jueves, 6 de enero de 2011

Los mecanismos de financiamiento, al servicio del "modelo". Por Roberto Cachanosky


Es curioso, pero una de las grandes críticas que solía formular en mis artículos de los 90 era el constante aumento del gasto público y la inconsistencia entre convertibilidad y el déficit fiscal que reapareció en 1994. Hoy la crítica es la misma que me cansé de publicar en 1990, con el agravante que el incremento del gasto público ha sido mucho más pronunciado sin contrapartida en la calidad del mismo (seguridad, educación, salud, etc.) y, además, se han utilizado todos los mecanismos disponibles para financiar el gasto. Aún usando todos los mecanismos disponibles para financiar el gasto, tenemos un déficit fiscal del orden de los $ 33.4000 millones acumulados en los últimos 12 meses cuando se elimina la contabilidad creativa de ganancias ficticias que incluye el Gobierno entre sus ingresos corrientes, sin contar el uso de las reservas del Banco Central para financiar el pago de deuda en moneda extranjera.


¿Cuáles son los mecanismos de financiamiento del gasto y cuáles ha usado el Gobierno? Los mecanismos son: a) impuestos, b) endeudamiento, c) emisión monetaria y d) consumo de capital.
En materia impositiva, el actual gobierno ha superado todos los récords de carga tributaria. No sólo incrementó los derechos de exportación, sino que también ha congelado los mínimos no imponibles del impuesto a las ganancias para hacerle pagar más impuestos a los empleados, al tiempo que no se permiten ajuste por inflación en los balances. Es decir, el Gobierno cobra impuestos sobre ganancias inexistentes.
Decía que la carga tributaria ha llegado a niveles récord superando inclusive a países desarrollados. Pero bueno es aclarar que esa carga tributaria es asfixiante para quienes trabajan en el mercado formal, porque la misma recae sólo sobre ellos mientras que los que están en el mercado informal no soportan esa presión impositiva. Dicho de otra manera, el promedio da una cosa, pero la carga efectiva sobre los que trabajamos en blanco es mucho mayor al promedio.
El otro mecanismo de financiamiento es el endeudamiento. Mucho se habla desde el Gobierno de la política de desendeudamiento, por ejemplo el pago al contado al FMI, pero el BCRA tenía en 2004 un stock de Lebacs, Nobacs y pases de $ 10.000 millones y actualmente ese stock está en los $ 80.000 millones. Multiplicó por 8 la deuda de corto plazo llevándola al equivalente a unos U$S 20.000 millones. El doble de lo que se le pagó al FMI. Si a este dato se le agrega la deuda que el tesoro coloca a diferentes organismos públicos, más la deuda no registrada como es el no pago a los jubilados por juicios pendientes por no ajuste de haberes, no sólo no hubo política de desendeudamiento sino que se uso intensamente la deuda como forma de financiar el gasto.
En lo que hace a la emisión monetaria, la emisión primaria de moneda viene creciendo a un ritmo del 34% anual, generando un proceso inflacionario del orden del 27% en el nivel general y cercano al 40% en el rubro alimentos. Es decir, no sólo el Gobierno nos mata con impuestos sin contraprestación alguna, sino que, además se endeuda y cobra un fenomenal impuesto inflacionario.
Con semejante emisión monetaria no debe sorprender que estemos en una suerte de corralito de hecho dado que los cajeros automáticos no tienen efectivo y en varias provincias tienen que pagar los sueldos de los empleados públicos en diferentes días por falta de billetes físicos. Ya estamos en la serie S de los billetes de $ 100 que se imprimieron en Brasil y en la M en los billetes que se imprimen aquí. Dentro de poco tendrán que imprimir los billetes de un solo lado para poder llegar a tiempo a abastecer el mercado.
Pero todo esto no ha sido suficiente y también se consumió el stock de capital para financiar más consumo en forma artificial. La pérdida de millones de stock ganadero, rutas que están en pésimo estado, transporte público agonizando y el sistema energético colapsado.
Justamente el embate que estamos viendo contra las empresas distribuidoras de energía es resultado de una clara política populista de hacerle creer a la gente que tiene energía barata. Los miles de millones de pesos que se destinan a subsidiar la energía van fundamentalmente a financiar la generación, que además es cara por los sistemas que se están utilizando. La distribución de energía no recibe directamente subsidios. Por más que sea políticamente incorrecto decirlo, en los 90 también hubo picos de mucho calor y mucho frío y sin embargo no faltaba gas en invierno ni energía en verano. ¿Por qué? Porque el sistema energético tenía reservas de capacidad de generación y distribución para afrontar los picos de calor y los de frío. Al congelarse demagógicamente las tarifas de energía que pagan los usuarios domiciliarios se optó por consumir el stock de capital y no disponer de suficientes reservas para los picos de calor y frío, con el agravante que se gastan millones de pesos al año en generar energía en forma ineficiente y más cara. Es decir, la brecha entre el costo de generar energía y el precio que se paga en el domicilio se amplió por la forma más onerosa en que se genera electricidad. Brecha que, obviamente no se paga en la boleta de luz, pero se paga con el impuesto inflacionario.
Si bien este gobierno dice llamarse progresista y suele formular discursos que son música para la izquierda, la realidad es que ese discurso parece ser más para la tribuna dado que las políticas que se aplican son populismo en estado químicamente puro. Y el populismo sólo es sostenible mientras haya recursos. Cuando se acaban los recursos para financiar la demagogia las cosas se complican como acabamos de ver en Bolivia con don Evo Morales o en Venezuela con el dictador comandante que se mandó una flor de devaluación.
Así como en los 90 mi argumento era que el sistema solo podía funcionar mientras nos financiaran del exterior, ahora los mecanismos de financiamiento son múltiples y con un contexto internacional mucho más favorable, como Brasil con un dólar barato y la soja en buen precio internacional.
Si se acepta que estamos frente a un modelo típicamente populista y que el populismo sobrevive mientras pueda aumentar el gasto, la pregunta es: ¿qué ocurrirá con el gasto en este 2011? Seguro que seguirá subiendo en forma sideral. La segunda pregunta es: ¿hay margen para seguir financiando más gasto? Margen siempre hay, por ejemplo, el impuesto inflacionario. Pero el gran interrogante es qué tasa de inflación está dispuesta a pagar la gente sin que se produzca un impacto político negativo en la imagen del gobierno.
Stock de capital para consumir hay, siempre que la población aguante los serios problemas de infraestructura que tenemos (transporte público, energía, rutas, etc.). Deuda pública el BCRA puede seguir colocando total, dentro de la improvisación del populismo, mañana se verá a quién perjudicar si la cosa se complica. Y, finalmente, el margen para aplicar más carga tributaria también parece haber con la decisión de no modificar los mínimos no imponibles.
En síntesis, cuanto más dure esta fiesta populista, más inflación, más atada con alambre la infraestructura y más carga tributaria. La gente tendrá que acostumbrarse a que la plata no le alcance para llegar a fin de mes, a viajar como ganado en el transporte público, a viajar por rutas destrozadas, a no prender el aire acondicionado cuando sube la temperatura, a hacer colas para cargar combustible y a recorrer los cajeros automáticos para conseguir efectivo. Deberá acostumbrarse a ello en nombre de la justicia social.

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