visita a Turquía había sido en 1997. En aquella oportunidad, la Asociación de Bancos me había invitado a explicar la experiencia argentina de lucha contra la inflación. En aquel entonces, todos los países que aún sufrían inflación miraban a la Argentina con admiración. En este nuevo viaje, me produjo mucha tristeza constatar que hoy, 12 años después, no sólo Turquía, sino todos los países de Europa, miran la experiencia de Argentina posterior a 2002 para descubrir lo que las naciones en crisis que quieren resolver sus problemas no deben hacer.

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¿Qué sería de Cristina sin las AFJP? Por Roxana Acotto

(Nota publicada en el suplemento de Economía de La Voz del Interior - 31/05/2009)
Qué sería de Cristina sin las AFJP? Es que, pese a la demonización que los K hicieron del sistema privado de jubilación por capitalización, casi todas las medidas tomadas por la Presidenta para hacer frente a la crisis o para ‘mimar’ a dirigentes que sumen voluntades en las próximas elecciones pudieron realizarse gracias a ellas. Es decir, como el sistema de capitalización disponía la intangibilidad de los ahorros de los trabajadores adheridos a las AFJP, acumuló, en 14 años, un fondo de unos 100 mil millones de pesos, del que los K se apoderaron mediante un manotazo histórico.
Gracias a esos fondos, Cristina largó con el plan para la compra del cero kilómetro, siguió con el megaplán (megalómano, más bien) de obras públicas por 110 mil millones de pesos a fines de diciembre del año pasado y, luego, vinieron los planes de impulso para la compra de heladeras, bicicletas, taxis, electrodomésticos, líneas de crédito especiales para Pyme, para empresas exportadoras y, la última y gran perlita, la línea de créditos hipotecarios. Todo, gracias a los fondos ahorrados durante 14 años por los trabajadores para su futura jubilación. También se salvaron compañías privadas al borde de la quiebra, como la papelera Massuh; se proyecta un subsidio para una autopartista y, la última novedad, el número uno de la Anses, Amado Boudou, dijo que terminarán Atucha II gracias a estos benditos fondos. ¡Y pensar que cuando los K anunciaron el manotazo histórico lo presentaron como una medida para ‘salvar’ a los jubilados! ¿Salvación para los futuros jubilados o salvataje para un Gobierno desesperado por dinero fresco? Sin quererlo, Florencio Randazzo, ministro del Interior, mostró hace unos días las cartas sobre la mesa: "Sin la nacionalización de los fondos de las AFJP, la situación actual del país frente a la crisis internacional sería otra", dijo durante un lapsus, aunque después volvió a arremeter con las muletillas K. "El regreso de los fondos de las AFJP terminó con una gran estafa. Ese dinero era manejado según el antojo de algunas empresas privadas", sentenció. Cristina, por su parte, se queja porque sostiene que ahora que los fondos están en la Anses se les dice ‘la caja’, mientras que "cuando estaban en manos privadas y los giraban para afuera nadie decía nada", y rebosa de orgullo al decir que, gracias a ella, esos fondos estarán donde deben estar, en manos argentinas. ¿Se puede ser tan cínica? Nadie puede desconocer que la cartera de inversiones de las AFJP estaba diseñada, regulada y controlada por el Estado. Néstor también sabe que durante toda su gestión eso se mantuvo así, con topes para los giros al exterior que no llegaban al dígito y obligaba a que la inmensa mayoría de los fondos financiaran los bonos que emitía el Estado. Con la caja en sus manos, el Gobierno también promueve ahora la designación de directores propios en las empresas privadas por las acciones acumuladas en muchas compañías debido a las inversiones que las AFJP habían realizado en ellas. Por entonces, cada administradora tenía un tope de cinco por ciento de inversión por empresa. El Estado, al quedarse con las inversiones de todas las AFJP, acumula porcentajes mayores en las compañías, lo que le permite designar directores. "Lo hacemos para cuidar la platita de los argentinos", dice Néstor ante esa realidad rechazada por el sector privado y con un discurso inexplicable. Que también muestra las contradicciones K, porque si todos los fondos invertidos por las AFJP iban al exterior, como dice Cristina, cómo puede ser que ahora tengan tantas acciones de empresas argentinas. En fin, con todo, quizá una de las aristas más preocupantes de todo esto es comprobar que luego de seis años de crecimiento a tasas chinas y habiendo vivido "el período de mayor crecimiento en los últimos 200 años", como le gusta decir a la Presidenta, su suerte, nuestra suerte, dependa hoy, en buena medida, de aquel manotazo histórico. La verdad es muy difícil saber qué hubiese sido de Cristina sin las AFJP.
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miércoles, 27 de mayo de 2009

