domingo, 12 de junio de 2011

La industria mejoró, pero sin un salto tecnológico. Por Alejandro Rebossio

La industria se recuperó de la profunda crisis en que se sumergió entre 1998 y 2002, pero sin cambiar la matriz productiva heredada. Esta conclusión se desprende de un trabajo publicado recientemente por la investigadora del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) Adriana Marshall.

El estudio se titula "Fuentes de crecimiento de la productividad del trabajo en una etapa expansiva (2003-2008): ¿Qué sugiere el análisis interindustrial?" y destaca que en los primeros seis años de la era kirchnerista, antes de que la economía cayera en 2009 por la crisis mundial, "la productividad por hora trabajada se expandió a una tasa promedio de 3,7%", según el Ministerio de Economía. Sin embargo, Marshall advierte que en términos históricos ese incremento fue moderado y "no se evidencia un proceso de reestructuración a favor de actividades industriales con niveles de productividad más elevados que haya contribuido al crecimiento de la productividad promedio".
"No se produjeron transformaciones significativas (especialmente, en términos de inversión en tecnología y su correlato, creciente presencia de personal con altas calificaciones) que indiquen que ese crecimiento de la productividad haya sido impulsado por un proceso generalizado de nuevas inversiones con incorporación de progreso técnico", concluye Marshal, que también es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) e integrante del consejo honorario del IDES. De ese consejo también participan Alfredo Eric Calcagno, Torcuato Di Tella, Aldo Ferrer, Juan Carlos Gómez Sabaini, Bernardo Kosacoff, Arturo O'Connel y Juan Vital Sourrouille.
Marshall pone en contexto histórico el aumento de productividad de 2003-2008 y recuerda que en la segunda mitad del siglo XX "los aumentos más significativos en la productividad del trabajo industrial se vincularon con oleadas de introducción de nuevas actividades y/o plantas y equipamiento más modernos, que en general coincidieron con el ingreso de capitales extranjeros al sector", como en la década del 60, o "con el abaratamiento relativo de los bienes de capital en los períodos de apreciación cambiaria y disminución de las restricciones a las importaciones", como en 1979-1981 y la década del 90. Los aumentos de productividad también se lograron a costa de un alto precio: cambios regulatorios que facilitaron los despidos, según la investigadora.
El aumento de la productividad de la década pasada, en la que se destacó la recuperación del empleo, se explica por "la evolución de la demanda y sus posibles efectos sobre la capacidad productiva y su grado de utilización", razona Marshall. "El hecho de que la productividad laboral no creciera más aceleradamente en industrias con mayores recursos (financieros y otros), como lo son las actividades más concentradas y con mayores capacidades tecnológicas, sugiere que entre las fuentes principales de aumento de la productividad no figura preponderantemente el progreso tecnológico".
La autora se basa en indicadores oficiales. Por ejemplo, advierte que entre 2004 y 2008 sólo entre 22/24% de los anuncios de inversión en el país provino de la industria. En 2007 el gasto de las fábricas en mejoras de proceso suponían sólo 0,34/0,55% de las ventas; en investigación y desarrollo, 0,34%, y en creación de productos, 0,51 por ciento.

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