Recién ahora se avivan. Por Adrián Simioni


(Nota aparecida en La Voz del Interior el miércoles 27 de mayo de 2009)
Chávez estatizó más de 81 empresas de todo tipo. Pero Kirchner ya estatizó o intervino en más de 26, todas grandes. Y la moda se extiende.
El ministro del Interior, Florencio Randazzo, acaba de decir que Venezuela “está viviendo una etapa pre peronista”. Así pretendió echar un poco de agua fría sobre los caldeados ánimos de los empresarios argentinos ante las nacionalizaciones del venezolano Chávez y el creciente intervencionismo estatal local. La mitad del tiempo, los hombres de negocios meditan sobre cómo el principal conglomerado industrial basado en el país, Techint, va perdiendo empresas en Venezuela a manos chavistas. Con la condescendencia de la Presidenta, que decía que quería crear un “empresariado nacional”.

Los funcionarios kirchneristas se limitan a resaltar una y otra vez que Techint cobra buenas indemnizaciones por cada fábrica que le expropian. Pero los empresarios saben que eso es como quitarle una muleta a quien necesita dos para caminar. Para Techint, las plantas dispuestas en Argentina, Venezuela o México eran resultado de una estrategia para ser el mayor proveedor de tubos sin costura en la industria del petróleo mundial. Sí, le pagaron por Sidor, una de sus muletas. Sin embargo, Techint quedó irremediablemente renga. Pero bueno, tal vez todo esto sea demasiado complejo para un Gobierno que ha hecho del simplismo la marca registrada de sus políticas públicas. La otra mitad del tiempo, muchos empresarios consideran que Venezuela puede ser una caricatura anticipada de la Argentina. Temen que por venganza, si pierde, o por envalentonamiento, si gana, luego de las próximas elecciones Kirchner se torne más bolivariano que nunca. Para ellos, no es como dice Randazzo; puede ser exactamente al revés. Los kirchneristas tienen una prueba de este estado de alerta ante sus narices: la propia Cristina Fernández de Kirchner propala que los 400 millones de dólares (de un total de 1.970) que Techint cobró por Sidor ya están depositados fuera de la Argentina. Lo que nunca parecen preguntarse los Kirchner es por qué será que las empresas no depositan sus capitales en el país. ¡Surprise! Lo más curioso es la sorpresa empresaria. Si bien Chávez estatizó en forma total o parcial más de 81 empresas desde 2007, más de 70 de ellas eran firmas menores de servicios petroleros. El kirchnerismo va atrás, pero no tan atrás: fue estatizando o interviniendo con distintos grados en más de 26 de empresas, todas importantes. Antes de que digan que con la crisis Estados Unidos y Europa también intervinieron empresas, vale decir que nacionalizaciones hubo poquísimas. Hubo masivas inyecciones de fondos públicos en firmas que siguen siendo privadas. Y en Argentina y Venezuela la cosa empezó mucho antes de la crisis internacional. El Gobierno aplicó distintas modalidades, algunas más raras que otras: Asfixiar hasta que se vayan. De entrada, desalojaron a Franco Macri del Correo Argentino porque la empresa no pagaba un canon anual de 102 millones de dólares. Sin tocarle un pelo a la empresa que los Macri habían reestructurado, la estatizaron. De ahí en más, fueron todos elogios al Correo. Claro que el Estado dejó de exigirle el pago del canon anual. Así cualquiera. Esta modalidad se usó también con Aguas Argentinas, a la que se exigía cumplimiento milimétrico de los pliegos en plena hecatombe económica y negándole cualquier mejora tarifaria o subsidio mientras los costos se triplicaban. Hoy Suez ya se fue y los habitantes del Gran Buenos Aires (sólo ellos) reciben multimillonarios subsidios y además el Estado banca el déficit de la empresa. Ya no hay un ente regulador separado de la empresa. Sobre la calidad del servicio se desconocen informes técnicos. Así cualquiera. Chumbar los gremios. Con Aerolíneas Argentinas, se agregó un método: dejar que la ensalada de gremios aeronáuticos dispusiera con discreción cuándo y cómo se podía viajar en avión, negando mejoras tarifarias y subsidio al combustible aéreo en dólares. Ahora, la Aerolíneas estatal ya subió la tarifa, se subsidia el combustible, el Estado proveerá aviones y además asume millonarias pérdidas. Y los gremios son un corderito. Así cualquiera. Ayer, Javier Tizado, del corazón de Techint, hizo un paralelismo entre esta modalidad y lo que le sucedió con Sidor en Venezuela. Allí también la avanzada fue de los sindicatos. Salir de compras con amigos. Para Repsol-YPF, se aplicó otro método, derivado de su carácter de exportador. Fuertes retenciones móviles en plena efervescencia del petróleo mundial, combinadas con precios controlados en el mercado interno. Para la casa matriz, casi cualquier lugar del mundo resultaba más atractivo para invertir que la Argentina. Y así lo hizo. Con esa expectativa de ingresos, el valor de la empresa resultaba bien barato en comparación con otras petroleras. Con apenas 2.235 millones de dólares, el grupo Petersen adquirió el 15 por ciento del capital. Y con sólo ese porcentaje pudo designar al director general. Es lo natural cuando la principal función en una petrolera no es explorar y extraer sino negociar con el Estado. Casos parecidos sucedieron con la francesa EDF en Edenor y Transener, adonde entró luego Electroingeniería. Así cualquiera. Incautar lo que otros prestaron. Otra modalidad de intervención fue masiva. La estatización de las AFJP dejó en manos estatales acciones de diversas empresas. Al principio se dijo que el Estado no iba a designar directores en esas empresas. Pero después lo hizo. Sin marco regulador, sin proceso de selección pública de los directores, sin nada. Así cualquiera. Clavarse con empresas fallidas. Último grito de la moda. Va un funcionario un día a una empresa –como Guillermo Moreno a la papelera Massuh–y dice que de ahora en más el gerente general es él porque el Estado le alquila la empresa quebrada al quebrantado. La Justicia frena los procesos. Bancos oficiales prestan dinero. Moreno mezcla su negociación por los precios con los supermercados con un pedido para que los súper compren el papel que usen a la papelera. Y decide por sí mismo incumplir las leyes que dicen cómo debe comprar el Estado para darle el monopolio de la provisión del papel a la papelera que él mismo conduce. La cosa se pone de moda. Y se torna más compleja. Porque ahora cualquier jurisdicción hace eso. En Córdoba, los concejales juecistas declaran sujeta a expropiación la fábrica de parabrisas Cive, utilizando normas pensadas para comprar un terreno y dedicarlo a una plaza y violando lo decidido por otro poder y otro nivel del Estado (la Justicia provincial). Nadie se pregunta: ¿con todas las empresas que vayan a quiebra se va a hacer lo mismo? ¿Y si Massuh debe cerrar sencillamente porque su maquinaria y su gestión son obsoletas? ¿Qué pasa si conectarle el pulmotor a Massuh implica una competencia desleal que termina perjudicando a otras papeleras que no le cuestan nada el Estado? ¿De ahora en más quién va a querer prestarle plata a una empresa si, llegado el caso, cualquiera puede declararla sujeta a expropiación, quitándole el respaldo de su préstamo? ¿Ese acreedor confiará en que un municipio le pagará su acreencia, aunque ese municipio no le pueda pagar a sus propios proveedores? Las respuestas a estas preguntas son muy importantes. Porque todo esto tiene alto costo fiscal, transforma contribuyentes impositivos en consumidores intensivos de subsidios, reduce la productividad general de la economía y espanta a cualquiera que proyecte hacer algo, o sea, que quiera invertir. Por ahora, bastaría una respuesta concreta: los sectores políticos que respaldan estas movidas deberían aclarar si –tal como parece– consideran de veras que toda actividad privada es más perniciosa que benéfica para la sociedad o no. Digo, así el resto lo tenemos más claro.



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lunes, 25 de mayo de 2009

Reportaje al Diputado Nacional Claudio Lozano

(Publicado en La Voz del Interior el 25/05/2009)

"El Gobierno está usando los fondos previsionales para cubrir sus baches y sigue sin cumplir con la movilidad previsional, dice Claudio Lozano, uno de los diputados no kirchneristas que apoyó la “reestatización” de los ahorros previsionales. Lozano dice que no se arrepiente, niega que haya “modelo K” y pinta un cuadro poselectoral muy complicado. –¿Qué le pareció la presentación de Amado Boudou (director de la Administración Nacional de Seguridad Social, Anses) ante la Comisión Bicameral de seguimiento de los fondos jubilatorios? –No despejó ninguno de los cuestionamientos al uso y falta de control de esos fondos y ratificó que el Gobierno los usa para pagar deuda pública y financiar empresas. Dijo que ahora financiarán obra pública y actividad privada, pero eso no resuelve el problema.

–¿Y cuál es el problema? –El sentido de la reestatización de los fondos que antes manejaban las AFJP fue recuperar unos 13.000 a 15.000 millones de pesos anuales para pagar las jubilaciones, recuperar la “movilidad” de los haberes y construir un sistema previsional. Pero 76 por ciento de nuestros mayores hoy cobra el mínimo, 770 pesos por mes, pese a que la Anses tiene fondos para pagar más. La ley definió que ésa era la prioridad. No se puede hablar de “excedentes” hasta garantizar la movilidad, pero el Gobierno dice que la Anses tiene superávit sobre la base de no pagar lo que corresponde. Y usa esos “excedentes” para tapar agujeros fiscales y pagar deuda pública. Sin los fondos de seguridad social, la recaudación de abril de 2009 contra 2008 creció sólo 5,7 por ciento, contra una inflación de 15. Hay una caída real neta, que se cubre con los fondos de los jubilados. Es lo que cuestionamos, y sobre eso Boudou no respondió. –La ley también “reestatizó” casi 80 mil millones de pesos.... –Ése es otro punto: qué hacer con los activos e inversiones que tenían las AFJP: depósitos a plazo fijo, acciones, bonos de deuda, fideicomisos. En vez de usar esos activos para financiar la compra de autos nuevos, taxis, bicicletas, calefones, Pyme, ¿no habría que cancelar las deudas previsionales? Miles de jubilados ganan juicios contra el Estado y se mueren antes de cobrarlos. Y si se reemplazan activos viejos por nuevas inversiones financieras, hay que cuidarse de no hacerles perder riqueza a nuestros jubilados. En 2009 vencieron Letras del Tesoro por 8.455 millones de pesos y en vez de abonárselas, a la Anses le dieron un bono que vence en 2016 y que, a valor actual, vale la mitad. En esa sola operación, los jubilados perdieron 50 por ciento del dinero prestado… –Admita al menos que Boudou fue e hizo un primer informe a la Comisión Bicameral. –Sí, pero sigue sin constituirse la comisión de control dentro de la Anses, con representantes de los trabajadores, jubilados, empresarios y legisladores. Además, la primera reunión de la bicameral fue tardía. Ya se tomaron muchas decisiones y no hay voluntad de discutir el criterio de manejo de los recursos. La pregunta clave es si se deben financiar otras cuestiones, cuando las previsionales no han sido resueltas. Si sobrara, sería razonable financiar mejoras a los docentes u obras de infraestructura. Pero, ¿corresponde hacerlo hoy? Hay que discutir el modelo previsional, que tiene las bases minadas. Sobre 16 millones de afiliados, aportan sólo ocho millones. La mitad tendrá problemas para jubilarse. La moratoria permitió ampliar la cobertura, pero se está desperdiciando la posibilidad de resolver los problemas del sistema. –¿No se arrepiente de haber votado por la reestatización? –No, porque yo voté la recuperación de una herramienta estructural de financiamiento previsional de 13 mil a 15 mil millones de pesos anuales. Quienes criticaron a quienes, sin ser kirchneristas, apoyamos la ley, confunden las cosas. El 60 por ciento del stock de las AFJP eran títulos públicos. Los problemas de financiar al Estado ya estaban, y con tasas impagables a futuro. En ese sentido, no hay tal “caja”. Pero esos 15 mil millones anuales estarán cada año. Se habían transferido de modo irresponsable y prioricé recuperarlos. Hicimos advertencias sobre el mal uso de los recursos y en la votación en particular propusimos una Anses autónoma, pero la oposición que votó contra la ley no acompañó. Ni la UCR, ni la Coalición Cívica, ni el PRO se quedaron en sus bancas para mejorar el sistema. Con una Anses autónoma, al Gobierno se le hubiera hecho mucho más complicado hacer lo que está haciendo. Quién es Conocido desde los ‘80 como “el economista de la CTA” (por la Central de Trabajadores Argentinos), el diputado Claudio Lozano integra el “espacio” que a nivel nacional encabeza el cineasta Pino Solanas. Ingresó al Congreso en 2003 por “Fuerza Porteña”, agrupación que encabezaban los luego desavenidos Aníbal Ibarra y Jorge Telerman, y en 2007 renovó su banca, ya aliado a Solanas, para constituir el bloque porteño y unipersonal “Buenos Aires para Todos en Proyecto Sur”. Integra la estratégica Comisión de Presupuesto y Hacienda. Bloguero. De alto perfil mediático, tiene un blog: http://www.corteporlozano.blogspot.com/
Un segundo semestre difícil
¿Qué pasará después de las elecciones?, es la pregunta del millón. Lozano responde con un análisis político y económico que deja poco margen para el optimismo. “Lo que viene después es un escenario atravesado por tres tendencias, dos de tipo institucional y una económica”. Se afina la garganta y sigue: “Se hará más visible el debilitamiento del Ejecutivo. El oficialismo tendrá menos votos que en 2007 y menos legisladores que en 2005. La segunda tendencia, también institucional, será un Congreso rengo, pues la mitad de los mandatos cesará en diciembre. Esa debilidad institucional fortalecerá el poder de decisión “económico” y habrá mayor ajuste o menor capacidad de manejo de la situación. El segundo semestre será muy propicio a la profundización de los lineamientos regresivos. En lo económico habrá problemas fiscales y de divisas. La recaudación no va a permitir cumplir el presupuesto 2009, y mucho menos el Megaplan de Obras Públicas que anunció el Gobierno. A menos que haya una estrategia para recapturar rentas, la posibilidad de ajuste en las cuentas públicas estará a la orden del día. Y la disponibilidad de divisas, si persiste una fuga de capitales que es hoy de unos 5.000 millones de dólares por trimestre, no alcanzará para cumplir las obligaciones en divisas, lo que también abre la puerta a un ajuste regresivo, vía devaluación. Ahora tenemos una destrucción neta de empleo, que se mantendrá en el segundo semestre.
No hay modelo K
"En 2009 vencieron letras del Tesoro y en vez de pagárselas a Anses, le dieron un bono que vence en 2016 y que hoy vale la mitad. En una sola operación, los jubilados perdieron 50%".
Aunque votó a favor de la reestatización previsional, la medida que el propio Néstor Kirchner definió como la más importante de las gestiones kirchneristas, Lozano descree del discurso oficial. “No creo que haya modelo K”, explica. Y se explaya: “El dispositivo de política económica con tipo de cambio alto y superávits gemelos (fiscal y comercial) que se suele esgrimir, ya estaba presente con Duhalde y Lavagna. Con Kirchner lo que hay es una fase distinta de acumulación de un régimen de organización económica que profundizó rasgos preocupantes: mayor concentración, extranjerización y conglomeración de la economía, que han agravado la desigualdad y no permiten, aun en crecimiento, resolver los problemas de pobreza y deterioro. En eso no ha habido cambios. –¿Y cuál es el modelo? –El modelo productivo sigue siendo básicamente el mismo: peso dominante de la producción alimentaria, petrolera, siderúrgica de baja elaboración y automotriz de tipo armaduría. Es lo mismo que teníamos a fines de los ‘90 y que en todo caso creció estos últimos años. A la cúpula empresarial se le sumaron algunas empresas de minería, petróleo y papel. Y hay más empresas estatales, porque el Estado se hace cargo de sectores no estratégicos o cuando los privados se van, porque ya no les conviene o interesa. Es el caso del Correo, de Aysa (ex Aguas Argentinas), Aerolíneas y, ahora, la recuperación del Área Material Córdoba, que sí es un sector estratégico, pero al que el Estado concurre recién cuando la Lockheed decide irse después del desastre que hizo.

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sábado, 23 de mayo de 2009

Reportaje al economista marxista Rolando Astarita

(Publicado en Cash, suplemento económico de Página 12 - Domingo 17/05/2009)
Por Natalia Aruguete
Desde diversas posturas económicas, sobre todo progresistas y heterodoxas, se afirma que estamos en una época de hegemonía del sector financiero sobre el productivo y en una hipertrofia del capital especulativo, que dejó al descubierto el estancamiento de la economía mundial en los últimos treinta años. En diálogo con Cash, el investigador marxista Rolando Astarita señaló, en cambio, que, en realidad, en el último cuarto de siglo hubo una expansión mundial del capitalismo, que la brecha entre ricos y pobres no impidió el crecimiento de los mercados y que la crisis no se dio sólo por un mal funcionamiento del mercado financiero, sino de la economía en su conjunto. “Lo del capital ficticio hay que ponerlo en proporción, no debe hacernos perder el análisis estructural”, explicó.

¿Cree que la crisis financiera marca la caída de “la dictadura de las finanzas”?
–No veo que haya una dictadura de las finanzas, sino un dominio del capital en general, acentuado de manera muy profunda a partir de los años ’80. En el último cuarto de siglo, el disciplinamiento del capital sobre las clases trabajadoras operó a través de mecanismos directos pero también del mercado, con políticas monetarias duras, aperturas comerciales, flexibilización laboral. Pero no veo distinción de sectores dentro del capital.
Sin embargo, el crédito y las deudas crecieron en todo el mundo. ¿Esto pudo haber afectado el desarrollo de la economía real?
–Nunca hubo desarrollo del capitalismo sin desarrollo del crédito y de una monetización de la economía. Desde la perspectiva de Marx, el crédito es una palanca de la acumulación del capital. Esto también se ve en la fase que va de 1890 a 1929. En China, junto con la expansión capitalista crecieron sus índices monetarios y la participación de los mercados financieros. Pero el crédito también potencia las posibilidades de especulación, sobreacumulación y crac. Marx trabajaba con tendencias y contra-tendencias. Hoy, en cambio, se toma un solo aspecto de la realidad.
Algunos sostienen que el crecimiento del crédito prueba el estancamiento del sistema capitalista.
–La idea de que el sistema capitalista está estancado desde hace 25 años no resiste el análisis de la realidad. En los últimos 30 años, la economía capitalista tuvo tasas de expansión superiores al 3 por ciento a nivel mundial. Aunque fueron desiguales: Japón está estancada desde 1992 y Europa tuvo un crecimiento débil. Hubo una expansión geográfica del sistema capitalista, que entró en China, en el Este de Europa y en Rusia, y una profundización de las relaciones capitalistas. El aumento de la productividad en la economía de Estados Unidos desde 1995 fue mayor al 3 por ciento anual. El crédito actúa como una potenciación de tendencias del sistema y muchas veces permite que un ciclo económico se expanda más allá de sus posibilidades. En 2001, Estados Unidos sufrió una recesión suave. La economía creció 0,8 por ciento y el crédito lubricó los mecanismos económicos. Pero la recuperación de 2002 fue débil, con poca generación de puestos de trabajo y recuperación débil de la inversión.
¿Hacia qué sectores se dirigió el crédito en ese contexto?
–Hacia la construcción residencial y al consumo en general; no a las empresas. Desde el 2000, las empresas de Estados Unidos y del G-7 disminuyeron su dependencia del sistema financiero. Hubo un exceso de ahorro y las empresas achicaron sus deudas con los bancos. Incluso, usaron parte de esa liquidez para recomprar sus acciones. No hubo una gran expansión de la inversión productiva, pero tampoco una dependencia del capital productivo con respecto al capital financiero. Las ratios de dependencia volvieron a promedios de los ’70. No se puede decir que haya sido una crisis a lo Hyman Minsky, un autor keynesiano que planteaba que las crisis se producen porque las empresas caen en un sobreendeudamiento y pagan deuda con deuda hasta que la situación explota.
Pero sí hubo una “financiarización de los consumidores”, con la que se amortiguó la crisis de 2001.
–Y además ayudó a la recuperación de 2002. Eso es cierto, lo equivocado es pensar que eso actuó solo. En 2001, la sobreabundancia de capital líquido y la débil inversión se dieron porque la tasa de rentabilidad del capital se venía debilitando desde 1996/97. Ese es el fondo del problema. Se produjo lo que Marx llamaba “una plétora de capital”: abundante capital líquido, tasas de interés muy bajas (motorizados por la Reserva Federal y por la entrada de capitales que buscaban refugio en Estados Unidos) y una sobreoferta del crédito. Esos capitales líquidos terminaron en el sector de la construcción, donde encontraron un campo de expansión relativamente rápido. Y terminó explotando.
También se plantea que, desde los años setenta, el mundo asiste a una crisis de sobreproducción combinada con una crisis de subproducción.
–Hay dos tipos de explicaciones de las crisis. Una, que el problema de las crisis se dio por las finanzas. Otra, que en Argentina se repite bastante, dice que se debe a una importante desigualdad en los ingresos, lo que produjo una crisis de consumo por falta de demanda. Creo que esto tampoco explica lo que sucedió. En el último cuarto de siglo, hubo un proceso de “proletarización”, enormes masas de la población se incorporaron al ejército de asalariados. Los casos más resonantes son China y la India. Esto supone una ampliación de los mercados, aun cuando haya una brecha creciente en los ingresos. Según The Economist, en Estados Unidos, el 0,1 por ciento de la población gana 77 veces más que el 90 por ciento. En los ’70 esa diferencia era de 1 a 20. También en China crece la desigualdad. Pero no es cierto que si crece la desigualdad no crecen los mercados.
En este crecimiento de la economía capitalista, ¿cómo se compone el producto bruto en el mundo?
–En el caso de Estados Unidos, desde la recuperación de 2001 se generaron fenómenos de sobre-acumulación de capital y caída de la tasa de rentabilidad. Ese es el telón de fondo de la crisis. Sobre esto actuó el factor financiero, pero también el crecimiento desproporcionado en la construcción residencial entre 2001 y 2007. Su participación en el Producto pasó de 4,2 a más del 6,0 por ciento. Esto genera tensiones, porque un sector está creciendo a tasas muy superiores al resto, en un contexto en que la inversión se mantiene débil. Esto potenció el sistema del crédito y se dio una sobre-expansión del sector en relación con las necesidades de la economía.
Tomando sólo el sector financiero, ¿el crecimiento de su participación en el PIB de Estados Unidos supuso un cambio o una continuidad respecto de etapas anteriores?
–No me parece que la tasa de crecimiento se haya acelerado desde 1979/80. Entre 1895 y 1929, la tasa de crecimiento de ese sector en Estados Unidos fue superior a los últimos veinte años. Con la crisis del ’30 bajó su participación en la economía y recuperó terreno desde la década del ’50, con un crecimiento relativamente constante desde 1960. No hubo un quiebre importante en los ’80, aunque sí aumentaron mucho las tasas de interés: entre 1979 y 1985, el peso de los intereses en las balanzas empresarias subió considerablemente. Esto expresa parte de la tesis de la financiarización, pero no se convirtió en algo permanente.
¿Por qué?
–Se pronosticó que se produciría una punción permanente del sector financiero sobre la ganancia empresaria, mediante la tasa de interés. Y que esto debilitaría al sector productivo y llevaría al estancamiento. Pero insisto en que el peso de los intereses sobre el sector productivo tendió a bajar. Según datos del Official Bureau of Economic Analysis de Estados Unidos, entre 2006 y principios de 2007, ese peso estaba a niveles de 1970, que era una época keynesiana. Pienso que ésta es una crisis muy grave, muy profunda, pero estamos lejos de una crisis como la del ’30.
¿Entonces cree que no hay un predominio del capital ficticio por sobre el productivo, en detrimento del crecimiento de la economía real?
–Hay que preguntarse hasta qué punto esto es novedoso. Cuando en el sistema capitalista hubo expansión del capital, en la Bolsa de Valores hubo sobrevalorizaciones. Tradicionalmente, un promedio de esta ratio estaría en 10 años de price earning. En momentos de euforia bursátil, alcanzó 20 o 30 años. Esto ayuda a la inestabilidad del sistema capitalista, ya que provoca inflación de ganancias que desaparecen de la noche a la mañana, pero éstas no crecen al margen del trabajo productivo.
¿Cree que la crisis actual refleja este mecanismo?
–Aquí han estallado activos financieros ligados al crédito, que se había sobrevalorizado. El estallido refleja que la economía estaba funcionando mal. Lo del capital ficticio hay que ponerlo en proporción, no debe hacernos perder el análisis estructural. Al extraer la plusvalía y realizarla en los mercados, puede haber inflaciones que terminan reventando. Pero, si bien agravan la inestabilidad, no explican en sí mismas las crisis.
¿Se puede establecer alguna relación entre el exceso de ahorro y la tendencia a la financiarización de la economía?
–Este exceso de ahorro se debió a la debilidad de la inversión productiva. En determinado momento, hubo sectores que han sobreacumulado. Los neoclásicos lo interpretaron como una decisión de los hogares cuando, en realidad, fue por debilidad de la inversión. Un ejemplo es la caída de la inversión en Asia –con excepción de China– después de la crisis de 1997/98. Esta masa de capital líquido presiona sobre el sector financiero al buscar su valorización. Pero hay que destacar la relación de causalidad. El crecimiento de este sector es consecuencia de la acumulación del capital, no opera por fuera del conjunto de los problemas de esa acumulación. La interpretación de los neo-keynesianos –que hoy son el mainstream– es la del acelerador financiero. Es decir, el uso de los activos financieros como colaterales en préstamos hace que, en determinado momento, se produzca un shock que se potencia a través del mecanismo financiero.
¿Y usted qué opina sobre ese diagnóstico?
–Tiene aspectos de la realidad importantes, pero no analiza a qué se debe el shock, de dónde viene. Es el propio sistema de la competencia capitalista el que obliga a un banco a competir con otros para ofrecer más rentabilidades. Si no los ligamos a los problemas de fondo, no entendemos por qué esas especulaciones pueden estallar en una brutal crisis financiera, que no siempre afecta a la economía. Por ejemplo, el crac de Wall Street de 1987 no derivó en una crisis global y fue la segunda gran caída de la Bolsa de Estados Unidos.
En la cumbre del G-20 se propuso una mayor regulación de los mercados como forma de apuntalar la situación económica, ¿cree que ésa sería una solución?
–En el G-20 la regulación de los mercados se planteó como gran cuestión para después de la crisis. Hoy la discusión es hasta qué grado hay que tener intervención estatal y si se van a aplicar o no medidas proteccionistas. Todo el mundo pide que no haya medidas proteccionistas pero, en el fondo, muchos las aplican. Sobre esto quisiera hacer dos reflexiones. Los mercados financieros y capitalistas presionan por eludir las regulaciones. Las regulaciones de Basilea establecieron que los bancos debían tener cierta ratio de capital en relación a su cartera de activos. Pero éstos diseñaron “Sociedades de Propósitos Especiales” (especie de fideicomiso) para armar sus operaciones por fuera de balance y, luego, comprar los papeles que emitían esas entidades.
¿Y la segunda reflexión?
–Lenin decía que estaban bien las consignas pero hay que pensar quién las aplica. En el G-20, se planteó que el FMI debe retomar poder para regular. Ese organismo está gobernado por las grandes potencias, los grandes banqueros y el capital internacionalizado. Va a responder a esos intereses. Es un control de los altos mandos del capital para evitar desequilibrios. No hay controles en abstracto.

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